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Eduardo Parra / Europa Press

Excluir a Podemos del Gobierno, la guerra proxy del PSOE

Además de confrontar de forma directa, el partido de Sánchez ha utilizado siempre a un tercero que despliega abiertamente el conflicto contra la formación morada


Desde que emergió Podemos en 2014, ha existido una estrategia de confrontación del PSOE que no ha cesado ni un solo día. Además de confrontar de forma directa, ha empleado preferentemente una guerra proxy: utilizar a un tercero que despliega abiertamente el conflicto y se desgasta con él, un pararrayos. En pleno posfordismo, donde prima la externalización de la responsabilidad y de los costes, el PSOE ha buscado esta fórmula contra Podemos a través de los medios fomentando fracturas en el campo político del que participa la formación morada.

Se trata de una vieja estrategia, en concreto, de los noventa. Cuando el PSOE intuye que puede existir una alternativa al modelo neoliberal, intenta partirla. Ocurrió así entonces con Julio Anguita, al que le hicieron la guerra desde los medios de comunicación, fortaleciendo y amplificando las posiciones de conflicto interno del Partido Democrático Nueva Izquierda (PDNI) de Nicolás Sartorius, Cristina Almeida y Diego López Garrido e Iniciativa per Catalunya (ICV), y criminalizando a la militancia de base por apoyar al líder cordobés. El horizonte utópico del PSOE es retornar a esa década dorada del bipartidismo.

La estrategia de ruptura implementada por el PSOE con su guerra proxy contra Podemos ha tenido varias consecuencias dramáticas para la transformación social. La primera fue perder en 2019 la ciudad de Madrid después de la victoria histórica de Ahora Madrid en 2015. Luego, y en tres ocasiones —2019, 2021 y 2023—, enterrar por el momento cualquier posibilidad de alternativa política al régimen del PP en la Comunidad de Madrid.

A pesar del retroceso de Podemos en las autonómicas y municipales en 2019, la presentación de Íñigo Errejón a las generales de noviembre de aquel año fracasó en el intento de impedir que Podemos entrase en el Gobierno. El Ejecutivo de coalición progresista fue posible muy a pesar del PSOE, que no quería, y al que no le quedó más remedio tras el resultado electoral. Tampoco quería subir el salario mínimo un 50%, ponerle un tope al gas, suspender los cortes de suministros en los escudos sociales, impulsar las leyes de nuevos derechos feministas o poner límites a las subidas abusivas en los alquileres.

La emergencia del objeto político no identificado llamado Sumar —una formación de carácter sintético en el que no existe ningún mecanismo de participación democrática, donde las personas pueden ser escuchadas, pueden hablar de todo pero no pueden decidir nada y donde una suerte de aparato desconocido disciplina el conjunto del espacio político— ha supuesto quizá el mayor éxito del PSOE hasta ahora en esta guerra proxy contra Podemos.

La operación de ruptura en el ámbito municipal y autonómico de mayo de 2023 pretendía aprovechar la debilidad de Podemos en estos niveles y se acentuó con la intervención directa de Yolanda Díaz pidiendo el voto abiertamente para partidos políticos distintos al suyo, con el objetivo de sacar a Podemos e Izquierda Unida del mayor número posible de instituciones. El resultado, la pérdida de varios gobiernos autonómicos progresistas: entre ellos Canarias —donde ahora gobierna Coalición Canaria con el PP— y Comunitat Valenciana, Aragón e Illes Balears —en estos tres casos, con ejecutivo de PP y Vox—. Además, esta estrategia sin fisuras consiguió darle la mayoría absoluta a Isabel Díaz Ayuso, consolidando el régimen del PP en la Comunidad de Madrid.

Resulta patético escuchar a dirigentes de organizaciones supuestamente de izquierdas al congratularse de sus buenos resultados cuando en los gobiernos de sus comunidades autónomas o bien ganó el PP con mayoría absoluta o este partido pudo formar ejecutivo con Vox.

Podemos siempre defendió listas unitarias de cara a las generales de verano de 2023 y, sin embargo, hubo una estrategia para que esto no ocurriera, la misma estrategia que llevó al desastre en las autonómicas y municipales de unos meses antes. Podemos, sin embargo, puso por encima de sus intereses como organización los intereses del bloque democrático y de las mayorías sociales, aceptando su infrarrepresentación en una coalición y el veto en las listas de algunos de sus principales referentes.

A veces, el subconsciente juega malas pasadas. El exministro de Consumo, Alberto Garzón, explicó en una entrevista reciente que “el proceso de Sumar nunca fue una operación para acabar con Podemos”. ¿Nunca? ¿Siempre? ¿A veces?

Asimismo, el reelegido presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha afirmado esta misma semana que “Nosotros (el PSOE) pasamos de pactar con Podemos a hacerlo con Sumar, y el PP de Ciudadanos a Vox”. O sea, que mientras el PP se radicaliza pactando con Vox, el PSOE gira al centro pactando con Sumar y echando a Podemos del Gobierno. Sánchez, desvelando en este caso la verdad, ha dejado en ridículo a la prensa cortesana, que ha intentado vender a la gente de izquierdas de nuestro país la versión oficial de que Podemos no está en el Gobierno porque no quiere. Sánchez, además, ha querido que la responsabilidad de excluir a Podemos del ejecutivo —uno de los objetivos principales de la guerra proxy del PSOE— recayese en este caso en Yolanda Díaz. Dentro del cerco a Podemos, que va más allá de su exclusión del Gobierno, hay que destacar la amenaza directa de Ada Colau de retirar la asignación económica que le corresponde al partido morado por su participación en la coalición electoral. O la negativa a que Podemos tenga una de las portavocías en el Congreso para seguir manteniendo su capacidad de propuesta política, como había sucedido con todas las fuerzas que han integrado los sucesivos grupos confederales desde 2015.

Excluir a Podemos del Gobierno no es solo un error político del PSOE o de Sumar, ya que supone un debilitamiento del bloque democrático frente a la ola reaccionaria. Excluir a Podemos del Gobierno ha sido el último capítulo de la guerra proxy del PSOE pero su objetivo final, no lo olvidemos, asume una de las tesis de esa ola reaccionaria de la que hablamos y que capitanean José María Aznar y el complejo mediático concentrado: ‘Podemos delenda est’.

Podemos va a seguir contribuyendo al fortalecimiento del bloque democrático frente a la ofensiva reaccionaria. Creemos en la importancia del protagonismo popular en el proceso democrático

Las tesis confirman que hay mucho por hacer

Las tesis políticas de Podemos se han visto confirmadas con el paso del tiempo. Que en España existía una mayoría de carácter plurinacional; que el conflicto catalán debía resolverse mediante el diálogo y excluyendo las vías judiciales y era necesaria una amnistía; que la conformación plural del bloque democrático requería del primer Gobierno de coalición desde la república; que para luchar contra la devaluación salarial era necesaria una fuerte subida del salario mínimo; que para contener la inflación era necesario el tope al gas y la limitación a las subidas de los alquileres; que era necesario aumentar la protección social e impulsar nuevos derechos feministas; en definitiva, una serie de cuestiones que apuntan que es posible una salida del modelo neoliberal.   

Podemos va a seguir contribuyendo al fortalecimiento del bloque democrático frente a la ofensiva reaccionaria. Creemos en la importancia del protagonismo popular en el proceso democrático. Estamos convencidos de que frente a la extrema derecha no es posible mantener una estrategia conservadora: la única estrategia efectiva pasa por ampliar derechos para las mayorías sociales. Aunque la izquierda ‘Pikolin’ no haga ruido para que Sánchez pueda dormir tranquilo, en el Congreso y en la calle sigue habiendo fuerza plebeya para rato.


Madrid –

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