Diario Red
Menu
Menu
Diario Red

Michele Santoro en una foto de archivo

Wikipedia

Italia: la izquierda antiguerra se abre paso

En Italia, desde hace meses, el periodista Michele Santoro, histórica figura de la izquierda italiana, decidió alzar la voz contra el relato único que la prensa y los medios italianos presentaban en uno de los países más atlantistas de Europa.


La guerra entre la Federación de Rusia y Ucrania o, para ser más precisos, entre la Federación de Rusia y la OTAN, va camino de superar los dieciocho meses sin que se hayan producido avances en la búsqueda de una negociación que ponga fin al conflicto.

Además de la responsabilidad que cada uno de los actores contendientes debe asumir por sus actos, hay otros motivos que influyen a la hora de impedir una salida por las vías diplomáticas. El principal factor, que también explica en buena medida el origen del conflicto, se encuentra en la voluntad de los países de la OTAN de alentar la continuidad de la guerra a través del armamento y la financiación a una de las partes, en este caso a la agredida Ucrania. 

Así, EEUU y la Unión Europea (UE) han decidido seguir apoyando a sus aliados ucranianos bajo el argumento de no abandonar a una nación atacada por un loco, malvado, sátrapa (o ponga aquí su adjetivo preferido) Vladimir Putin. Escudándose en la defensa de los valores europeos u occidentales, EEUU y la UE han inyectado a Ucrania casi 350.000 millones de dólares. El peligro que implica para Europa una imaginaria y, por tanto, siempre hipotética expansión de la Rusia de Putin hacia otros países de Europa, como se ha alertado en días recientes en la reunión de la Comunidad Política Europea celebrada en Granada, ha servido para seguir justificando la política militarista de la UE. Europa ha escenificado su compromiso con la Ucrania de Volodímir Zelenski pero también su impotencia para salir de la lógica bélica en la que se encuentra sumida. 

En estos largos meses de guerra hemos asistido al bombardeo de una incesante propaganda unilateral que ha impedido el necesario debate sobre las causas y consecuencias del conflicto. Una propaganda que, como en todas las contiendas de la Historia, ha convertido en enemigos a aquellos que osaran cuestionar la versión oficial del bando pro-OTAN. Así, personas, partidos o movimientos sociales han pasado a ser pro-rusos o amigos de Putin tan sólo por negarse a enviar más armamento a Ucrania o por plantear la necesidad de una salida negociada a una guerra que acumula ya demasiados muertos en ambos bandos.

La experiencia italiana tal vez ayude a demostrar que son muchos quienes en Europa entienden que para lograr la paz no hay que financiar la guerra

Son pocas las voces que en Europa se han alzado durante este tiempo para tratar de enfriar el ardor guerrero en el que se han sumido las autoridades del continente, con el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Josep Borrell, a la cabeza. Entre ellas, coincidiendo con el primer aniversario de la guerra, se encuentra el manifiesto “Declaración por la paz en Ucrania”, firmado por 17 líderes políticos de Europa y Turquía, y dos presidentes de América Latina, el colombiano Gustavo Petro y el argentino Alberto Fernández. Precisamente, los países del Sur Global han sido los más activos a la hora de romper la falsa dicotomía bélica planteada por los países occidentales. Destaca, en este sentido, el Plan de paz para Ucrania propuesto por China.

Salvo excepciones, la rica tradición antiguerra que ha caracterizado la historia de la izquierda europea y mundial parece haber sido abandonada en este conflicto. Quizás porque nos encontramos en un momento histórico de incierta transición geopolítica y palpable confusión ideológica. Hoy, muchas fuerzas otrora contestarias o bien se han subido al carro de la guerra por convicción, o bien lo han hecho por oportunismo, mucho más preocupadas por no salirse del libreto de lo que se puede opinar en los medios de comunicación, sin ser linchado por ello, que en proponer de manera valiente ideas que vayan contra el imaginario hegemónico moldeado por esos mismos medios. 

Pero siempre hay voces valientes que se alzan para iluminar el camino de quienes seguirán sus pasos. En Italia, desde hace meses, el periodista Michele Santoro, histórica figura de la izquierda italiana, decidió alzar la voz contra el relato único que la prensa y los medios italianos presentaban en uno de los países más atlantistas de Europa. De tal manera, Santoro se ha convertido, en el último año y medio, en el referente de quienes piensan que hay que poner fin a la guerra y que Europa debería empeñarse en ello, en lugar de seguir participando hipócritamente en un conflicto donde son otros los que ponen los muertos.

Las opiniones de Santoro parece que son mucho menos minoritarias de lo que los medios se han empeñado en presentarnos durante todo este tiempo, pues ha logrado aglutinar a su alrededor un movimiento que, justo en días recientes, se reunió en asamblea para decidir el lanzamiento de una candidatura política antiguerra a las próximas elecciones europeas de junio de 2024. Se trata de llevar a las mismas instituciones europeas la voz de todas aquellas personas que defienden dejar de financiar la guerra en Ucrania y sacar a Europa del papel subordinado hacia los intereses geoestratégicos de EEUU. La lista de Santoro ya tiene el respaldo de algunos de los principales filósofos, intelectuales y políticos italianos, representantes de una izquierda plural que va de posiciones socialdemócratas a comunistas, junto a sectores tradicionalmente pacifistas del catolicismo de base. Sería el primer partido político que nace en Italia con posiciones claramente antiguerra.

¿Podríamos esperar algo parecido en España? No parece que estemos en un escenario similar pues el tema de la guerra ha sido excluido del debate público, salvo excepciones, y lo que observamos es la pervivencia del relato único que sólo ha sido cuestionado por algunos miembros del Gobierno pertenecientes a Podemos y por algunas diputadas del Partido Comunista de España. En el plano intelectual y mediático, las voces disonantes son rara avis. El silencio en los medios españoles sobre la iniciativa de Santoro, centro del debate en la izquierdaitaliana, es sintomático.

Sin embargo, en una Europa que arrastra graves problemas económicos, parte de ellos exacerbados por la guerra, sostener la perpetuación de un conflicto que no va a servir para resolver el choque entre Rusia y Ucrania y que, además de provocar muertes innecesarias, perjudica a los ciudadanos europeos, es difícilmente defendible, por mucha épica de valores que se quiera añadir al relato. En EEUU también crecen las voces, sobre todo vinculadas al Partido Republicano, que se niegan a seguir financiando a Ucrania. Han entendido bien lo paradójico, y poco comprensible para su electorado, de seguir pagando los sueldos de la administración ucraniana mientras su administración está al borde del impago. Estas posturas seguramente tendrán eco entre las derechas europeas. De hecho, las recientes elecciones en Eslovaquia, que han dado la victoria al socialdemócrata Robert Fico, han provocado que la presidenta en funciones haya anticipadoel fin de la ayuda militar de ese país a Ucrania.

A año y medio del inicio de la guerra, el belicismo de las autoridades de la UE está siendo crecientemente confrontado por una Europa que se abre paso, la Europa antiguerra. Puede que sea todavía minoritaria, pero es, sin duda, una fuerza que tiene el mérito de ir contracorriente en tiempos en los que el relato hegemónico que obliga a elegir entre blanco o negro no admite matices. La experiencia italiana tal vez ayude a demostrar que son muchos quienes en Europa entienden que para lograr la paz no hay que financiar la guerra. 


Madrid –

Compartir

Editorial

  • Sánchez, Ferreras y ‘la máquina del fango’

    La entrevista de ayer con Ferreras es el cierre del asunto. Es el apretón de manos con el jefe de los mafiosos que garantiza su impunidad. Una terrible noticia no solamente para la salud del debilitado sistema democrático español sino también para el conjunto de la profesión periodística