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Ione Belarra, Secretaria General de Podemos — Dani Gago

La izquierda que nos queda

Las consecuencias políticas de la economía de guerra son la aniquilación progresiva de los derechos humanos, los primeros los de la inmigración, como estamos viendo en Francia y en Bruselas


La defensa de la democracia hoy se significa obligatoriamente en la oposición al genocidio que el estado de Israel ejerce sobre el pueblo palestino. La defensa de la democracia se significa hoy en las posiciones pacifistas que abogan por un alto el fuego en Ucrania. Defender la democracia significa estar radicalmente en contra del alineamiento de la Unión Europea con los intereses geoestratégicos del imperio belicista de los Estados Unidos de América. La dinámica de guerra conduce a la destrucción de la democracia en la UE y, consiguientemente a la destrucción de los valores éticos y políticos con los que nació y viste su imagen en el mundo.

Las consecuencias políticas de la economía de guerra son la aniquilación progresiva de los derechos humanos, los primeros los de la inmigración, como estamos viendo en Francia y en Bruselas. La economía de guerra, la extracción del poder de los estados y su concentración en la OTAN, dirigida por Jens Stoltenberg, o en el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE, presidido por Josep Borrell, conduce irremediablemente al avance electoral de posiciones de ultraderecha. Las próximas elecciones europeas pueden debilitar enormemente al grupo que concentra los partidos socialdemócratas y al de Los Verdes/ALV, al tiempo que desplazar hacia la extrema derecha todo el arco parlamentario.

Las consecuencias del desplazamiento al negro en todos los niveles institucionales no se harán esperar. Serán las mismas que afectan en España a ayuntamientos y comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular en solitario o acompañado de Vox. La destrucción y retroceso de la políticas de igualdad de género, cuidados y derechos LGTBI, la aniquilación sistemática de las políticas de protección ambiental, que no son otras que las que protegen las condiciones biofísicas de posibilidad de la vida digna sobre la tierra, el desprecio de las políticas sociales y de los servicios públicos, educación, salud y cuidados, y la consolidación de desigualdades territoriales estructurales, serán líneas directivas de una UE desplazada al negro.

Las próximas elecciones europeas pueden debilitar enormemente al grupo que concentra los partidos socialdemócratas y al de Los Verdes/ALV, al tiempo que desplazar hacia la extrema derecha todo el arco parlamentario

En este contexto de “régimen de guerra”, como lo llama Raúl Sánchez Cedillo, es imposible la rehabilitación de la social democracia como principal sostén de la UE democrática. El enfrentamiento en el parlamento europeo de Estrasburgo entre Pedro Sánchez, presidente actual de la UE, y Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo, es señal de las preferencias de las derechas europeas por una alianza con la extrema derecha. El desplazamiento al negro fascista es evidente.

Del mismo modo, el papel democrático e impulsor de políticas duras contra los efectos del cambio climático y contra los efectos destructivos del capitalismo, que habría de haber jugado el grupo europeo de Los Verdes/ALE, liderado por los alemanes Die Grunen, se ha revelado imposible, toda vez que están alineados con la OTAN y el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Para Los Verdes es antes el jardín europeo de ultraderecha, que la madre tierra.

Visto lo anterior, solo las posiciones de izquierdas no condescendientes con el “régimen de guerra”, pueden erigirse en defensoras de la democracia en la Unión Europea. En España, esas posiciones las mantienen las izquierdas soberanistas y la izquierda plurinacional, BNG, EH Bildu, ERC y Podemos. Sí, como busca el PP, ha de votarse en el congreso la participación de España en la flota promovida por EEUU e Israel, para proteger el tráfico de mercancías en el mar Rojo y el estrecho de Bab-el-Mandeb, las contradicciones de Sumar se verán amplificadas y el PSOE se fotografiará con el PP, como lo hizo para cargarse el consentimiento de la ley del Solo sí es sí de Irene Montero.

Si eso ocurre, y pude ocurrir porque la OTAN o la UE no puedan asumir la operación “Guardián de la Prosperidad” como suya, por no tener unanimidad para apoyarla, será aún más evidente que, de cara a las próximas elecciones europeas, la candidatura de Irene Montero será, junto con las candidaturas de BNG, EH Bildu y ERC las que se muestren como defensoras de la democracia. Es la izquierda que nos queda.


Madrid –

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