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Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

La potencia feminista

El feminismo de esta cuarta ola es, sobre todo, interseccional y eso implica que si se está cometiendo un genocidio, la reivindicación de paz es tremendamente feminista y son las propias feministas las que la sitúan en el centro de su agenda y acción política


Otro año más se acerca el 8M y todo el mundo quiere ser feminista. Es cierto que todo el mundo debería ser feminista, es cierto que es buena señal que haya una especie de hegemonía feminista, aunque ya sabemos que el feminismo hegemónico que puede defender casi cualquier persona es un feminismo que puede quedarse corto o vacío de contenido para las activistas feministas. Es cierto, también, que corremos el riesgo de que esa hegemonía vacie de contenido la lucha, pero observando al movimiento feminista autónomo que llena nuestras calles ese miedo desaparece.

En las acciones propuestas por la Comisión 8M de Madrid, en torno al Día Internacional de las Mujeres, tuvo lugar una cadena feminista por Palestina que pretendía unir a mujeres desde la embajada estadounidense hasta la embajada israelí para reclamar el fin del genocidio que el Estado de Israel está perpetrando contra el pueblo palestino. Ese mismo día, no solo granizó, sino que llegó hasta a nevar en la ciudad de Madrid, pero ni la nieve, ni el granizo, ni la lluvia impidieron que las feministas protestasen contra al genocidio.

Este acto muestra, no solo el fuerte compromiso de las activistas feministas con el movimiento, sino también que cuando las feministas decimos eso de que el feminismo es interseccional, lo decimos tremendamente en serio. Todavía hay quienes dudan de la amplitud de la agenda feminista, las que dicen que parece que el feminismo ha decidido echarse a la espalda todas las luchas y demandas y que eso puede perjudicar a las mujeres. Pero el feminismo de esta cuarta ola es, sobre todo, interseccional y eso implica que si se está cometiendo un genocidio, la reivindicación de paz es tremendamente feminista y son las propias feministas las que la sitúan en el centro de su agenda y acción política.

El compromiso feminista del movimiento choca con aquellos que en las instituciones quieren arrojarse el feminismo solo por estas fechas. Estamos ya acostumbradas a que estos días todos sean feministas, ya que hasta esos alcaldes del PP que no se pueden decir feministas por las implicaciones que tiene esa palabra con la izquierda afirman que defienden la igualdad, porque la hegemonía es tan fuerte que hasta quienes no están convencidos, temen quedarse fuera. Por eso, tampoco nos sorprende que coincidiendo con el 8M la Ministra de Igualdad del Partido Socialista se arroje la autoría de la Ley Trans, una ley que su partido no solo intentó impedir dentro del Gobierno, sino que ya en la tramitación parlamentaria presentaron enmiendas para recortarla, a la vez que utilizaban la disputa en torno a los derechos trans como una lucha de poder por conseguir la hegemonía feminista. Hegemonía y poder que, sin duda, han perdido, pues por mucho que digan que la ley trans es una ley socialista, todo el mundo sabe que fue Irene Montero y su equipo quien peleó para que los derechos trans estén recogidos en el Boletín Oficial del Estado.

Estos días, también, si entras a plataformas de streaming como Netflix puedes ver entre los productos audiovisuales más vistos documentales sobre violencia sexual y series de humor cuyo debate central gira en torno a disputas feministas. No es casual que veamos esta hegemonía feminista, me atrevo a decir que no es solo cosa de estas fechas, porque la conversación feminista está instalada en la sociedad, aunque sin duda se acentúa siempre a principios de marzo. Siendo plenamente conscientes de los riesgos de vaciar de contenido el feminismo con esta hegemonía, lo cierto es que una buena muestra de la potencia feminista, de la fuerza de un movimiento de mujeres que están decididas a conseguir para todas, todo.


Madrid –

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