La revolución de los cuidados ha llegado

Las mujeres luchadoras de Euskal Herria ya han hecho historia, han iniciado la construcción del Sistema Comunitario de Cuidados, algo necesario para que no se siga precarizando este trabajo feminizado, privatizado e invisibilizado


Pocos medios del Estado español se han hecho eco, no sé si por miedo o por soberbia o una mezcla de ambas, saben que lo que no se nombra no existe, por mucho que de lo que no hablen sean hechos históricos. Por suerte tenemos las redes sociales y algunos medios como este en los que todavía podemos hablar de lo que nadie cuenta, de lo que se prescinde, como si no fuera algo importante, cuando lo es. La huelga de cuidados de Euskal Herria está siendo un éxito y eso es algo que debería alegrarnos a todas las mujeres, seamos de Madrid, de Albacete o de Jerez de la Frontera. Los logros de las mujeres feministas son logros para toda la ciudadanía y un avance para toda la sociedad en su conjunto. El pasado día 30 de noviembre, miles de mujeres huelguistas agitaron las calles desde primera hora exigiendo un sistema público comunitario, universal y gratuito de cuidados y el derecho colectivo a ser cuidados. Y a pesar del éxito de la convocatoria, muchas mujeres no pudieron parar debido a lo imprescindibles que son las tareas de cuidados, poniendo sobre la mesa una vez más que estas actividades son esenciales y que si nosotras paramos, se para el mundo, se para absolutamente todo y que esa es un arma valiosísima, no debemos olvidar nuestro poder. Es importante recordar que la mayoría de estos trabajos los sostienen mujeres migradas y racializadas y que debido a la ley de extranjería y demás políticas racistas esta situación lejos de cambiar, se sigue perpetuando en el tiempo, permitiendo así toda clase de abusos.

La igualdad real pasa por la revolución de los cuidados. No conseguiremos ser ciudadanas de primera si los cuidados no están distribuidos, si siempre recaen sobre nuestros hombros. Hace poco estuve en una tertulia feminista que se celebra en La Libre del Barrio de Leganés y unas y otras relatábamos la importancia de los cuidados para sostener la vida y quien más y quien menos hablaba de sus renuncias personales por haber cuidado más que sus compañeros varones. Los cuidados de las mujeres se daban por hecho, pero cuando un hombre lo hacía, se le ponía en un pedestal, como si fuera un regalo extraordinario que nos hacía a la humanidad. Esa injusticia nos marca desde pequeñas, cuando se nos exige cuidar a los hermanos pequeños o realizar tareas del hogar, perpetuando así los roles de género. Ahora que llega la navidad, pueden verse también como se siguen llenando las estanterías de cualquier juguetería con muñecas y lavadoras y escobas para las niñas y coches y superhéroes para los niños. Todo empieza desde bien pequeñas, porque es como el sistema nos quiere, cuidando, pero invisibles.

Las mujeres de Euskal Herria se han organizado comunitariamente para exigir a los empresarios, a las instituciones y a sus compañeros hombres que se tomen en serio el tema de los cuidados, que se hagan cargo. Estas mujeres luchadoras ya han hecho historia, han iniciado la construcción del Sistema Comunitario de Cuidados, algo necesario para que no se siga precarizando este trabajo feminizado, privatizado e invisibilizado.

Desde que tengo uso de razón recuerdo a mis abuelas limpiando en casa, pendientes de que no faltara nada, que todo estuviera en orden. Mi madre me contó que para poder estudiar también limpió hasta que le sangraban las manos. Casi todas las mujeres que conozco, especialmente las más mayores, cuentan con toda una vida dedicada a los cuidados, sin que se les haya remunerado debidamente, ni se les haya agradecido lo suficiente. Muchas de ellas con dolores crónicos, enganchadas a drogas legales para poder seguir currando y sacando adelante a los suyos. Hemos dado por hecho demasiadas cosas, demasiadas tareas que nos han sido atribuidas por el hecho de ser mujeres.

Partimos de que los cuidados son algo bello y necesario, sin ellos no existiría la vida ni la dignidad humana, por ello es necesario que se tomen en serio, que todo el mundo, sin importar su condición, tenga acceso a los mismos y que todas las mujeres que trabajan cuidando tengan unas condiciones laborales decentes y bien remuneradas. Lo que las mujeres vascas exigen pasa por poner fin a un modelo privado que se sostiene por un sistema patriarcal, capitalista, esclavista y colonial. Lo que las mujeres de Euskal Herria quieren y necesitan urgentemente, como todas las demás mujeres que cuidan, son vidas dignas de ser vividas y que «poner la vida en el centro» sea mucho más que una frase.


Madrid –

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