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Monolito en homenaje a Arturo Ruiz en la plaza donde fue asesinado — Willy Veleta

La Transición de Marietta

La gente que durante la semana negra de Madrid se sentía perseguida, fichada, en el punto de mira, no durmió en casa el 23-F


La Transición la trajeron unos querubines volando por el cielo azul con unas interminables trompetas y acompañados de unos corceles alados y unas gaviotas con una rosa en el pico. La depositaron en el regazo de nuestra eterna inocencia. Atada y bien atada.

No toquéis las narices que viene el lobo, nos decían. ¿A qué me suena esto?

Modélica Transición de cinturón negro, puños americanos y bañeras de agua con hielo.

La Transición de ponerte tus órganos genitales en un radiador hasta que cantaras. Y nadie cantaba. Malos tiempos para la lírica.

En Argentina la picana eléctrica, aquí también. Hasta en eso les colonizamos.

Los querubines venían con subfusiles Marietta (1,145 disparos por minuto), botes de humo, pelotas de goma y porras de madera con más kilómetros que un prisionero de Mauthausen/Gusen.

Querubines marca DGS, querubines que te molían a palos o te tiraban de un quinto piso antes de decirle a tu familia que te habías tirado. Árbitro “se ha tirado”.

Cuando el carnicerito de Málaga (Arias Navarro) dijo entre sollozos “Franco ha muerto” se estaba descojonando de risa. La Collares también. Martín Villa ni te cuento.

319 asesinatos durante la modélica (la que llevamos aquí colgada) Transición.

Vean el documental “Las armas no borrarán tu sonrisa”. Próximamente en sus pantallas amigas.

Estos días rememoramos aturdidos la semana negra de Madrid (enero de 1977), esa que se llevó por delante a Arturo Ruiz, Mari Luz Nájera y a los abogados de Atocha 55.

Un mes antes cosieron a palos a Ángel Almazán. Le mataron porque pedía la abstención contra la Ley de Reforma Política. No se podía ni pedir la hora, ni insinuar nada.

Sin significarte since 1939.

Familiares y amigos junto al monolito en homenaje a Arturo Ruiz.

A Arturo Ruiz le mataron durante una manifestación pro amnistía por defender a una compañera a la que iban a destrozar la cara con un puño americano.

¿Hay algo más cobarde que un puño americano (o estadounidense)?

La pistola era de un nazi sionista (tan vigente) que vestía Loden.

El que le arrebató el arma para cargarse a Arturo a bocajarro era un legionario de Cristo Rey (tres palabros que juntos te hacen idiota del todo).

Los querubines que nos trajeron la Transición en bandeja con Begin the Beguine sonando de fondo se encargaron de que Cesarsky cumpliera solo un año de cárcel y Fernández Guaza siga libre viviendo plácidamente en Argentina y reconociendo prácticamente que le mató porque era suyo.

Dos tiros por la espalda en pleno corazón y pulmón. Por la espalda, como a ellos les gusta.

Pasaron del tiro de gracia de los curas y la Guardia Mora fusilando, a disparar por la espalda o atiborrarnos de cal viva.

Los compañeros y compañeras de Arturo pusieron cuatro ladrillos rodeando el charco de sangre que marcaba el lugar del asesinato. Alguien trajo dos palos para hacer una cruz. Una vecina tiró una cuerda para atarlos.

A los pocos minutos la bota de un policía tiró todo por los aires y se fue caminando (la bota) por la calle Silva, dejando un reguero de sangre, como la Transición.

En la cartera de Arturo encontraron un carnet de la universidad y la foto de una joven. En blanco y negro, como todo.

El día después, en una manifestación en homenaje a Arturo la policía de Martín Villa asesinó a bocajarro (sí, de nuevo a bocajarro) a la estudiante de políticas Mari Luz Nájera. Muy cerca de donde “cayó” Arturo.

Le incrustaron un bote de humo en todo el cuello, muy cerca de la Gran Vía, entonces llamada Avenida de José Antonio (supongo que sería Primo de Rivera).

Del puño americano al bote de humo. Otra mujer más.

Año 1977, Avenida de José Antonio. Modelo de líder democrático.

Un querubín que lo mismo te daba con el yugo en la cabeza que te agujereaba el corazón con una flecha, a bocajarro. Amigo de Lorca, decían. Blanqueando al fascista. Nada nuevo bajo el sol.

Esa misma noche del 24 de enero del 77 unos pistoleros entraron en el despacho de los abogados de Atocha con subfusiles Marietta (de esos que de una ráfaga mataban a medio planeta) y acabaron con la vida de Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides, Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez Leal.

Mi amigo Paco, que estuvo en el despacho por la mañana, me cuenta que siempre tuvieron la sensación de estar perseguidos. El maldito Sindicato Vertical. Qué les gusta lo vertical a esta gente. Caída en vertical a la fosa, caída en vertical por el hueco de la escalera. Lo único que fue horizontal en esa época fue la ráfaga de Marietta.

Lo mismo la llamaban subfusil compacto que pistola ametralladora. La ves en Wikipedia y da miedo.

La frase más repetida esos días era: “estamos fichados”.

Año 1977, la España que bostezaba pero le cantaba el pozo. Y sí, te helaba el corazón.

Paco conoció a Arturo Ruiz en alguna manifestación o “salto” de la época y me confiesa que era un chaval “muy divertido, muy preparado”.

Este país sería un lugar mucho mejor si todavía viviera, sin duda.

Y sí, la chica de la foto de la cartera de Arturo se llamaba Mari Luz (casualidades de la vida). Unos días antes de ser asesinado habían tomado algo juntos cerca de la Plaza de Manuel Becerra (Madrid) y al despedirse el volvió hacia ella para decirle adiós por segunda (y última) vez.

Igual le dijo:

—Vaya mierda de Transición que les está quedando.

O:

—Nos vemos pasado mañana en el Manila de Gran Vía (José Antonio).

Arturo se puso frente a un puño americano para defender a una compañera a la que le iban a partir la crisma. Nunca de lado, siempre de frente. Mejor una vez roja que 20 amarilla, decía mi abuela.

Leales siempre.

Arturo se había adelantado 47 años a su época. Además era divertido en un país gris y preparado en un país lleno de enchufados de excombatientes de la “Cruzada” e hijos. Cruzado mágico de Playtex.

Arturo, preparado para hacer de España un lugar más vivible, más justo.

Igual por eso llevaba la foto de la compañera con la que pensaba disfrutar algún día de una democracia plena y quién sabe si traer hijas al mundo. Hijas que terminarían siendo ministras de Igualdad o Cultura en un país lleno de colores (LGTBIQ+)

Un país sin DGS, ni yugos, ni flechas, sin caídas al vacío, sin Billy el Niño y esas medallas que conseguía dopado.

La Transición no hubiera pasado un control anti-doping. Iban puestos de mierda hasta las cejas (de Carrero).

Mi amigo Paco me confiesa que en el funeral por los abogados de Atocha el silencio y el miedo se podía cortar con un cuchillo. Gestos de tremenda tristeza, ojos que no se separaban del suelo. Hubo gente que por miedo ni siquiera salió de casa esos días.

Supongo que los destellos de Marietta todavía pululaban por el ambiente de la gris capital. 1,145 tiros por minuto, ni uno más ni uno menos.

—Esa semana marcó mi juventud.

Los abogados de Atocha trajeron la democracia a empujones, turnándose para alzarla por encima de las porras, los cetmes y el gris que lo teñía todo. De Algeciras a Portbou.

Intentaban llevar el féretro de la dictadura a algún lugar lejano pero nadie les relevaba en el esfuerzo.

Siempre fueron los mismos, las mismas.

Con el hombro dolorido, la frente nunca marchita… así nos trajeron esto que llaman democracia e igual no lo es (tanto).

—Siempre te atendían, era la frase más repetida entre los sindicalistas que se acercaban a Atocha 55.

Por eso estaban allí a las 22:30 horas cuando tres pistoleros de la Transición Modélica S.A. irrumpieron allí para estirar el chicle del genocida de Ferrol.

A las manis de entonces también iban niños aunque los botes de humo y las pelotas de goma volaban igual. No había un juez de pista para determinar si la distancia era prudencial. Dos metros que te podían poner a dos metros bajo tierra (Six feet under).

Modélica distancia. Las mujeres y los niños primero, en la línea de fuego, en defensa de la democracia que no llegaba nunca. Democracia Godot.

319 espartanos y espartanas muertos por la gracia de Martín Villa de Franco y Bahamonde. Igual son más.

Seguro que entre los y las 7,291 de Ayuso había muchos que esquivaron en esa puñetera Transición botes de humo, bolas de goma y Consejos de guerra.

No olvidemos un detalle: cuando la mani daba a su fin… batallones de extrema derecha lanzaban cócteles Molotov contra la cabecera para justificar los posteriores “palos” de la Policía Armada (negros por dentro y grises por fuera).

Lo único que no era gris eran los hematomas y las hemorragias internas. O los ataúdes.

Había niñas, repito… y niños.

Año 1977. Los padres de la Constitución calentaban en la banda. ¡Qué banda!

Atados y bien atados.

Franco murió en la cama, pero el equipo médico habitual se encargó de hacerle un Jon Snow que podríamos decir que en muchos estamentos perdura hasta nuestros días.

Arya Stark remátale ya de una vez por todas, democracia plena en vena please. Valar Morghulis: all franquist men must die.

La gente que durante la semana negra de Madrid se sentía perseguida, fichada, en el punto de mira, no durmió en casa el 23-F.

Muchos todavía duermen con un ojo abierto.

Casualidades de la vida, modélica vida del que huye de los que en su paleta de colores solo tienen el gris.

El mejor resumen de la Transición lo encontró un amigo mío (guarda forestal andaluz) en un contenedor: una carpeta azul con un adhesivo de la Falange y al lado otro del PSOE.  El Yugo, las flechas, la rosa, el puño…

Del Palacio de Oriente en septiembre de 1975 al Hotel Palace en octubre de 1982. Sin pasar por la casilla de salida. Y tiran porque les toca. Siempre les toca a ellos.

La virgen del puño (cerrado) no soltaba el poder ni a tiros. Son tacaños con las libertades y las amnistías de los demás.

Aprietan pero ahogan. Se llenan la boca con la palabra Transición. Esa que a nosotras nos huele a las chispas de la picana eléctrica.

Ahora un UIP le levanta una ceja a un Cayetano y dicen eso de “nos masacran por puto defender España”.

Ganaron la guerra dopados, nos la ganaron cuando teníamos las manos atadas a la espalda. Puto defender, dicen. Solo saben atacar.

Arturo hizo ruido, Mari Luz hizo ruido, los abogados de Atocha hicieron ruido.

El gris es el silencio, de los que gritan cuando les hacen la bañera o les lanzan por el hueco de la escalera.

Lúgubres corrimos al funeral de Marieta pero a la bella traidora le dio por resucitar.

Y aquí seguimos, con sucedáneos progresistas y aprendices de legionarios de Cristo Rey esquina Fraga Iribarne.

Gracias a todas y todos los que trajeron en volandas la democracia, a hostia limpia, sin querubines fabricados en Langley (Virginia).

Gracias a los que siguen poniendo la cara frente a todo lo gris de la cloaca mundial, la aniquilación del pueblo palestino y la destrucción de la dignidad.

P.D.: Por cierto… ¿Amancio Ortega corrió delante de los grises? ¿Detrás?

¿Les confeccionaba los uniformes?


Madrid –

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Editorial

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