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La unidad de nuestramérica, única garantía de soberanía popular

Hay que reafirmar la identidad latinoamericana de nuestros pueblos y las necesidades geoestratégicas de la región. Llenar de Pueblo el latinoamericanismo implica dejar de hablarnos entre nosotros y convocar a la población en general a un despertar cultural


La semana pasada me tocó participar en la Jornada Latinoamericana y Caribeña de Integración de los pueblos en Foz de Iguazú, un foro que puede tener singular importancia para la integración latinoamericana desde abajo o ser tan solo otro foro más: otro encuentro de turismo militante y discursos olvidados. Tengo esperanza de que en este caso se pueda torcer la historia.

La ineficiencia de la acción internacional para la integración latinoamericana no es un problema que afecte únicamente a los movimientos populares y su militancia. También compete a los gobiernos latinoamericanos populares y progresistas. Durante la primera década del siglo XXI —los viejos buenos años de entusiasmo unionista latinoamericano— se crearon organismos, se produjeron gestos simbólicos, se realizaron algunas acciones comunes realmente valiosas para sostener la Paz regional e incluso proyectos concretos de integración, pero no se avanzó en una estrategia regional profunda, eficaz y sostenida. Tampoco está sucediendo ahora.

Esta cuestión es particularmente acuciante en este momento histórico dónde las fuerzas centrípetas de la globalización capitalista juegan a favor de la disgregación de la territorialidad instituida. En Argentina, por ejemplo, el “provincialismo” —la escisión del proyecto provincial del nacional y desde luego del continental— se desarrolla cómo alternativa a la destrucción del principio federativo que dio origen a las formaciones nacionales por parte de gobiernos unitarios, porteño-céntricos, que desconocen el país profundo.

He visto este fenómeno en otros países dónde, por otros motivos, regiones enteras pretendieron escindirse de sus respectivos Estados. El caso de la Media Luna boliviana —Santa Cruz, Beni, Pando— dónde los cara —blancos—  buscaban una suerte es escisión regional del Estado Plurinacional gobernado por un indio es tal vez el más elocuente.

Estos provincialismos, regionalismos o particularismos pueden derivar en una segunda tupacamarización de la Patria Grande. Cómo saben, a Tupac Amaru lo descuartizaron y llevaron sus partes a distintas regiones de influencia incaica como escarmiento. La tupacamarización puede usarse como sinónimo de balcanización.

Esta segunda balcanización disgregaría aún más el territorio latinoamericano que estalló en una multiplicidad de pequeños Estados cuando la política de divide et impera del Imperio Británico triunfó sobre el continentalismo de Bolívar, San Martín y Artigas. Si ya nuestros débiles estados apenas pueden oponer resistencia a los poderes fácticos, imagínense si este proyecto triunfa.

En este marco, los latinoamericanistas nos vemos en la obligación de avanzar en acciones concretas para contrarrestar la disolución nacional sin caer en el pseudonacionalismos del pago chico, en la fórmula conservadora y permidia del Estado-Nación. Hay que redoblar la apuesta. Hay que reafirmar la identidad latinoamericana de nuestros pueblos y las necesidades geoestratégicas de la región como elemento constitutivo de un futuro estado federativo plurinacional del (sub)continente con parada intermedia en una unión de estados, compacta y potente. Tenemos que repetirnos incansablemente la enseñanza del General Perón “Ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice. Los países deben unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños”.

Así como los movimientos de liberación nacional tiene raíz en la percepción colectiva de una identidad cultural, los movimientos de integración regional deben surgir de la percepción colectiva de una unidad de destino. En ese sentido, junto a Pepe Mujica y otros compañeros y compañeras venimos pensando en la necesidad de invertir las formas de construcción de la latinoamericanidad y llenar de Pueblo el proceso de unificación.

Llenarlo de Pueblo no es llenarlo solo de organizaciones populares. A veces, desde nuestros movimientos tendemos a sobrevalorar nuestra representatividad y convocar “congresos de los pueblos” cuyos títulos son tan grandilocuentes como infructuosas sus acciones. Se da el fenómeno de los dirigentes de aeropuerto que ocupan espacios relevantes por su afinidad personal o confianza política con quienes manejan los recursos económicos o las relaciones internacionales. Un autoengaño inconducente y una pérdida de tiempo.

Llenar de Pueblo el latinoamericanismo implica dejar de hablarnos entre nosotros y convocar a la población en general a un despertar cultural. Tenemos dirigentes en nuestro campo con influencia de masas y densidad política para realizar esta convocatoria. Por ese motivo, una moción particular de este Congreso fue iniciar un concurso de artes plásticas para crear una bandera latinoamericana y un concurso de música para crear un himno latinoamericano. “Los seres humanos somos atávicos”, razona Pepe, “necesitamos nuestros símbolos”.

Como fecha del concurso se propuso el 9 de diciembre de 2024 en conmemoración del bicentenario de la Batalla de Ayacucho dónde los patriotas latinoamericanos —que no eran ni argentinos, bolivianos, venezolanos, colombianos, simplemente americanos—  derrotaron al ejército realista y coronaron la independencia de los pueblos de nuestramérica.

Con nuestra bandera y nuestro himno establecidos, emprenderíamos un camino deliberativo de dos años —a nivel de los gobiernos y las organizaciones intermedias— para llegar con un Plan de Unificación el 22 de junio de 2026 bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá dónde Bolívar intentó —aunque sin éxito por el boicot de las oligarquías y nuevos imperios— confederar a nuestros pueblos, evitar la balcanización nuestramericana y crear una liga continental poderosa que defendiera la soberanía de todos, en “un danza entre la interdependencia y la autonomía” como dijo Francia Márquez con quien tuve el gusto de compartir panel principal de la Jornada Latinoamericana. 

Desde la Argentina, dónde construimos de abajo para arriba el Plan de Desarrollo Humano Integral y Federal, desarrollamos una serie de propuestas —ambiciosas pero posibles— que incluyen la Moneda Común del Sur; la organización de países productores y exportadores de litio y tierras raras; un plan continental de integración socio-urbano de barrios populares y acceso a la tierra; un protocolo común vinculante de ecología integral y transición energética; la defensa mancomunada de nuestros bienes comunes; la creación de un cuerpo plurinacional de defensa civil frente a desastres naturales; un pasaporte común, la validación de títulos universitarios, etc.

Tenemos una hoja de ruta sobre la mesa y un tiempo prudencial para discutirla, pero si seguimos posponiendo indefinidamente nuestra misión histórica, la profecía de Perón “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados” seguirá vigente y seguiremos dominados por los nuevos imperios económicos y los intereses estratégicos de nuestros primos del Norte. Como afirmó Hugo Chávez el año que nuestros pueblos enterraron al proyecto colonial del ALCA: “Estemos dispuestos a construir el sueño de nuestros libertadores” .


Buenos Aires –

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