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Concentración contra los abusos contra las mujeres en Málaga

Manifestación en apoyo a Jenni Hermoso

Álex Zea / Europa Press

Las futbolistas, Irene Montero y Podemos. El sistema se defiende usando la fuerza bruta, pero pierde

Con el plante de las jugadoras y el cese de Rubiales y Vilda, el feminismo ha ganado la primera batalla, pero han hecho algo más, han desafiado al sistema y eso tiene otro relato.


Tras el escándalo mundial por el beso sin consentimiento a Jenni Hermoso la Federación de fútbol ha intentado un cambio cosmético similar al del franquismo en la transición: quitar a Rubiales y a Vilda pero mantener intacta el resto de la estructura y que todo permanezca igual. Las futbolistas están hartas de engaños y se han plantado. Exigen verdadera limpieza de arriba a abajo. Lo que debimos haber dicho los españoles en el 78.

Quieren un entorno seguro. Todos los que mantuvieron que sus peticiones se debían a que las había manipulado un “falso feminismo” tienen que ir fuera. Han sufrido años de maltrato, castigo y cultura de la violación con la complicidad de los medios de comunicación y estamentos políticos. Acudir a la selección de fútbol femenina ha sido durante décadas una pesadilla para las deportistas que eran tratadas como menores de edad en un internado franquista. Un asfixiante sistema patriarcal diseñado para someterlas por hombres que no sentían el menor respeto por su dignidad como mujeres. A lo que sumaban una homofobia opresiva contra ellas.

Se les decía que la homosexualidad “daba mala imagen”. Que “la jugadora que confesase públicamente que era lesbiana tendría un futuro complicado en la selección”. Se les prohibía cerrar con llave la puerta de sus habitaciones, que eran inspeccionadas regularmente cada noche para comprobar con quien dormía cada cual.

Con el plante de las jugadoras y el cese de Rubiales y Vilda el feminismo ha ganado la primera batalla, pero han hecho algo más, han desafiado al sistema y eso tiene otro relato. 

En España vivimos desde la transición en un juego de apariencias y espejismos. Se supone que estamos en democracia, pero las estructuras del poder franquista siguen mandando. Nos cuentan que tenemos un contrato social que nos garantiza un bienestar básico y unos derechos, pero no se cumplen. Nos dicen que existe una igualdad entre hombres y mujeres, pero la diferencia en las condiciones laborales y la violencia machista es el pan de cada día.

Todo este decorado se diluye en cuanto alguien traspasa la línea y exige que se cumpla de verdad lo que sólo es apariencia. Toda la farsa se desmorona revelando la fea realidad y entonces el poder intenta reestablecer el espejismo usando la fuerza bruta para castigar a quien se rebela y dejar claro a los demás que todo el que lo intente correrá la misma suerte.

El comportamiento machirulo de Rubiales tanto en la celebración como en sus coacciones y bravatas posteriores, así como la complicidad de su ejército de colaboradores, ha sacado a la luz el suplicio que sufrían las futbolistas bajo la apariencia de un triunfo deportivo. Normalmente todo se habría tapado y el presidente de la federación y su estructura de siervos leales habrían impuesto su poder sobre las futbolistas, como tantas veces, pero la presión internacional y que el caso ha sido tan mediático que ha conseguido incluso orientar a la opinión pública española hacia tesis feministas ha conseguido imponer el apoyo a las deportistas, así que se han visto forzados a actuar de otro modo.

Primero la Federación intentó salvar la situación con unos ajustes mínimos, un paripé sin ninguna intención real de cambiar nada, pero cuando las jugadoras se han negado a aceptarlo han recurrido a lo de siempre: a la fuerza bruta del poder. A pesar de que las deportistas habían comunicado su deseo firme de no acudir a la selección hasta que se cumplieran las condiciones que les habían prometido, porque no tenían ninguna confianza en que hubiera una intención real de hacerlo, los brazos armados de Rubiales que siguen mandando en la federación las convocaron obligándolas a presentarse bajo la amenaza de sanciones e inhabilitaciones severísimas. El mensaje es el de siempre: las futbolistas podéis creer que habéis ganado por conseguir las cabezas de Rubiales y Vilda, pero al sistema no se le derrota. En realidad seguimos mandando los mismos.

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Han querido hundir el prestigio, silenciar y destruir personalmente a Irene Montero y es cada día más protagonista. Han tratado de enterrar al feminismo y es el centro de toda la actualidad. No van a poder. Llevará tiempo y esfuerzo, pero les vamos a ganar.

El PSOE siempre se encoge ante estos poderes por no decir que colabora directamente con ellos. Ha dejado a las deportistas abandonadas a su suerte durante semanas ante las amenazas de la federación. El presidente del CSD decía tras la convocatoria a la fuerza de las jugadoras que iba a intentar averiguar las razones del conflicto. Se ve que no había tenido tiempo de hablar con las futbolistas en las semanas transcurridas desde que todo estalló. Añadió que si no acudían “habría que aplicar la ley”, es decir: sancionarlas. También se puso de perfil la portavoz del gobierno respondiendo ambiguamente cuando se le preguntó qué papel iba a adoptar el ejecutivo. El ministro Iceta calló ante el órdago de la federación contra las jugadoras y una vez que todas las futbolistas acudieron obligadas a la concentración anunció que iba a intermediar para que no se sancionara a las que no acudieran. Puro PSOE.

Pero han sido ellas las que finalmente han hecho torcer el brazo al CSD y todo parece indicar que el núcleo mafioso del rubialismo va a ser expulsado de la federación. Que se anuncie que se va a crear una comisión mixta con la presencia de las jugadoras para verificar el cumplimiento de los acuerdos y que se contemplen en ellos “políticas de género” es todo un triunfo histórico.

Esta reacción del sistema de aplicar la fuerza bruta cuando alguien lo cuestiona de verdad, así como la puesta de perfil del PSOE se repite una y otra vez en España.

Podemos es otro ejemplo de desafío al sistema. Nació en 2014 y crecía exponencialmente. Ese mismo año el Ibex ya comenzó a ponerse nervioso. Como en el caso de la Federación, primero intentaron neutralizarlo con un movimiento dentro de los límites regando de dinero a Ciudadanos para crear “un Podemos de derechas” que se expandiera por toda España en tiempo récord. Pero fracasaron porque en las generales de 2015 Podemos ganó en Euskadi y Cataluña y quedó muy cerca de superar al PSOE a nivel estatal. Cuando en las elecciones de 2016 las previsiones confirmaban que esta vez sí superaría a los socialistas, recurrieron a la fuerza bruta: se saltaron la ley creando un operativo policial clandestino y lanzaron el bulo de que Pablo Iglesias había cobrado de Venezuela. Mucha gente dejó de votarles por esa noticia y Ferreras e Inda salvaron los muebles al PSOE, que se impuso a Podemos por sólo 300.000 votantes (un 1,5% en porcentaje de voto). El procedimiento de alterar las elecciones lo han venido repitiendo desde entonces: la mafia policial fabrica pruebas falsas, un conjunto de jueces montan procesos artificiales e Inda lo publica en su periódico con poca audiencia, pero inmediatamente La Sexta, Tele 5 y La SER se hacen eco y lo difunden masivamente

Esta poderosa trama mafiosa ha conseguido con esos ataques sistemáticos reducir los resultados electorales de los morados a la mitad. La creación de Sumar para sustituirlos por la izquierda acomodada e inofensiva de toda la vida ha completado la operación. Como en el caso de la Federación con las deportistas, el sistema se ha defendido: los de Podemos habréis cambiado algunas cosas, pero al final los que seguimos mandando somos nosotros. Da igual que la gente os vote. Tenemos medios para que dejen de hacerlo y sustituiros por los nuestros.

Con Irene Montero ha ocurrido algo similar. Con la legislación anterior el 92% de las víctimas no se atrevía a denunciar. La ley del “Sólo sí es sí” es vanguardia mundial. Pone el consentimiento en el centro de las agresiones sexuales, no la obligatoriedad de demostrar resistencia y lesiones. Es una revolución feminista que responde a las peticiones de las mujeres que se manifestaron masivamente contra la sentencia de La Manada, así que cuando el machismo se ha visto derrotado ha respondido defendiéndose como todo sistema de poder: usando de nuevo la fuerza bruta. Los jueces franquistas a los que no les gustaba ese triunfo feminista han boicoteado la ley de Irene Montero excarcelando a violadores para crear alarma social en conjunción con las mismas mafias mediáticas que difundían falsedades contra Podemos. El PSOE podría haber combatido el bulo de que las excarcelaciones se debían a la ley denunciando que los responsables reales eran esa minoría de jueces ultras, pero prefirió adoptar los argumentos de la ultraderecha contra Irene Montero y juntarse con el PP para contrarreformar la ley. El mensaje es de nuevo el de siempre: pensáis que podéis cambiar las cosas, pero los que acabamos imponiéndonos somos nosotros. Si desafiáis al poder, vais a perder. Acomodaos como han hecho los del PSOE y la izquierda de siempre hasta que llegó Podemos, que vais a vivir mejor, y al que no lo haga le vamos a destrozar en lo personal y encima no va a conseguir nada.

Sin embargo están perdiendo. Han intentado someter a las jugadoras de fútbol y no han podido. Han dedicado ingentes recursos durante ocho años para hacer desaparecer a Podemos y no lo han conseguido. Han querido hundir el prestigio, silenciar y destruir personalmente a Irene Montero y es cada día más protagonista. Han tratado de enterrar al feminismo y es el centro de toda la actualidad. No van a poder. Llevará tiempo y esfuerzo, pero les vamos a ganar.


Madrid –

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