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Isabel Díaz Ayuso recibe la Banda y Lazo de Gran Dama Los Reales Tercios de España que le entrega el General Agustín Álvarez López —  Isabel Infantes / Europa Press 

Los Tercios de Alatriste Ayuso

«Es merecedora de la más alta condecoración militar, que solo se concede cuando se combate ante un enemigo muy superior en número y se tienen al menos la mitad de bajas»


El otro martes salió un señor clavadito a Viggo Mortensen, aunque vestido de conserje de hotel clasista, defendiendo a una dama en apuros desde su condición de miembro de los Reales Tercios de España, cual capitán Alatriste. La dama en apuros era Isabel Díaz Ayuso, y no por ello consideréis que los reales tercios son de cerveza, ese sinónimo madrileño de libertad que tanto ha vindicado la presi.

Se trata de una asociación castrense heredera de otra fundada en 1942 por don Juan de Borbón y algunos generales fascio/monárquicos, cual el jefe de la aviación franquista durante la guerra, Alfredo Kindelán. Su propósito, perpetuar la monarquía y defender a muerte la Constitución, lo cual los convierte en constitucionalistas avant la lettre, pues en el 42 no eran muy populares las cartas magnas.

Los ex militares, cargados de medallas pero afortunadamente no armados con la pica y el mosquete de su blasón, acudieron a la Casa de Correos a nombrar Gran Dama de los Reales Tercios de España a la lideresa madrileña, ataviada a la sazón con un exquisito conjunto de blusa roja fluida de manga larga acampanada, escote semibarco con cinturilla anudada y pantalón negro de pinzas. Lo cual que estaba monísima, o sea. No es por comparar, pero cuánto deberían aprender alguna reinas plebeyas y algo casquivanas que yo me conozco, doctor Peñafiel.

Durante el emotivo y no menos solemne acto, el general retirado Agustín Álvarez, presidente de los Reales Tercios, se quedó más a gusto que su patronímico: “Siempre nos tendrá a su lado. Solo los indeseables malnacidos no reconocen sus méritos. Es merecedora de la más alta condecoración militar, que solo se concede cuando se combate ante un enemigo muy superior en número y se tienen al menos la mitad de bajas. Todos conocemos las batallas que libra a diario y las muchas bajas que esto le ha causado. Deseamos que Dios la siga protegiendo y que la libertad siga triunfando”, y todo en este plan, indeseables y malnacidos lectores de Red.

También, con exquisita imparcialidad castrense, lamentó “el resultado final de las traumáticas elecciones generales”, y concluyó gritando un enardecido “¡Nos gusta la fruta, viva España y viva el rey!”, que fue virilmente aclamado por la soldadesca, tanto civil como militar, que concurrió al acto.

Después presume Ayuso de que una de las ventajas de Madrid es que nunca te encuentras con ex novios, pero ella no deja de toparse con mil novios de la muerte que van a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera.

Nuestra derecha democrática siempre ha demostrado mucha querencia por lo militar y lo sotanero. Ya el fundador del PP, Manuel Fraga, gustaba de hacerse acompañar a todo tipo de actos rodeado de generales y obispos. Fraga (lo conocí bien) sufría enorme nostalgia por los fusilamientos que no había ordenado.

Con José María Aznar el fervor furrielero y sotánico del PP amainó un poco. Supongo que fue algo mutuo. Su manía de travestirse de Mío Cid para las revistas nos dejaba un equívoco mensaje sobre su españolidad y orgullo de raza, pues de todos es sabido que Rodrigo Díaz de Vivar fue un mercenario que no puso reparos a contratar sus servicios al moro cuando este pagaba mejor.

Más tarde, Aznar intentó reparar el daño enviando sus huestes contra el infiel moro iraquí en guerra ilegal, lo que nos costó los 193 muertos y 2.000 heridos del 11-M. Pero él se llevó una cátedra en la Universidad ultra de Georgetown y a su hijo se lo colocó Bush en un fondo buitre, con lo que los votantes del PP, los sargentazos de mostacho y los jueces de La Haya se dieron por satisfechos.

Como era de prever, la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia del partido nos trajo el más bello alegato anti belicista jamás escuchado a nuestra derecha. El pontevedrés es un maestro en decir lo que no había que pensar que se debiera decir por mucho que en beneficio suyo el almirante del vecino propio, así que en vísperas del 12 de octubre de 2008, día de la hispanidad y antes de la raza, le confesó a Javier Arenas:

—Este domingo tengo el coñazo del desfile…, en fin, un plan apasionante –dijo frente a un micrófono abierto y se enteró toda España, los Ejércitos y hasta el CNI, que no suele.

Se oyó rumor de sables pero no sucedió nada porque era Mariano. Si se le llega a escapar al entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, nuestros niños de hoy estarían cantando el Cara al Sol en las amanecidas de las escuelas vestidos de requeté.

Tras tanta historia de desencuentros, es reconfortante que los Tercios Españoles hayan distinguido como su Gran Dama a Isabel Díaz Ayuso, que aunque haya luchado con fuerzas inferiores en número ha causado más bajas al enemigo (supongo que los Tercios se refieren a los 7.291 ancianos pobres y sediciosos a los que IDA dejó morir durante el covid en las residencias madrileñas sin asistencia médica). Me encanta el olor a napalmcanfor por las mañanas.


Madrid –

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Editorial

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