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Medios y cultura de la violación

Entrevistar a un (por aquel entonces aún presunto) violador es una manera de legitimar su discurso, de situar la responsabilidad de la violencia sexual en la víctima. Es darle la oportunidad de explicarse públicamente, reconocer su relato, validar su experiencia y poner en duda la palabra de la mujer que le ha denunciado


Mientras Dani Alves estaba en prisión preventiva a la espera de ser juzgado por agresión sexual, fue entrevistado en el programa de Ana Rosa. Después de que se celebrase el juicio y fuese condenado por un delito de violación, el jugador ha podido abandonar la cárcel, al no ser una sentencia firme estaba aún en prisión preventiva, tras haber pagado una fianza de un millón de euros. Cómo ha podido abonar esa fianza ha sido uno de los temas de conversación de los últimos días. Ahora, algunas periodistas están afirmando que el pago de la fianza vendría de parte de una importante revista Brasileña la cual habría dado este pago como adelanto a un reportaje que harán sobre Dani Alves. El día que salió de prisión, bastantes periodistas esperaron a las puertas del recinto penitenciario y a las de su casa para preguntarle, entre otras cosas, qué tal se encontraba después de un año tan duro en prisión.

El blanqueamiento de los violadores y agresores sexuales es algo normal en una sociedad patriarcal que sigue premiando la versión de los hombres sobre las mujeres. Pero lo cierto es que últimamente estamos viendo clarísimamente como los medios de comunicación legitiman y participan de la cultura de la violación. La cultura de la violación es un término feminista que recoge todas aquellas representaciones culturales, narrativas o discursos que legitiman las agresiones sexuales contra las mujeres y que responsabilizan a estas de las violencias sexuales que sufren.

Entrevistar a un (por aquel entonces aún presunto) violador es una manera de legitimar su discurso, de situar la responsabilidad de la violencia sexual en la víctima. Es darle la oportunidad de explicarse públicamente, reconocer su relato, validar su experiencia y poner en duda la palabra de la mujer que le ha denunciado. Más aún cuando el agresor es un conocido jugador de fútbol con prestigio social. Pero es que ahora, con una sentencia que le denomina ya con todas las letras como violador, una revista le paga un millón de euros (y esto es solo un adelanto) para poder realizar un reportaje en profundidad. ¿De qué versará este reportaje? ¿Nos enseñaran el calvario de un pobre hombre que fue denunciado por agresión sexual por una mujer que bailó con él en la discoteca? ¿Buscarán que empaticemos con el agresor en lugar de con la agredida? ¿Qué seamos comprensivas?

El papel de los medios en la perpetuación de la cultura de la violación y de la violencia contra las mujeres es histórico. No sé cuántas guías se han hecho ya sobre cómo deben abordarse las noticias de violencia machista: asesinadas y no muertas. No sé cuántas veces se ha denunciado ya lo poco que aportan testimonios de vecinas que se sorprenden de que un vecino haya asesinado a su mujer porque “era una persona muy educada, siempre me ayudaba con las bolsas de la compra”. Lo cierto es que a cada avance feminista le sucede una reacción patriarcal y el avance que ha supuesto la ley de libertad sexual hemos visto como ha tenido su reacción judicial sí, pero también mediática y no me refiero solo a las noticias de alarmismo y terror sexual que se sucedieron durante meses con titulares como “violadores a la calle”, sino también con entrevistas como estas a agresores sexuales condenados donde se pone en cuestión el consentimiento y se vuelven a intentar instaurar relatos machistas. Recordemos que la sentencia de Dani Alves, aunque muchas juristas feministas coinciden en que la pena no se adecua a la sentencia, recoge avances importantísimos en la credibilidad de las víctimas: “Debe señalarse que ni que la denunciante haya bailado de manera insinuante, ni que haya acercado sus nalgas al acusado, o que incluso haya podido abrazarse al acusado, puede hacernos suponer que prestaba su consentimiento a todo lo que posteriormente pudiera ocurrir».

Vemos entonces como los medios de comunicación están funcionando como contrapunto a ese avance feminista que poco a poco va calando a distintos niveles en nuestro sociedad, incluso se cuela en alguna sentencia judicial. Mientrás, los medios están jugando un papel fundamental en el sostenimiento de la cultura de la violación. Desde sectores de la izquierda siempre se pone el acento en que los medios favorecen al sistema y tienen claramente una ideología conservadora. En esa ideología se incluye el machismo. Por eso, es muy importante que, como sociedad, tomemos conciencia de estos relatos que intentan imponernos y seamos capaces de no consumir estas entrevistas y reportajes. Seamos consumidoras críticas, exijamos información con perspectiva de género y apostemos por medios libres, de izquierdas y, por supuesto, feministas.


Madrid –

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