Diario Red
Menu
Menu
Diario Red

Primeras manifestaciones reclamando el Estatuto de Autonomía, Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela, Galicia

Mi tío Miguel (y 2)

La realidad es que los mejores o más libres murieron o escaparon y quienes nacimos aquí somos descendientes o de los vencedores o de los supervivientes


(Hace unos días quise escribir sobre mi tío Miguel pero, qué le vamos a hacer, acabé hablando de política, siempre me ocurre lo mismo. A ver hoy.)

Los hijos de mi padre fuimos seis varones, en total nos pusieron trece nombres repartidos y ninguno se corresponde con el de algún antecesor o familiar nuestro excepto mi segundo nombre, Miguel. (Es algo en lo que nunca había pensado y que muestra que escribir es una forma de hacer memoria y de pensar. Y me hace pensar que en esa falta de continuidad se resume nuestra familia). Miguel, es el nombre del hermano de mi padre y estoy seguro de que hubo azar pero también intencionalidad por parte de mi padre en que permaneciese el nombre en algún hijo.

Mi bautizo tuvo que ser  (la memoria de mi familia está llena de cábalas así, “tuvo que ser”, “debió de ser”…) cuando mi tío se vino un tiempo a vivir con nosotros a Santiago y a continuación se marchó a Brasil. Pero es algo que estoy concluyendo ahora conforme escribo esto, pues la figura del tío Miguel tiene un contorno borroso y ya asumí que nunca dejará de tenerlo.

Lo más cerca que estuve de verlo fue cuando escribí un libro sobre esa familia paterna (la materna es otra historia, gallega) un libro que me llevó de viaje por la provincia de Zamora y que encontró su centro en la comarca de Sayago, un territorio que se me hizo una patria sentimental  (si llego a vivir allí yo creo que monto un partido soberanista zamorano, porque esa tierra es un ejemplo palmario de colonización y espolio). Escribiendo el libro pude conocer a mi desconocido abuelo, a mi conocido padre y entrever fugazmente al tío Miguel. Pero todo eso es una historia tan personal que sólo se puede contar demoradamente en un libro. Sin embargo hay una parte de la historia que tiene carácter histórico y social y que es muy compartida.

Sumando datos y fragmentos pude saber que mi tío era “de izquierdas” y que mi padre, que era su hermano menor pero “se situó” mejor tras el golpe del 36 pudo protegerlo. Sé que trabajó, como mi padre, en el embalse de la Almendra y su último trabajo como carpintero fue en el embalse de Grandas de Salime, antes de pasar a Galicia y de ahí emigrar a Brasil. ¿Pero hasta que punto debemos llamar “emigración” a lo que hicieron muchas personas, fundamentalmente varones, que vivían señalados en aquella España? Más bien fue un exilio de los que no habían podido exiliarse antes.

En todo caso mi tío Miguel, que era el mayor, pasó a ser como un hermano menor protegido por mi padre, que se adaptó mejor a la nueva situación y pudo ayudarlo y facilitarle luego su marcha. Creo que esa historia de dos hermanos ilustra muy bien una parte de lo que ocurrió aquí.

Aquí lo que ocurrió es que ganaron y mandaron los asesinos, ellos fueron los dueños implacables. Esas fueron las autoridades y ellos redactaron las leyes, desde las ordenanzas municipales y las multas hasta el Fuero de los Españoles, las Leyes Fundamentales del Movimiento, la Ley de Sucesión y la Ley para la Reforma Política del 4 de Enero de 1977.

La realidad es que los mejores o más libres murieron o escaparon y quienes nacimos aquí somos descendientes o de los vencedores o de los supervivientes, y esos supervivientes vivieron una situación humillante y hubo quienes se adaptaron, unos mejor y otros peor, con más o menos dignidad, hubo quienes malvivieron y hubo quienes se hundieron definitivamente.

Y quien escriba literatura sobre lo que ocurrió creo que debiera tener en cuenta no sólo las vidas y el punto de vista de nuestros padres, bien vencedores o bien supervivientes, sino también el punto de vista de nuestros tíos, los que no pudieron o no soportaron estar aquí.

Hay bastante novelística que justifica o glorifica a nuestros padres o abuelos, no es buena esa mitificación y a ellos no les sirve de nada, basta con quererles si lo merecieron, pero lo que es necesaria es la mirada de los que fueron libres.


Madrid –

Nada de esto sería posible sin tu ayuda

Y únete a nuestros canales de Telegram y Whatsapp para recibir las últimas noticias

Compartir

Editorial

  • ¿Se debe dar voz a los que justifican un genocidio?

    Un embajador de un país que está llevando a cabo un genocidio lo que va a hacer ante todas y cada una de las preguntas de la periodista es justificar los crímenes contra la humanidad que está perpetrando su gobierno