Huelga feminista. Madrid 2018

Europa Press

Política con nombres y cuerpos

El debate sobre si lo importante es el quién o el qué es un falso debate porque, como vemos, no hay lo segundo sin lo primero.  Que se lo digan a las feministas que para conseguir derechos pusieron el cuerpo, el rostro y el nombre.


En estos días un falso debate ha vuelto a cobrar cierto protagonismo: el versus entre el quién y el qué. No es la primera vez que esta antojadiza dicotomía ocupa espacio en la agenda pública y, curiosamente, no es la primera vez en que aparece precisamente en el momento en que se debate y negocia un posible gobierno de coalición.

El debate es falso en tanto las personas y los proyectos políticos que defienden no son excluyentes. De hecho, para cualquiera que lo piense un minuto, lo evidente es lo contrario: no hay proyectos políticos sin personas que los defiendan. Entonces, ¿por qué existe una suerte de jerarquización entre lo que se acuerda y quiénes llevarán esos acuerdos adelante? 

Hace unos días, preguntada por las negociaciones con el PSOE, la líder de Sumar y actual vicepresidenta en funciones, Yolanda Díaz, afirmó no sólo que no sabía si sería ministra, sino que su forma de negociar no tenía que ver con las carteras en un Ejecutivo: “No estamos negociando un Ejecutivo, es decir,  carteras de un Ejecutivo, estamos negociando un programa de gobierno para nuestro país”, señaló. El falso debate que potenció particularmente el PSOE durante el proceso de negociaciones de cara a un gobierno de coalición en 2019 volvía a estar sobre la mesa.

Esta respuesta no es baladí. Recordemos que uno de los principales obstáculos de cara a la conformación del gobierno de coalición en 2019 fue que Pedro Sánchez no quería a nadie de Podemos en el Consejo de Ministros. Ese veto nos llevó a una repetición electoral donde los resultados volverían a decir lo que habían dicho meses atrás. Pero no sólo meses atrás, sino años atrás. Ya en 2015, y luego en 2016, era evidente que el bloque de dirección de estado progresista era posible y que una investidura suponía contar con Podemos en el Consejo de Ministros. Claro que importa el QUIÉN. Las repeticiones electorales desde 2015 hasta la segunda de 2019 lo refrendan. Sólo ha podido haber estabilidad política cuando se ha obedecido el mandato de las urnas y ese mandato exige que determinados QUIÉNES estén en el gobierno.

Claro que importa el QUIÉN. Las repeticiones electorales desde 2015 hasta la segunda de 2019 lo refrendan. Sólo ha podido haber estabilidad política cuando se ha obedecido el mandato de las urnas y ese mandato exige que determinados QUIÉNES estén en el gobierno.

El debate sobre si lo importante es el quién o el qué es un falso debate porque, como vemos, no hay lo segundo sin lo primero.  Que se lo digan a las feministas que para conseguir derechos pusieron el cuerpo, el rostro y el nombre. Que se lo digan a cada uno de los que hizo que el lema “porque fueron, somos” tenga sentido y suponga una arenga de reivindicación histórica y de justicia. 

Pero detrás de este versus falaz —y conveniente para el PSOE en este contexto— existe otro efecto aún más peligroso. Este discurso no hace otra cosa que potenciar el discurso de la antipolítica pues saca a las personas de la ecuación. Pone el acento en los programas y las propuestas como si estas surgieran de la nada o únicamente del encuentro de propuestas y no gracias a la testarudez y determinación de sujetos concretos. Una suerte de tecnocratización de las negociaciones, los encuentros entre fuerzas políticas distintas, los debates y los acuerdos.

Siempre hablamos de personas. Siempre un adversario o un aliado es una persona. Ese QUIÉN es fundamental pues define también las comunidades políticas que conformamos en torno a ideales, deseos, aspiraciones y horizontes compartidos. El QUIÉN es fundamental. El QUIÉN nos interpela. Nosotros y nosotras, que hacemos también política a diario, somos “quiénes” y sabemos, por ejemplo, que es diferente que Yolanda Díaz diga que defenderá los derechos laborales a que diga exactamente lo mismo Atonio Garamendi. El QUIÉN importa. El QUIÉN hace que confiemos más en Yolanda Diaz en este caso, ¿verdad?

Programa y personas no sólo no son excluyentes, sino que son completamente indivisibles. Y es de responsabilidad política reconocerlo y ponerlo en valor. Sobre todo en un momento en que lo que está en discusión es la posibilidad de tener un gobierno de coalición progresista o un gobierno de coalición en clave transición, contentándose con decir “se hizo” en lugar de decir “se hace”. Hoy más que nunca, ese QUIÉN es fundamental pues definirá el tono del gobierno que se viene y, por tanto, también cuánto se podrá presionar al PSOE para que mire a su izquierda y se apoye en ella en lugar de hacerlo en ese bloque reaccionario que se relame los labios cada vez que ve la posibilidad de deshacerse de esos “quiénes” que odian. Por poner un ejemplo claro, Irene Montero. ¿Quién sonríe con la posibilidad de no tenerla en el Ministerio de Igualdad? Doy una pista: Vox y el PP. Justo a quienes las urnas el 23J pidieron que les cerremos el paso.


Madrid –

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