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Irene Montero junto a Ione Belarra, durante la investidura de Alberto Nuñez Feijóo

Dani Gago / Podemos

Por qué necesitamos a Irene Montero

Nunca se afanaron tanto en ir contra ningún político, ni siquiera contra quienes dejaron vacía la caja o dejaron morir en residencias a miles de ancianos en la Comunidad de Madrid


La recuerdo en una de esas asambleas del 15M en las que creíamos que podíamos mejorar la democracia y a nuestra representación política. Irene Montero, unos años menor que yo, hablaba con una precisión y un carisma que encandilaba a cualquiera que la escuchara. Cuando ella hablaba, callábamos el resto porque lo que decía era sensato y digno de aprendizaje. Era una oradora y política nata. A los años la vi en Podemos y me alegró, al final se sabía que alguien como ella era necesaria representándonos. Siempre he confiado en quienes vienen del activismo y conocen la calle de cerca.

Años después podemos decir que gracias a Irene Montero y el Ministerio de Igualdad se han aprobado políticas y leyes necesarias y urgentes como la reforma de la ley del aborto, la ley trans y LGTBI o la ley del solo sí es sí, todas ellas indispensables para tratar de eliminar las desigualdades sociales provocadas por el sistema patriarcal. La ministra de Igualdad ha sacado adelante tres de los proyectos más ambiciosos e importantes en la lucha por los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI. La ley «solo sí es sí» fue todo un acierto porque ponía el consentimiento en el centro, algo crucial para perseguir la agresión sexual, pero especialmente y algo de lo que poco o nada se habla, en esta ley se incluía la educación sexual en todas las etapas educativas, algo realmente esencial para evitar que esos crímenes machistas ocurran.

Desconozco las guerrillas entre partidos de izquierda, los personalismos, los egos o los roces que hayan existido, confieso que no me interesan tampoco, pero creo más necesario que nunca un Ministerio de Igualdad encabezado por Irene Montero, un perfil valiente, que no decae a pesar de tener a todos los poderes, la derecha y los cloaqueros increpando y agrediendo constantemente. El acoso mediático y político que durante años han soportado la ministra y su equipo es también una de las reacciones y ataques a los avances en los derechos de las mujeres y las personas trans.

Para conquistar el poder político institucional y la batalla cultural en la izquierda es necesario usar todas las fichas del tablero y no dejar a nadie atrás. Lo que Irene Montero simboliza va más allá de sí misma, son las peticiones que el movimiento feminista lleva haciendo años. Son las demandas del colectivo LGTBIQ que eran desoídas por la mayoría parlamentaria y social y que nadie como Irene Montero y su equipo ha sabido entender y defender. La realidad es que nadie ha puesto el cuerpo como ella para conseguir avances para todas, todos y todes.

Dejar atrás a una de las mayores defensoras del feminismo en nuestro país es vetarnos también a todas las demás. Es ceder a la batalla cultural de la derecha y frenar los avances feministas de los últimos años

Entiendo —que no comparto— la jugada de cargarse políticamente a quien incomoda, pero es precisamente por eso, porque ha sido el perfil más atacado del Gobierno PSOE-UP que habría que rescatarla y ser leal ante todos los ataques de estos años. Gritábamos en las manifestaciones feministas que «nos tocan a una, nos tocan a todas». Algunas quizá se olvidaron de los cánticos o no los interiorizaron lo suficiente.

Cuanto más valiente demostraba ser y más lejos llegaba en sus propuestas y leyes, más ataques recibía. Ella y todas las feministas, pero nadie más que ella. Sus ataques no fueron solo hacia ella misma, sino a lo que representaba, por lo que será un error garrafal que Montero no esté en primera línea de la política institucional. A muchas nos defraudará profundamente que alguien que se ha dejado la piel en conseguir mejoras para todas sea vetada. ¿Por qué?, ¿en nombre de qué?, ¿acaso nos han preguntado a las feministas qué opinamos sobre este veto? Una vez más lo institucional y los movimientos de tablero a puerta cerrada se olvidan de la ciudadanía y nos deja huérfanas a las mujeres y al colectivo LGTBI de una de las personas que más veló por nuestros derechos.

Esta nuestra ministra, ha tenido que aguantar a las huestes cavernarias, al fascismo más rancio y aterrador en la puerta de su casa, con sus criaturas dentro, insultos de la caverna mediática, desde Arcadi Espada hasta Jiménez Losantos pasando por Irene González de Vox Populi. Nunca se afanaron tanto en ir contra ningún político, ni siquiera contra quienes dejaron vacía la caja o dejaron morir en residencias a miles de ancianos en la Comunidad de Madrid. Ningún delito les pareció tan grave como ser mujer, joven y feminista y ocupar un espacio público donde querer cambiar las cosas y hacerlo además con arrojo y valentía. Por eso, egoístamente, la necesitamos si de verdad queremos terminar con las desigualdades.

Como escribía Vanesa Jiménez en ctxt, el veto a Irene Montero sería un triunfo para la derecha y una derrota para las mujeres. Por su parte y como decían varias autoras del feminismo autónomo en este texto de El Salto, «el simbolismo que implica la exclusión del equipo de Igualdad nos interpela, porque cuestiona también el poder transformador del feminismo en la sociedad, en las políticas públicas y en el avance de los derechos de las mujeres para revertir el patriarcado». Dejar atrás a una de las mayores defensoras del feminismo en nuestro país es vetarnos también a todas las demás. Es ceder a la batalla cultural de la derecha y frenar los avances feministas de los últimos años. Confiamos que la nueva confluencia tenga en cuenta las demandas del movimiento feminista, y ponga al frente del Ministerio de Igualdad a Irene Montero. Es lo justo.


Madrid –

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