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Marcha solidaria por Palestina para que termine bien una guerra

Marcha solidaria por Palestina — Thomas Krych / Zuma Press / ContactoPhoto

¿Qué es para Aznar terminar bien una guerra?

¿Cuántos miles de niños, mujeres y ancianos considera Aznar que deben ser asesinados para que Israel termine bien su guerra? ¿Le sirve acaso de modelo la cifra de víctimas mortales ocasionada por la invasión de Irak? 


Allá cada cual con visualizar y escuchar o no la charla íntegra sostenida por Aznar el de las Azores con un azorado y sumiso periodista del equipo de confianza de Ferreras el Burdo en torno a «La guerra de Ucrania y su relación con la crisis de Oriente Medio», charla sumamente tóxica sostenida en la Fundación FAES recientemente, de la que José María Aznar es presidente.

Ya he dicho en repetidas ocasiones que un jefe de gobierno capaz de mentir a sus conciudadanos después de haber sufrido el país el mayor atentado terrorista de su historia —pretendiendo hacer lo propio con los directores de varios medios de información—, y no haber pedido después ni siquiera perdón por ello, no tiene para mí la menor consideración. Antes bien, todo mi desprecio como político y como persona.

He soportado unos minutos salteados del vídeo que ilustra este post para escribirlo y he podido comprobar una vez más la fatuidad y egocentrismo de este individuo, además de su chulesca pedantería, a la que ha ido añadiendo, desde que se cortó el bigote, una rebuscada y ampulosa gestualidad de manos que podrían hacer de él un personaje de sainete si no representara lo que representa su discurso.

«No se trata de terminar con Hamás —ha dicho en la FAES—, sino de garantizarse (sic) las condiciones de seguridad para el futuro y, evidentemente, avanzar en los procesos de seguridad regional». A lo que añadió: «Es esencial que Israel gane esta guerra y que la termine bien, porque de lo contrario «la próxima guerra sería en las fronteras próximas de Europa. Y dentro de ellas, en las fronteras más débiles que tenga Europa». 

Dejando aparte la falaz interpretación que un tipo como Aznar puede hacer del conflicto de Oriente Medio, en donde según sus palabras es al Estado de Israel al que se le quiere hacer desaparecer del mapa cuando no ha dejado de ganar territorio desde 1948 hasta provocar seis millones de refugiados palestinos, me hubiera gustado saber cuántos miles de personas civiles -en su mayoría niños, mujeres y ancianos- considera Aznar que deben ser asesinadas para que Israel termine bien su guerra. ¿Treinta, cuarenta, cincuenta mil? ¿Las suficientes para mandar al resto al desierto del Sinaí o una isla made in Guantánamo? Puede que al expresidente le sirva de modelo aquella invasión de Irak en la que embarcó a España, originada por la gran falacia predicada por el propio Aznar ante las cámaras de TVE de que ese país tenía armas de destrucción masiva, y que según la revista Lancet causó la muerte en tres años, entre 2003 y 2006, de 654.965 iraquíes. Esa cifra y la consiguiente destrucción de un país debe de ser para Aznar terminar bien una guerra.


Madrid –

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Editorial

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