Sin fuerzas para rendirse

Aunque conozca su manera de caminar que es capaz de levantar a todas las mujeres de las tumbas, también sé del verso de los traidores estrellándose contra la vida


Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo, ni varón ni mujer, ni XXI ni H2O. Reivindico: mi derecho a ser un monstruo. Que otros sean lo Normal, El Vaticano normal, El Credo en dios y la virgísima Normal y los pastores y los rebaños de lo Normal, el Honorable, Congreso de las leyes de lo Normal, el viejo Larrouse de lo Normal.

Susy Shock

Yo conozco a una mujer que con su voz combate las proclamas más violentas de la calle, ella ve cómo las estrellas caen con tristeza e inevitables sobre el asfalto, cómo se enciende apenas una luz sobre cada farola y que del pecho ardiente de las niñas sale un grito donde el cuerpo es lo único que queda, como si hoy fuera posible escribir, en este día y con estas manos, sin siquiera un nombre para sentarse a sacudir el alfabeto.

Yo conozco a esa mujer, pero el mundo no soporta sus costillas ni el milagro de verla arrancarse el corazón para arrojarlo contra el orden establecido, apenas un corazón como miguita de sangre, como alimento subversivo de las gaviotas que revolotean las playas desiertas de la revolución.

El enemigo no lo sabe, en su puño cerrado está el atardecer, pero en su otra mano hay una cerilla para que un pedazo de pan sea posible, para que la harina ilumine los hogares con su espiga inmortal.

Alerta compañera, sé que no son tiempos para regodearnos con el sol ni con la gramática de las nubes, pero quieren guillotinar los caminos de vuelta a casa, quieren acabar con las industrias de la dicha y con los resortes inevitables del tiempo.

Alerta, la poesía es otra anomalía de la historia, pero también es agua mansa, brisa que llega con una ramita para cada nido y contra la tempestad.

Ellos no lo saben, tu lucha se subleva como el cielo de las mañanas y baja a mi corazón a buscarlo. Por eso prefiero que mi poema muera de pie, a tu lado, con las botas puestas y con la geografía incierta de los territorios. Por eso elijo secuestrar a dios y su maldita sinfonía de la nada, por eso elijo este baile, quizá el último, un único rincón para que podamos encontrarnos.

Aunque conozca su manera de caminar que es capaz de levantar a todas las mujeres de las tumbas, también sé del verso de los traidores estrellándose contra la vida. Mira la noche, qué extraño silencio, están los dolores del mundo, cada golpe recibido, la identidad de la memoria marchando con paso firme, está el galope enloquecido de las amantes, el misterio de los árboles, la celebración infinita de la oscuridad, y están tus hijos; tu hija.

¡Qué importa el gobierno si las almas se congregan para cantarle al mar y a la tibieza del sol!

¡Qué importa la limosna de los necios si tú estás ahí, crucificando el odio constante de los que saben odiar como dios manda!

Hoy hace falta pegarle un tiro a las sombras para proclamar el comienzo de la historia. Hoy quiero asistir al entierro de los que nunca supieron beber de los ríos con la humildad que solo tienen las sedientas.

¡Al canto lo que es del poema y a los pájaros, a los pájaros mucha vigilancia; te quieren saquear los ojos! ¡Cuidado, la poesía es algo serio!

Alguien aprieta las tuercas de la alegría, pero acaba de morir una mujer y están juntando toda su muerte en cucharita. Vayamos a buscarla, en los sótanos de la infancia están las armas de donde se cae a pedazos la furia y el sistema, vayamos a buscarla para que aprendamos a gatear por su dolor.

Yo conozco a una mujer cuya mirada tiene más poder que el filo de cualquier navaja, es una fosa llena de mariposas que no hay quién las contenga, pero sí quién las ame, quién las cure.

He visto a la eternidad ponerse de rodillas cuando esa mujer hace un imperio en el verbo amar, pero yo también ando triste por mis días y sé que a este poema le falta el ritmo de los sabios, pero le sobran balas para protegernos del bramido de las bestias.

Sé que mis hijos no sabrán defenderse con la palabra resistir, los poetas desde siempre solemos pasarlo bastante mal, pero eso es otro tema, así que tendremos que estar atentos a la rabia del invierno.

Lo hemos sabido desde siempre, la sentencia fulminante de los rayos está mordiendo nuestros talones, quieren fusilar a las luciérnagas y acabar con las regiones de la belleza. Pero lo importante no es llorar, sino las incansables voces de nuestros milagros, nacernos del mismísimo rincón de los mendigos y que su llanto nos enseñe a ahuyentar el vuelo incesante de los buitres.

Nos queda el mar como última partitura, pero también los vientres de donde brotará un nuevo idioma que nos prepare para decirnos, igual que nuestros hijos e hijas tienen la inocencia para reconstruir los sueños con su lengua transparente.

Mira, pero solo como son capaces de mirar las crías de todas las especies, con esa desesperación salvadora que clama por su leche, como esos ojos donde se promulga todo principio y todo fin.

Estoy cansada. Quiero llegar a casa para romper las consignas de la niebla y acariciar a mis perros. Se acaba de abrir la puerta, todo está en calma, los niños duermen;

¿Qué hacemos?


Madrid –

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