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Carles Puigdemont en Parlamento Europeo, diciembre 2023—Álex Flores / Europa Press

Todos contra Puigdemont

Tanto la derecha política y mediática así como el Gobierno y sus medios afines apuntan contra Junts y en especial contra su líder


El martes por la tarde Junts impidió la aprobación de la ley de amnistía. Este sentido del voto no implica que caiga la ley ya que el dictamen sí salió adelante. Esto significa que la ley volverá a la comisión de Justicia del Congreso de los Diputados y dentro de un mes se votará de nuevo en pleno. Pero más allá de lo que ocurra en las próximas semanas, ha vuelto a quedar claro que Puigdemont y Junts son la representación de algo parecido al mismísimo demonio para la mayor parte del arco parlamentario y mediático.

Si uno observa las declaraciones y afirmaciones emitidas estos días por los creadores de opinión considerados progresistas podrá comprobar cómo pareciera que el voto en contra de Junts supone algo similar al apocalipsis. También ocurre algo parecido si uno escucha a portavoces del gobierno, del PSOE o Sumar. Está más que clara cuál es la estrategia del PSOE y compañía. Básicamente consiste en apuntar con todos los cañones a Junts y a Puigdemont para meterles mucha presión y ver si así votan a favor y de paso ver si refuerzan las posiciones de Sánchez frente al desgaste de la amnistía.

Ante este coro que vocifera al unísono creo que puede ser bueno hacer dos reflexiones de cara a la legislatura pero también de cara a generar una cultura nueva respecto al parlamento y a la política institucional.

La primera sería dejar de tratar a Junts y Puigdemont desde la caricatura y el desprecio. No soy defensor de la derecha independentista catalana, pero si ahora se supone que el PSOE es un firme valedor de la amnistía y cree en sus bondades democráticas para Catalunya y España, qué menos que reconocer y tratar desde el respeto al otro. Recordemos que desde las filas de Sánchez se han referido al expresident, hasta hace tan solo unos meses, como fugado, delincuente y han dirigido contra él toda una serie de calificativos despectivos desde hace años. No le ha ido muy bien a nuestro país siguiendo esa senda y volver a recorrerla parece que no va a llevarnos a buen puerto. Da la impresión de que en el fondo desde el PSOE y sus medios y periodistas afines siguen pensando fatal de Puigdemont y de Junts y que éstos deberían agachar la cabeza y aceptar el favor que les está haciendo Pedro Sánchez cuando la realidad es que Junts ha permitido a la ejecutiva de Ferraz volver a formar gobierno.

Creo que sería bueno ponerse en el lugar del otro, porque desde el punto de vista de los independentistas el escenario está cargado de incertidumbres. Por un lado, saben o intuyen que los jueces reaccionarios van a hacer todo lo que esté en su mano para boicotear la amnistía. No hace falta más que ver los últimos movimientos de García-Castellón y el juez Aguirre. Por otro, el partido con el que están negociando, el PSOE, es el mismo partido que apoyó el 155 y que hasta hace apenas unas semanas se negaba a hacer una amnistía porque la consideraba inconstitucional. Eso por no recordar en qué términos han hablado de Junts estos años. Resulta comprensible que no se fíen mucho de lo que pueda pasar, aunque no por ello justifico el sentido de su voto. Simplemente señalo que creo que es preferible adoptar una estrategia menos frontal contra ellos y contra Puigdemont para afrontar con más garantías la legislatura y la propia amnistía. Acusar a Junts de tacticismo suena un poco a broma viniendo de voces del PSOE y de su entorno. Recordemos que ayer decían que la amnistía era algo que no se podía permitir y hoy es al contrario.

La segunda consideración gira en torno a los psicodramas que generan el PSOE y sus cañones mediáticos ante las eventualidades y votaciones del Congreso de los Diputados. La aritmética parlamentaria es la que es, muy, muy ajustada, y por ello sería positivo comenzar a tomar los resultados de las votaciones de los plenos con más calma. Sería bueno acostumbrarnos a que es posible que haya proyectos de ley que puedan caer en primera votación y que haya que llevarlos de nuevo al pleno. No es el fin del mundo que eso ocurra, por más que la derecha intente aprovechar cualquier elemento que pueda desgastar a la actual mayoría. Pero que la derecha vaya a ser así no debiera ser la excusa para que los grupos que conforman la mayoría parlamentaria se sientan rehenes de cada proyecto de ley o decreto que traiga el gobierno. La realidad es que la mayoría parlamentaria es la que es y se va a necesitar tiempo y negociación para sacar medidas adelante. Pero eso no puede considerarse como «una pérdida de tiempo» como venía a decir José Luis Sastre en El País, sino resultado de la realidad parlamentaria. Además, el bipartidismo ha tenido 40 años para impulsar muchas políticas que nunca han llevado a cabo y muy pocos se han llevado las manos a la cabeza, así que mejor rebajemos el drama en torno al parlamento y los tiempos de negociación. A estas alturas deberíamos saber perfectamente que cuando hay voluntad política, los plazos no suelen ser un problema.

Por último, señalar que estos psicodramas le suelen convenir al PSOE, que siempre intenta instalar la idea de que no aprobarles alguna medida significa que llegará la ultraderecha o el caos. Pero no suelen ser favorables para los intereses de las mayorías sociales ni tampoco para los proyectos políticos que intentan superar el Régimen del 78. En esa estrategia desplegada desde Ferraz y sus acólitos en los medios, de «el PSOE o el caos«, lo que suele suceder es que salen adelante reformas o leyes completamente descafeinadas que se venden como grandes éxitos.

Necesitamos crear una nueva cultura parlamentaria, más relajada en el buen sentido y con menos dramas artificiales para así tener debates importantes sobre nuestro país y los problemas estructurales que lo atraviesan.


Madrid –

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