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Itziar Ituño en la entrega de premios ‘Fotogramas de Plata’, Madrid, marzo 2023 — Atilano Garcia / Zuma Press / ContactoPhoto

BMW despide a la actriz vasca Itziar Ituño y le recuerdan a la empresa su pasado nazi

La marca alemana BMW se desvincula de la actriz vasca Itziar Ituño porque ésta asistió a una manifestación. Si los consumidores implementasen esa lógica de censura del pasado, entonces también deberían distanciarse de esa firma


“En BMW Lurauto no nos vinculamos con ninguna ideología política, por lo que lamentamos que se haya vinculado la imagen de BMW Lurauto con cualquier tipo de acto de contenido ideológico, ya que reafirmamos nuestro compromiso con la diversidad, inclusión y el respeto al 100% de la sociedad”. Con este comunicado, la firma alemana BMW hacía público el que prescinden de la actriz Itziar Ituño, que se había manifestado por los derechos de los presos de la organización armada ETA que, recordemos, importante, desde 2018 ya no existe. Se disolvió. Es historia. Finito. Adieu. Es hora de acabar con anomalías democráticas y una manifestación para que se cumplan derechos cívicos no puede ir más que en esa dirección. BWM se equivoca, por tanto, en despedir a Ituño, que no solo actuaba por la democracia, igual que se ha manifestado también por otras causas, sino que tiene su derecho a participar de la vida política independientemente de su trabajo como actriz para la marca BMW sin que la censuren. Pero la cosa tiene más miga.

El paso de BMW es un error democrático pero también de comunicación, ya que si hacemos como si el pasado fuese presente y los crímenes de ETA fueran actuales, como si el grupo no se hubiera disuelto, entonces los crímenes de BMW en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y en España durante el golpe de estado seguirían también vigentes y habría que “desvincularse” de dicha firma. La familia principal accionista de la marca de coches de calidad teutona, la familia Quandt, una de las familias más ricas de Alemania, llegó a tener un campo de concentración propio en una fábrica de baterías de su propiedad llamada AFA. El fabricante Herbert Quandt, abuelo y bisabuelo de los herederos, era miembro del partido nazi NSDAP y ayudó a financiar al dictador alemán Adolf Hitler. En su fábrica, al parecer, los presos tenían que manipular metales pesados sin protección y estaban sometidos a jornadas de doce horas, con control y disciplinas exhaustivos. Tal vez el problema de no tener empatía para con la situación de presos que han cometido crímenes en el pasado sea que la familia Quandt se libró de los juicios de Núremberg.

“En la época del nacionalsocialismo, BMW pasó de ser una empresa de movilidad a una empresa de armamentos y se convirtió en una de las empresas más importantes de la economía de guerra alemana” escribe la propia empresa en su web. “Durante la guerra, la dirección de la empresa empleó a trabajadores forzados y prisioneros de campos de concentración sin escrúpulos morales para alcanzar las cifras de producción requeridas”, sigue. “Estos trabajadores tuvieron que trabajar en condiciones crueles, y no fueron pocos los que murieron por hambre y agotamiento”. Así que BMW se reconoce culpable de estos crímenes. El grupo BMW, dice el texto, “es consciente de su responsabilidad social y, como empresa internacional con empleados de 124 nacionalidades, fomenta una cultura de tolerancia y equidad. De este pasado se deriva que la empresa aboga ahora “activamente por una sociedad abierta y libre de discriminación” y “apoya proyectos que abordan la revisión del pasado y buscan prevenir futuras injusticias”. Y para más inri: “Fuera de la empresa, muchos empleados abogan por la tolerancia, apertura y diversidad”.

Resulta bastante llamativo que la empresa afirme no querer tener que ver con  “actos de contenido ideológico” y al mismo tiempo se comprometa con la “tolerancia, apertura y diversidad”. Al fin y al cabo, la organización armada ETA se fundó durante la dictadura franquista para luchar contra la dictadura, que no solo había asesinado a cientos de miles de personas, sino que estableció un régimen del terror en el que se perseguía a la disidencia, con campos de concentración, ejecuciones, tortura. En la que no había justicia social y se robaron los hijos de los enemigos políticos. BMW construyó parte de los motores de la Legión Cóndor que bombardeó por todo el país a inocentes, incluso a una caravana de refugiados, y que ayudó a acabar con una de las primeras democracias de Europa. Las tropas alemanas y luego los golpistas, los fascistas de Franco, se pasearon en motocicletas de la marca BMW sembrando el terror a la población y establecieron una dictadura que duró cuatro décadas. Así que BMW debería saber que fomentar la paz social en el País Vasco, reconociendo los derechos de presos, supone apoyar “la revisión del pasado” y “prevenir futuras injusticias”. En BMW deberían agradecer a la actriz Itziar Ituño no solo su trabajo de publicidad, sino el haber creído que la política de la empresa, que pregona en su página web, de entendimiento y democracia, también se aplicaba al caso español.


Berlín –

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Editorial

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