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Maximiliano Luna / Agencia Télam

El experimento argentino

La historia de movilizaciones en defensa de los derechos sociales conquistados en este país le augura poco éxito al plan “motosierra”


El país de D10S y el Papa. El país del Che Guevara y de Mafalda; del dulce de leche y Cortázar; del mate y Borges; del tango y Evita. Y ahora de Javier Milei, autodefinido como “el primer presidente liberal-libertario de la historia de la humanidad”, que propone un verdadero experimento: el plan motosierra. Si nos atenemos a su trayectoria discursiva y las referencias a sus gurúes económicos filosóficos —como Murray Rothbard, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Ayn Rand— Milei llega a la presidencia para llevar adelante una verdadera revolución (o contrarrevolución) liberal que destruirá el Estado.

Por lo general, cuando asume un nuevo gobierno se habla de esperanza y un futuro mejor, pero Milei hizo campaña con una motosierra en la mano (literal) para demoler todo lo que está en pie cuyo paso siguiente sería un “sufrimiento redentor” caminando por el desierto. Esto lo ratificó en su discurso de posesión el domingo 10 de diciembre emulando a su admirada Margaret Thatcher con la frase “no hay alternativa al ajuste”. Dos días después, el ministro de economía Luis Caputo presentó un plan de ajuste con amplios recortes en el Estado, una fuerte devaluación del peso que implicará aumentos en los servicios básicos y cuya conclusión fue que “en los próximos meses, vamos a estar peor que antes en términos de inflación”.  

En un intento por explicar que las medidas buscaban evitar una catástrofe aún mayor afirmó “Si seguimos como estamos, una leche que hoy cuesta $400 puede costar $60.000 en un año”. Como suele suceder cuando se toman medidas drásticas de ajuste rápidamente un comunicado del Fondo Monetario Internacional las aplaudió.

Milei gusta repetir que es la primera vez en la historia de la humanidad que hay un presidente “liberal libertario” con una cuota de mesianismo fundacional.  De manera similar a la inmensa mayoría de la amplia gama de economistas liberales Milei sostiene un discurso dogmático cuasi religioso contra todo lo público, donde no importan los resultados obtenidos por ninguna empresa estatal ya que la demonización de lo público-estatal nace del discurso ideológico.

Por otra parte, el acercamiento público de Milei a una corriente religiosa judía con tintes mesiánicos (lubavitch) cuyos miembros veneran a su difunto líder parece adaptarse a la perfección a su propia visión mesiánica de refundar el país en base a un pensamiento económico dogmático, y ¿por qué no? religioso. Tomando en cuenta las referencias mesiánicas del personaje pareciera que, al sumarse a su proyecto, hubiera una conversión (¿religiosa?) automática y dejaran de pertenecer a “la casta”. Aunque este concepto nunca fue definido con claridad, se entiende popularmente que comprende a todos los que han ocupado cargos políticos y públicos como si éstos se hubieran robado las arcas del Estado. Sin embargo, 6 de sus 9 ministros y numerosos secretarios en diferentes cargos provienen justamente de la misma “casta” que ha denostado una y otra vez, incluyendo la fórmula presidencial completa que compitió con él y salió en tercer lugar.

Es un hecho que Milei supo interpretar mejor que nadie las dificultades del encierro por la pandemia y el rechazo histórico al peronismo/ kirchnerismo de una parte importante de la sociedad, combinado con las dificultades económicas y la inflación galopante.  Esto le permitió canalizar un amplio espectro de frustración y protesta y triunfar con un 55 por ciento de los votos.  Ahora tendrá que demostrar que puede satisfacer con su plan motosierra arrasando a diestra y siniestra y aplicando recetas del laboratorio liberal las múltiples demandas de una sociedad insatisfecha. Sin embargo no se trata de una laboratorio de química. Hay personas. Y la historia de movilizaciones en defensa de los derechos sociales conquistados en este país le augura poco éxito al plan “motosierra”.


Madrid –

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