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Milei y Bullrich en el programa A dos voces — Todo Noticias / Youtube

La derecha argentina se suicida para apoyar a la ultraderecha de Milei

El lunes, Macri y Bullrich mueven los hilos para un acercamiento con Milei que culmina la noche del martes con un encuentro los tres en la mansión de Macri en Acassuso. Según todos los medios, la reunión empieza con tensión y termina como la icónica imagen del plató de TN


La fotografía es inolvidable. Es miércoles por la noche en los estudios de TN, uno de los canales de televisión del Grupo Clarín. Se produce un abrazo entre el aspirante a presidente de la República Argentina, el ultraderechista Javier Milei, que disputará con el peronista Sergio Massa, ganador de la primera vuelta, y la ex candidata del centroderecha Patricia Pato Bullrich descabalgada por el electorado el pasado domingo.

—Hacé un buen gobierno —dice nerviosa Bullrich.

—Qué revolución armamos —celebra Milei.

—Sí, qué despelote, replica Bullrich.

El gesto vino precedido de una sorpresiva rueda en la que Pato proclamó su apoyo al ultra, a su vez precedida de reproches e insultos mutuos durante meses —el “Montonera asesina” o “tirabombas” de Milei por el pasado guerrillero de ella— durante la campaña electoral. Las elecciones habían sido 72 horas antes del abrazo y con ellas los argentinos expulsaron de la carrera a una derecha clásica que el miércoles 25 de octubre rompió públicamente con su cara más liberal.

En espera de las noticias que se agolpan, podemos estar ante el certificado de defunción de Juntos por el Cambio, la derecha tal y como venía siendo. Una historia que arranca hace ocho años y medio con otro nombre, Cambiemos. Entonces el centro y la derecha se dan fuertemente la mano tras un mandato de Néstor Kirchner y dos de Cristina Fernández, obteniendo rédito de la división en el peronismo protagonizada por… un tal Sergio Massa.

Una fórmula que llevó en 2015 a la Casa Rosada a Mauricio Macri, que se encontró un tipo de cambio paralelo que arrojaba alrededor de 13 pesos por dólar y una deuda pública ligeramente superior al 50%. Cuatro años después, una serie de medidas desastrosas a nivel cambiario y monetario inspiradas en recetas neoclásicas elevaron el valor del peso a 70 dólares y dispararon la deuda al 90% del PIB.

Con esos mimbres y una pesada deuda con el FMI de 45.000 millones de dólares, el peronismo, reunificado por enésima vez, volvió cómodamente al poder. La herencia económica macrista, la pandemia, la sequía y los errores de Alberto Fernández han llevado al dólar blue a cambiarse por más de 1.000 pesos aunque la deuda externa ha caído al 80%. Una crisis que dura ya cinco años.

Los argentinos tuvieron el domingo la posibilidad de cambiar. Y, a priori, no parecen entusiastas con nuevas experiencias. Han frenado la emoción del menemismo neocon salvaje de Milei votando al justicialismo en su peor elección histórica. Pero respecto a la derecha clásica han sido expeditivos: no queremos que maneje la economía  del país la coalición que nos trajo acá, preferimos a Massa o a Milei. Y aquí se aceleran los acontecimientos.

Nada más convencerse de los resultados, el domingo Mauricio Macri (líder del PRO, dentro de JxC) telefonea a Milei y rápidamente se ponen de acuerdo, según La Política Online, temeroso el ex presidente de que las cuatro causas judiciales que le sobrevuelan se desarrollen con Massa como Presidente. Aún duele el resultado del domingo. El lunes, Macri y Bullrich (que es presidenta del PRO: sí, existen las figuras de presidenta y líder) mueven los hilos para un acercamiento con Milei que culmina la noche del martes con un encuentro los tres en la mansión de Macri en Acassuso. Según todos los medios, la reunión empieza con tensión y termina como la icónica imagen del plató de TN.

El miércoles por la mañana una reunión interna del PRO, que tiene una pata más moderada, termina en trifulca y desencuentro. Es el sector representado por el actual jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, o por la ex gobernadora de la provincia bonaerense María Eugenia Vidal, contrarios a apoyar a Milei. Bullrich suelta la bomba en público a mediodía adaptando citas de José de San Martín para convertirlas en peronismo o barbarie. Por la noche, el abrazo.

Y si el PRO se tensiona, JxC se suicida: la Unión Cívica Radical, formación histórica, sale al paso y se declara neutral. Los 10 gobernadores electos de JxC en provincias, cinco de ellos radicales, se reúnen en la capital para respaldar la opción neutral. Todos menos Jorge Macri, primo de Mauricio y jefe de gobierno electo de la ciudad autónoma porteña.

Detrás de este House of Cards austral hay que hacerse una pregunta: por qué un apoyo tan veloz, descarado y secreto a quien defiende la libre venta de armas, privatizar la sanidad, la educación o las pensiones, recortar drásticamente los planes sociales o dolarizar completamente la economía.

“Es un giro a la ultraderecha de gente que yo pensé que era más democrática”, lamenta el periodista Ernesto Tenembaun, nada sospechoso de peronista. “Pero claro, ahora revisás hacia atrás, Bullrich no repudiando el atentado contra Cristina Fernández, Bullrich respaldando la intentona golpista de Bolsonaro, te das cuenta que Bullrich hace lo que desea hacer”

“Es un giro a la ultraderecha de gente que yo pensé que era más democrática”, lamenta el periodista Ernesto Tenenbaum, nada sospechoso de peronista. “Pero claro, ahora revisás hacia atrás, Bullrich no repudiando el atentado contra Cristina Fernández, Bullrich respaldando la intentona golpista de Bolsonaro, te das cuenta que Bullrich hace lo que desea hacer”.

Al igual que Claudio Jacquelin en La Nación: “Cuando aún ni siquiera se había empezado a elaborar el duelo y todo estaba demasiado caliente, Mauricio Macri volvió a ejercer su poder sobre un sector de Pro para llevar a una ruptura, que asoma definitiva, a la criatura que él mismo creó”.

Son voces que proceden de ese espacio, dos de tantas. Ahora mismo se multiplican. Las pocas encuestas en segunda vuelta dan, de momento, ventaja a Massa. Así, Argentina llega al desenlace con el espacio de la derecha tradicional amenazando derrumbe y bolsonarizándose.


Buenos Aires –

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