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Rubén Sánchez

La mano que firma el contrato es la mano que domina el mundo

Cuando firmamos larguísimas condiciones contractuales sin pararnos a leer ni una sola línea estamos dando nuestra confianza ciega a las empresas


La mano que firma el contrato es la mano que domina el mundo. Todo aquello que aceptamos o rechazamos condiciona el funcionamiento del mercado, para bien y para mal.

El éxito o el fracaso de una empresa, un producto o una práctica comercial depende de que digamos sí o no a lo que nos ofrecen y que cientos, miles o millones de consumidores hagan lo mismo que nosotros. Aunque las empresas suelen jugar con la ventaja de que con sus estrategias de marketing son capaces de convencernos de forma masiva de que compremos y contratemos cosas que no necesitamos, a precios desproporcionados y con condiciones que no nos favorecen. La contratación irreflexiva, apresurada, por impulso, es una de las grandes responsables de que gastemos por encima de nuestra capacidad de ahorro y permitamos que las grandes corporaciones decidan el rumbo de buena parte de nuestras vidas.

La contratación irreflexiva, apresurada, por impulso, es una de las grandes responsables de que gastemos por encima de nuestra capacidad de ahorro y permitamos que las grandes corporaciones decidan el rumbo de buena parte de nuestras vidas.

Cuando firmamos larguísimas condiciones contractuales sin pararnos a leer ni una sola línea estamos dando nuestra confianza ciega a las empresas para que hagan con nosotros todo aquello que no contradiga lo que nos prometieron en su publicidad ni sobrepase los límites que marca la ley.

En muchísimas ocasiones, los contratos incluyen cláusulas que vulneran la legislación o su letra pequeña —es decir, todas las letras— establece condiciones que nada tienen que ver con lo que aseguraban en la oferta que nos hicieron para convencernos de que aceptásemos. Cuando nos damos cuenta de que una cláusula resulta abusiva, llega el momento de batallar para que la empresa la elimine y, en su caso, nos devuelva el dinero cobrado de más como consecuencia de su aplicación.

Se acerca el comienzo del nuevo año y con él, los propósitos de siempre. Hacer deporte, comer bien, sonreír más e intentar no gastar dinero a ciegas porque nuestra economía está hecha un desastre después de la orgía consumista de la Navidad y de un año en que los precios han seguido subiendo mucho más que nuestros salarios. ¿Qué tal si nos proponernos ser un poco más reflexivos a la hora de comprar y contratar? Comparar precios, revisar condiciones… y denunciar los abusos que cometan las empresas.

Los consumidores tenemos que defender nuestros derechos. Y es fundamental empoderarnos defendiéndolos unidos. En FACUA no vamos a parar de dar la batalla contra los abusos de las empresa. Aquí te esperamos para hacerlo contigo.


Puedes ver el episodio completo de En ocasiones veo fraudes aquí:

Madrid –

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