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Isaac Buj / Europa Press / ContactoPhoto

La corrupción no es un tema de manzanas podridas

El 15M ya señaló que la corrupción era una característica estructural del bipartidismo, y no parece que haya cambiado gran cosa durante la última década


Ábalos debe dimitir. Armengol debe dimitir. No es el ‘caso Koldo’, es el ‘caso Sánchez’. Usted lo sabía y lo tapó. El cerco sobre Sánchez se va estrechando. El PP ensaya nuevos argumentos de ataque cada día.

Hemos reaccionado con ejemplaridad. Nosotros pedimos el acta de Ábalos aunque no esté imputado, pero nadie hizo nada similar en el PP con los casos de Ayuso y Almeida. Ábalos no está imputado, pero tiene responsabilidad política. Armengol, en cambio, no tiene responsabilidad política. El PP lo único que quiere es tumbar el gobierno. El PP es corrupto y no puede dar lecciones. Aparece Miguel Tellado en el auto. ¿Quién es ‘Alberto’? El PSOE ensaya nuevos argumentos de defensa cada día.

Esa persona robó dinero público. Esa otra nombró a alguien que robó dinero público. Esa otra persona dirige una administración que contrató con una empresa que pagó una comisión a su hermano. Esa de más allá compró mascarillas a la trama corrupta y tardó casi tres años en denunciar que las que les suministraron no servían. Esa persona no sabía nada. Esa otra era plenamente consciente. Esa persona fue engañada. Ese comportamiento acarrea responsabilidades políticas. Ese otro de ahí ya no tanto. Dimite. No, dimite tú. Eres un corrupto. Y tú más.

El sainete de declaraciones y contradeclaraciones que estamos viendo estos días y que llenan la escaleta de los telediarios están llenas de argumentos personales, ambiguos, contradictorios, con límites difusos y con un hedor insoportable a táctica política.

Esto es así porque tanto el PP como el PSOE no son otra cosa que maquinarias engrasadas para, primero, conseguir el poder y, después, mantenerlo. Pero también porque ambos partidos están muy interesados en extender la idea implícita de que la corrupción es un tema de manzanas podridas.

De vez en cuando, en las estructuras de partido, aparece algún golfo —como los llamó ayer Yolanda Díaz—, se aprovecha de su posición, mete la mano en la caja y se enriquece él y alguno de sus amigos o familiares. Pero aquí no hay ningún problema estructural. España es una democracia ejemplar y los dos partidos dinásticos del sistema del turno son pilares fundamentales que, al estar formados por seres humanos, no pueden evitar que, de vez en cuando, alguno les salga rana. Pero es una cosa personal, son casos aislados, es algo coyuntural, son un puñado de golfos a los que hay que castigar para, así, poder seguir adelante. Aquí no hay nada que ver. Circulen.

Esto es lo que el bipartidismo nos quiere transmitir, pero la realidad es todo lo contrario. Lo que verdaderamente ocurre es que la corrupción —lejos de ser un tema de manzanas podridas— es una forma de gobierno para que manden los que no se presentan a las elecciones; y también para mantener engrasados y disciplinados a sus brazos parlamentarios.

El PP como el PSOE no son otra cosa que maquinarias engrasadas para, primero, conseguir el poder y, después, mantenerlo. Pero también ambos partidos están muy interesados en extender la idea implícita de que la corrupción es un tema de manzanas podridas

Pensemos, sin ir más lejos, que Juan Carlos I —quizás el símbolo más relevante de la fundación del actual sistema político— no ha sido otra cosa que un súper comisionista. El que fue durante casi cuatro décadas el jefe del Estado se dedicaba exactamente al mismo negocio que Tomás Díaz Ayuso o que Koldo García; es decir, a conseguir para determinadas empresas suculentos contratos con el sector público. La diferencia es que Juan Carlos I lo hacía a cara descubierta, con el aplauso mediático, protegido por la impunidad que le garantiza el artículo 56.3 de la Constitución y cobrando comisiones muchísimo mayores que las de el hermano de la presidenta de Madrid o el asesor de José Luis Ábalos.

En lo que respecta a los dos grandes partidos que sujetan el régimen del 78, no nos puede sorprender que la dinámica corrupta haya estado tan extendida en sus estructuras en las últimas décadas cuando ambos partidos son abiertos defensores del actual sistema económico de capitalismo de amiguetes y ninguno tiene ningún problema con la colocación de los suyos en diferentes puestos bien remunerados en el sector público como premio a su trayectoria, o incluso con las puertas giratorias que han cruzado numerosos exministros y hasta un par de expresidentes. La distancia que hay entre esa operativa y cobrar una comisión por intermediar en un contrato público es bastante pequeña.

El ‘caso Koldo’, como todos los grandes casos de corrupción del bipartidismo, presenta además características evidentes que revelan su naturaleza estructural. A diferencia de lo que afirmó la vicepresidenta ayer en el Congreso, la trama que está empezando a salir a la luz se extiende mucho más allá que a un pequeño grupo de golfos. Cada día que pasa, se publican nuevos datos que amplían la sombra de la sospecha y multiplican los hilos y las conexiones.

No solamente sabemos que la trama corrupta vendió mascarillas al gobierno de Baleares, al de Canarias, al ministerio del Interior, al de Sanidad o a diferentes organismos públicos asociados al ministerio de Transportes —todos ellos dirigidos por altos cargos del PSOE—. Además, hemos conocido que la trama fichó a una persona cercana al PP —Jacobo Pombo— para tener acceso a este partido, que el ministro Zoido del PP dio una medalla a Koldo García, que el periódico La Razón premió a la empresa que está en el centro del caso, que Koldo y su familia pagaron al menos 45.000€ en concepto de diferentes gastos a José Luis Ábalos, que el gobierno de Francina Armengol tardó casi tres años en denunciar las mascarillas defectuosas, lo hizo el último día de su mandato y el PP dejó caducar el expediente cuando llegaron al gobierno de Baleares, que el cuñado de Patxi López y también personas relevantes del PNV han estado conectadas con la trama —como publicaba ayer El Salto— o que las sociedades pantalla utilizadas para la operativa corrupta provienen de viveros que han suministrado este tipo de empresas en casos similares relacionados con Isabel Díaz Ayuso o con la infanta Elena y el caso Nóos.

El 15M ya señaló que la corrupción era una característica estructural del bipartidismo, y no parece que haya cambiado gran cosa durante la última década. Aunque el PSOE haya aprovechado la sentencia de la Gürtel para acceder a la presidencia mediante la moción de censura de 2018, nadie es capaz de señalar una sola medida eficaz contra la corrupción que hayan puesto en marcha los socialistas desde que llegaron a Moncloa. Lo que revela el ‘caso Koldo’ es que los dos partidos del sistema del turno siguen funcionando como toda la vida y que lo único que parece ser eficaz contra la corrupción es votar a partidos que nunca han sido infectados por ese virus porque llevan, desde su nacimiento, los correspondientes anticuerpos escritos en su ADN.


Madrid –

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