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Los colonos y el placebo diplomático

Quizás el PSOE piense que le viene bien suministrar placebo diplomático a la opinión pública española. Pero eso no soluciona absolutamente nada y no lo hace menos cómplice del horror más oscuro en lo que llevamos de siglo XXI


Ayer lunes, el gobierno de Pedro Sánchez anunciaba —por boca de su ministro de Exteriores, José Manuel Albares— que, tras no alcanzarse la unanimidad entre todos los estados miembro de la Unión Europea, España iniciará de forma individual acciones encaminadas a establecer sanciones contra algunas decenas de colonos israelíes violentos que atacan a los palestinos en Cisjordania.

Absolutamente protegidos por la impunidad que les brinda el Estado sionista, cientos de miles de colonos israelíes han ocupado, en las últimas décadas y de forma completamente ilegal, enormes extensiones de terreno de soberanía supuestamente palestina en Cisjordania. Muchos de ellos, armados hasta los dientes, se dedican a aterrorizar —e incluso a asesinar— a las familias palestinas que viven en la zona.

Parece evidente que cualquier medida que se tome contra estos escuadristas tiene que ser bienvenida. Sin embargo, resulta enormemente inocente pensar que se puede limitar en alguna medida su operativa mediante la congelación de activos financieros en el extranjero o la prohibición de viajes al mismo tiempo que no se hace nada contra el poderoso Estado de Israel, que es quien los protege. Además, es —cuando menos— difícil de explicar que España actúe contra un puñado de forajidos en Cisjordania pero no haga absolutamente nada para frenar un genocidio que se cobra la vida de un promedio de 100 niños y niñas al día en la Franja de Gaza. Siendo muy grave lo que ocurre con los colonos, es órdenes de magnitud más sangrante lo que está ocurriendo con el exterminio masivo de seres humanos en la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Que se empiece por lo primero mientras no se hace nada al respecto de lo segundo nos despierta legítimas sospechas. Si, además, añadimos que la misma medida ya ha sido tomada por férreos aliados de Israel, como Francia, Reino Unido o Estados Unidos, las sospechas no paran de acrecentarse.

Congelamos las cuentas e impedimos viajar a un puñado de ultraortodoxos violentos pero no cortamos relaciones diplomáticas con el todopoderoso Estado que los protege, ni sancionamos a su cúpula política, ni dejamos de comprarles y venderles armas, ni nos sumamos a la demanda por genocidio que ha iniciado Sudáfrica contra Israel y sobre la cual la Corte Internacional de Justicia de la ONU ya ha dicho que existen indicios más que suficientes. No lo sé Rick…

En medicina, se denomina ‘placebo’ a una falsa medicina que se suministra al paciente bajo apariencia de tratamiento terapéutico real pero que, en verdad, no contiene ni una sola molécula de principio activo

En medicina, se denomina ‘placebo’ a una falsa medicina que se suministra al paciente bajo apariencia de tratamiento terapéutico real pero que, en verdad, no contiene ni una sola molécula de principio activo. A menos que se trate de una dolencia muy menor con una componente psicosomática, y entonces pueda tener un mínimo efecto positivo mediante la influencia que su ingesta haya podido producir en la psicología del paciente, lo normal es que el placebo no haga absolutamente nada.

El principal partido del gobierno montó este pasado fin de semana —con la ayuda de Sumar y de los sindicatos CCOO y UGT— una manifestación descafeinada, sin el concurso de los movimientos pro-Palestina que han organizado todas las demás, evitando en la convocatoria la palabra ‘genocidio’ —palabra que, a día de hoy, ni Pedro Sánchez ni Yolanda Díaz han pronunciado ni una sola vez en público, como sí ha hecho Lula— así como evitando también cualquier mención o exigencia concreta a Netanyahu. Lo hizo, como es evidente, con el único objetivo de lavar su imagen en un tema que le puede pasar factura política y electoral.

Ayer, Albares anunciaba una medida que ya han tomado los principales apoyos internacionales que sustentan el genocidio israelí y que es evidente que no va a alterar ni medio milímetro la situación en Palestina. Quizás el PSOE piense que le viene bien suministrar placebo diplomático a la opinión pública española. Pero eso no soluciona absolutamente nada y, por tanto, no lo hace menos cómplice del horror más oscuro que está contemplando la humanidad en lo que llevamos de siglo XXI.


Madrid –

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Editorial

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