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Mónica Oltra

Mónica Oltra y cómo ganan los malos

Claro que ganaron los malos cuando Mónica Oltra se vio forzada a dimitir. Pero la puntilla definitiva no se la dieron ni los neonazis querellantes, ni los jueces corruptos, ni siquiera el escándalo montado por la derecha mediática y condición de posibilidad de cualquier operación de lawfare


«Me voy con la cara bien alta. Pero también he de confesarles que con los dientes apretados. Con los dientes apretados por muchas cosas. Pero en las [cosas] políticas, que son las más importantes, me voy con los dientes apretados porque esta historia pasará a la historia de la infamia política, jurídica y mediática de este país. ¡Que ninguno se preguntará de aquí a 20 años —de aquí a 20 meses— qué cojones pasa en este país! Porque este país tiene un problema cuando se absuelve a corruptos, cuando M. Rajoy no es un indicio y se encausan inocentes, y pasan Vickys Rosells, y Albertos Rodríguez y «las niñeras». Y este país tiene un problema cuando no nos defendemos de la extrema derecha. Este país tiene un problema cuando nos desubicamos. Ganan los malos. Lo que más siento de eso y lo que querría evitar es que ninguna persona de este país piensa que no es posible hacer políticas de izquierdas, que no es posible plantar cara al poder, plantar cara a la corrupción, plantar cara a la oligarquía y a los poderosos. Nos están fulminando uno a uno con denuncias falsas. Y el día que ustedes quieran reaccionar les habrán fulminado también a ustedes.«

Estas eran las palabras que pronunciaba Mónica Oltra a principios de junio de 2022 en la rueda de prensa en la que anunciaba su renuncia a la vicepresidencia del Govern de la Generalitat Valenciana y a su escaño en Les Corts después de ser imputada por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, acusada de haber encubierto desde el gobierno autonómico los abusos a una menor por los que su exmarido fue finalmente condenado.

«Ganan los malos», dijo Mónica Oltra al borde de las lágrimas. Y, efectivamente, ganaron los malos. Porque, aunque ayer el juez Vicente Ríos Segarra —titular del juzgado de instrucción número 15 de Valencia que recogió el caso una vez que Oltra dejó de estar aforada como diputada autonómica— decidiera archivar definitivamente el procedimiento judicial al no encontrar «un solo indicio» de que se haya cometido ningún delito, aunque la «justicia» haya decretado con su sello la inocencia de la entonces líder de Compromís, los malos ya ganaron en aquellos infames días de principios de junio de 2022. Porque, con la imputación y posterior dimisión de Mónica Oltra se enfiló la proa hacia la pérdida del govern del Botànic en las elecciones de mayo de 2023, el final de la carrera política de Ximo Puig y la recuperación del poder en aquella tierra por una de las federaciones más corruptas del PP, esta vez acompañados por los neofascistas de VOX. Aunque ahora se archive el caso, los objetivos de aquellos que promovieron la operación de lawfare ya se cumplieron sobradamente hace aproximadamente un año.

Así que sí, ganaron los malos. Pero no fueron «los malos» —en la primera acepción en la que puede pensar el lector o lectora— los que dieron el golpe definitivo para el asesinato político de Mónica Oltra. No fue la neonazi Cristina Seguí la que mató a Oltra mediante la introducción de la querella fake. No fue tampoco ni Francisco Camps ni el presidente del Grupo Ribera Salud, dueño de varios de los hospitales desprivatizados por el govern del Botànic y protagonista de una foto junto al ex president corrupto y a la querellante que enseñó la propia Oltra en Les Corts, los que atestaron el golpe definitivo. Tampoco los magistrados del TSJCV, Pilar de la Oliva Marrades, Antonio Ferrer Gutiérrez y Vicente Torres Cervera, quienes, bordeando la prevaricación, decidieron imputar a Mónica Oltra al hallar esa «serie de indicios plurales» que dos años después acabarían en nada. Ni siquiera fue la instrucción —larguísima y posiblemente delincuencial— que llevó a cabo el juez Vicente Ríos Barrera ni tampoco los brutales ataques por parte de la derecha y la extrema derecha política y mediática lo que acabó con la carrera de Oltra y con el gobierno progresista en la Comunitat Valenciana. Todos esos operadores reaccionarios tuvieron, por supuesto, un papel fundamental a la hora de iniciar el proceso y hacerlo posible, pero el éxito último de la cacería no es mérito suyo.

Con la imputación y posterior dimisión de Mónica Oltra se enfiló la proa hacia la pérdida del govern del Botànic en las elecciones de mayo de 2023, el final de la carrera política de Ximo Puig y la recuperación del poder en aquella tierra por una de las federaciones más corruptas del PP

Justo después de ser imputada, los periodistas corruptos Antonio García Ferreras y Ana Pastor eran invitados a una sección especial de La Sexta Noche para bajar el pulgar a Oltra desde la cadena de televisión supuestamente para el público de izquierdas. Y no lo hacían de cualquier forma. El mecanismo elegido fue la invención de un bulo. Tanto Ferreras como Pastor dijeron varias veces que Mónica Oltra había dicho en el pasado que, cuando un político es imputado, tiene que dimitir. No fueron capaces de enseñar en el programa ningún corte de vídeo que mostrase a Mónica Oltra diciendo esto sencillamente porque no existe. Se trataba de un ejemplo más de la operativa corrupta marca de la casa del «es demasiado burdo, pero voy con ello». La periodista Cristina Pardo se sumó a la difusión del bulo en las redes sociales y Elisa Beni disparó en repetidas ocasiones contra Oltra desde las páginas de eldiario.es.

Una vez que Ferreras —la persona que decide a qué portavoces de la «izquierda» da visibilidad mediática y a cuáles no— señaló el camino y buena parte de la progresía mediática hizo lo propio (o simplemente renunció a defender a la vicepresidenta), muchos entendieron perfectamente lo que tenían que hacer.

Cuando preguntaron a Yolanda Díaz en la rueda de prensa del Consejo de Ministros por la imputación de la persona con la que, apenas unos meses antes, había protagonizado un acto en Valencia que sería uno de los gérmenes de lanzamiento de Sumar, Díaz contestó lo siguiente: «En relación al asunto de Mónica Oltra, lo que me compete a mí decir, como siempre digo, es que esperemos a su declaración el próximo [día] seis y dejemos actuar a la justicia. Digo siempre lo mismo, en cualquier situación. Por tanto, nada más que esto.» Joan Baldoví —el que sería un año después el candidato a las elecciones autonómicas en sustitución de Oltra— rechazó ir a apoyarla públicamente en su declaración en la Ciudad de la Justicia. Iñigo Errejón —compañero, por aquel entonces, de Baldoví en el Grupo Parlamentario Plural— saludó, por su parte, la violenta dimisión de Mónica Oltra calificándola de «valiente» y señalando que así «protegía las políticas progresistas del govern del Botànic» (ergo, el no dimitir habría conseguido lo contrario).

Claro que ganaron los malos hace dos años cuando Mónica Oltra se vio forzada a dimitir. Pero la puntilla definitiva no se la dieron ni los neonazis querellantes, ni los jueces corruptos, ni siquiera el escándalo montado por la derecha mediática y condición de posibilidad de cualquier operación de lawfare. El último e irreversible empujón corrió a cargo de la progresía mediática y de ese sector de la «izquierda» que piensa que es legítimo e inteligente poner la táctica por encima de la decencia cuando están acribillando a una compañera. Claro que ganaron los malos en junio de 2022, y es precisamente así como ganan.


Madrid –

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