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IG Darina Trebykh

El ABC utiliza a una exmodelo francotiradora ucraniana para hacer apología de la guerra

Siguiendo la estrategia del “purplewashing” israelí o norteamericano, la prensa conservadora española instrumentaliza a las mujeres para justificar el apoyo militar a Ucrania


Hace apenas unas semanas, el diario ABC publicaba una pieza en la que usaba el testimonio de una mujer soldado hispano-israelí para dar una imagen amable del ejército de Israel en plena campaña militar contra la población civil de la franja de Gaza. Ayer mismo, el patrón se repetía, esta vez, en Ucrania.

Bajo el título “armadas y peligrosas”, el diario ABC publicaba una pieza usando de nuevo la historia individual de una mujer, Darina, una exmodelo ucraniana reconvertida a soldado y miembro de un grupo exclusivo de mujeres, las “Valquirias Ucranianas”. Dejando aparte la elección del nombre —las valquirias son parte de la mitología nórdica, muy del gusto de los grupúsculos de extrema derecha presentes en el este de Europa—, el artículo repite los mismos argumentos que con la soldado israelí, presentando a una mujer “empoderada” que decide tomar las armas para la defensa nacional de su territorio y que se entrena con orgullo en el montaje y desmontaje de armamento ligero.

El artículo también incide en la cuestión del grupo, presentando a las Valquirias como un colectivo exclusivo de mujeres que realiza jornadas de captación (así son, literalmente, descritas en el texto) para unirse a unidades de combate. Si bien en el texto afirman que “no sustituye a un entrenamiento militar” son una “toma de contacto con la cotidianeidad de la lucha” en la militarización social a la que se ha conducido a la sociedad ucraniana.

El fetiche de la “soldado” erotizada y funcional a la propaganda de guerra ha sido una estrategia usada en conflictos recientes, tanto en Israel como en Ucrania. Aunque a menudo las historias de estas combatientes se presentan como ejemplos de autonomía e igualdad de las mujeres en el marco de unas fuerzas armadas progresistas y con voluntad “civilizadora”, otras veces, como en esta pieza, encajan perfectamente con el ideario consevador y tradicionalista que domina en gran parte del país, presentando a las combatientes : «Muchas mujeres ahora tendrán un tema de conservación con sus maridos y podrán comprender mejor todo lo que pasaron en las trincheras. Eso también es importante para todos los ucranianos y para mi país». 

En ninguno de los dos casos, las cifras objetivas respaldan el relato: en Israel, las FFAA israelíes no son ningún espacio progresista, sino que reclutan obligatoriamente y por ley mujeres para su servicio militar salvo causas de exención por estar casadas, embarazadas, haber sido madres, o por motivos religiosos. Según publicaba Haaretz en 2022, una de cada tres soldados en las IDF israelíes había sufrido abusos sexuales. En cuanto al ejército ucraniano, las mujeres pudieron unirse al ejército sólo a partir de 2018, en el contexto del gobierno etnonacionalista de Petro Poroshenko en busca de legitimidad internacional y ante la necesidad de ampliar el poder de su ejército por la guerra, ya entonces en curso, en Donbass. De las aproximadamente cuarenta mil mujeres activas, (las cifras son opacas y varían) cinco mil tienen puestos de combate, y también han denunciado discriminación en las estructuras militares, donde se usan a menudo mucho más como un reclamo —llegando a usar mujeres muy jóvenes para la propaganda en redes sociales, como ocurriera con Israel— que como iguales en la jerarquía militar.

Mientras ABC aplaude el reclutamiento de ciudadanía para la causa militar, la crisis interna se agrava en Ucrania y el apoyo internacional al mantenimiento del conflicto disminuye, a la vez que cae la popularidad de Zelensky en el país. Algunas cifras apuntaban este verano a que más de veinte mil hombres han huído del país para evitar su reclutamiento, recientemente, Arestovich, del propio equipo de Zelensky, reconocía que podían ser hasta cuatro millones los ucranianos que han salido del país para no ser parte de la masacre militar en la que se ha convertido el país. La posibilidad de unos acuerdos de paz, -como los que fueron frustrados en la primavera de 2022- vuelven a aparecer sobre la mesa, a riesgo de cronificar de nuevo el conflicto como ocurriera tras las ofensivas de 2014 y los fracasados pactos de Minsk I y Minsk II.


Madrid –

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