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Congreso de los Diputados convalidó la reforma laboral — Twitter (X) Congreso

Aquellos días cambiaron la izquierda (II)

Los pormenores de la aprobación de la reforma laboral de 2021 dejan entrever que las disputas en el espacio político de la izquierda no son personales, como se insiste desde el poder mediático, sino eminentemente políticas e ideológicas


La reforma laboral del Gobierno de coalición, en esencia, simplificó las modalidades de contratación laboral para impulsar la contratación indefinida, en la línea comprometida con la Comisión Europea y marcada por las recomendaciones del Semestre Europeo. Dado que no se derogaron los recortes de las indemnizaciones por despido aprobados por el Partido Popular en 2012, el resultado de la operación se aproxima a la introducción del “contrato único”, propuesta abanderada en España por Ciudadanos.

La reforma laboral de 2021 se aprobó mediante Real Decreto-ley, algo que se debe criticar en tanto que, a pesar de que el Tribunal Constitucional desde hace décadas ha flexibilizado sobremanera los requisitos para que el Gobierno apruebe este tipo de normas, parece evidente que en una reforma tildada de estructural (negociada durante varios meses y comprometida previamente con la Comisión Europea) no concurría la exigencia de extraordinaria y urgente necesidad. No hay que olvidar que el uso abusivo del Real Decreto-ley en un sistema parlamentario como el español socava la posición del Congreso de los Diputados.

Ahora bien, como un Real Decreto-ley debe ser convalidado o no en el Congreso de los Diputados, la votación posterior abrió una grieta determinante en el espacio político de la izquierda. Podemos defendió que había que atender las demandas de ERC y Bildu en la tramitación como proyecto de ley en Congreso, pero Yolanda Díaz se opuso a modificar un texto que había sido pactado con los interlocutores sociales, una posición que suponía entregar un derecho de veto a la patronal frente a la legitimidad democrática del Parlamento. Recuérdese que la reforma laboral de 2012 se aprobó sin el visto bueno de los sindicatos. Finalmente, el 3 de febrero de 2022, la reforma salió adelante en el Congreso con los votos de Ciudadanos y el célebre error de Alberto Casero. La estrategia política de Yolanda Díaz había quebrado la unidad de acción del bloque democrático y plurinacional.

Negociar en un Gobierno de coalición desde una fuerza minoritaria con el PSOE y las presiones de Bruselas es objetivamente difícil. No derogar la reforma laboral del PP, a pesar del compromiso programático, entraba dentro de lo posible en una democracia tan débil como la española. Ahora bien, sí es cuestionable que Yolanda Díaz haya venido criticando la estrategia del “ruido”, que consiste en defender legítimamente en una negociación posiciones políticas de izquierdas a pesar de las fuertes corrientes mediáticas. Quizás no hubo ruido suficiente. Y, desde luego, es a todas luces reprobable que, no habiendo logrado derogar la reforma laboral del PP, Yolanda Díaz tratara de ocultar la derrota con todo tipo de artimañas discursivas o mentiras como la imposibilidad técnica de la derogación. Es comprensible que cualquier dirigente trate de sobredimensionar sus logros, pero la izquierda debería hacer pedagogía cuando no puede: la honestidad no se negocia.

Aunque ya existía algún precedente de interés, con la reforma laboral Yolanda Díaz superó el test de idoneidad del sistema político de 1978. Había acreditado su capacidad de ocultar la derrota de la izquierda y de abogar por la geometría variable frente a la articulación del bloque democrático y plurinacional. Es difícil saber el alcance de las contrapartidas, que pueden ser perfectamente tácitas en forma de apoyos mediáticos, pero parece plausible situar la no derogación de la reforma laboral del PP como un momento de gestación de la operación Sumar. El reciente recorte en las pensiones de los parados mayores de 52 años, rechazado en el Congreso, se entiende mejor a la luz de aquellos días que cambiaron la izquierda. Transas, transas, transas, cantaba Charly García.

Alentada por Europa, la reforma laboral de 2021 ha tenido algunos efectos positivos, aun moderados, en la reducción de la temporalidad, a pesar de que la derecha se empeña en retorcer los datos por politiquería; pero, en términos globales, la reforma encarna una dolorosa derrota de las fuerzas del trabajo. Ciudadanos (creo que Casero no) sabía lo que votaba.

Los pormenores de la aprobación de la reforma laboral de 2021 también dejan entrever que las disputas en el espacio político de la izquierda no son personales, como se insiste desde el poder mediático, sino eminentemente políticas e ideológicas. Al mismo tiempo, la ciudadanía debe ser consciente de que el bloque de poder de la derecha, de una u otra manera, interviene en el devenir de aquel espacio con la finalidad de que la izquierda (o algo con tal apariencia) sea dócil y funcional a sus intereses. Aquellos días cambiaron la izquierda.


La primera parte de este artículo se publicó en Diario Red el 14 de enero de 2024 en este enlace.

Madrid –

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