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Miembros del CGPJ a la salida del pleno sobre la amnistía — Carlos Luján / Europa Press

Demócratas contra jueces

Hay que democratizar a esa gente, que conspira con togas y a lo loco, si queréis que un voto libertario o de izquierdas o peneuvista o de pedriyolicentro siga sirviendo para algo


Me gusta esta legislatura disparatada y entrópica que ahora empieza. Nacionalistas y españolistas, ecologistas y taurinos, federalistas y autonomistas, jacobinos, machirulos y feminazis, socialistas, comunistas, anarcolíricos, liberal-cristianos, garciapageros, demócrata-cristianos, regeneracionistas, reformistas, ordoliberales, idealistas, trepas y hasta un notario de Pamplona que viene a la movida se van a tener que poner de acuerdo para legislar.

El bloque de investidura se formó fácil. El guirigay que acabo de describir se unió en causa común contra un bloque de enfrente que solo admite dos adjetivos: cristofachas más cristofascistas, y punto: así no hay quien alimente el vocabulario.

Pedro Sánchez, tan mono y pinturero internacionalmente, para pedir el sí solo tuvo que decirle a cada uno lo que cada uno deseaba oír, salvo a pretty Yolanda, con quien le bastó regalarle el estuche dentífrico de Louis Vuitton para que no cejara en su perfumada revolución risueña

Pedro Sánchez, tan mono y pinturero internacionalmente, para pedir el solo tuvo que decirle a cada uno lo que cada uno deseaba oír, salvo a pretty Yolanda, con quien le bastó regalarle el estuche dentífrico de Louis Vuitton para que no cejara en su perfumada revolución risueña. A las barricadas sí, pero de buen rollo y muda limpia. Ay, Durruti.

Lo que pasa es que ahora toca coger pluma y papiro en el Congreso y ponerse a redactar leyes. Y no ve uno a PNV, Coalición Canaria y Junts con ánimos de topar los alquileres, gravar los beneficios piratas de eléctricas y bancos, ir anulando los privilegios con que la Iglesia y sus pederastas nos levantan 11.000 millones al año a base de prebendas y exenciones fiscales, y yo qué se qué más. Tampoco Yolanda Díaz, ministra de Trabajo avalada por números excelentes, notable animal político, va a tener permiso para poner los tacones encima de la mesa del presidente de la CEOE, cual hizo con Garamendi. Y no te digo nada con las patronales catalana y vasca.

Solo observo, en mi pertinaz ignorancia, un objetivo que los puede unir a todos: redemocratizar la Justicia, levantar la falda de los jueces, enseñarle al mundo sus vergüenzas.

Todos los actores de esta extraña coalición han sido atacados por los jueces. Incluido el PSOE: hace nada, un juez exculpó a Federico Jiménez Losantos por decir en antena que José Luis Ábalos había portado “maletas con cocaína, con oro o con divisas” en el aeropuerto de Barajas. Ábalos, elegido democráticamente, cayó. Jueces y Federico siguen a sus largas y a sus anchas.

Esta legislatura nace de un hecho jurídico, la ley de amnistía, y no debe morir sin dinamitar las trincheras de la estructura judicial que nos llevó a este callejón sin salida. O sea, no podemos seguir pareciendo demócratas sin cargarnos (metafóricamente) a unos jueces descerebrados capaces de inventarse que Carles Puigdemont mató a un señor mayor el 1-O por infarto inducido, y por lo tanto es un terrorista.

A los patriotas manifesteros de las banderas del aguilucho, las muñecas hinchables, los símbolos nazis y las pulseritas rojigualdas habría que explicarles —qué pereza— que la ley de amnistía es como el toro bravo, que no existe. El toro bravo es un animal vegetariano de la misma especie que la vaca, y solo se encabrona cuando lo drogan, lo encierran en un chiquero donde no puede ni mover el rabo, le echan gotas en los ojos para dilatarle las pupilas y que no vea, lo apalizan, y lo meten dentro de un estruendo vociferante, la plaza, cuando él solo está acostumbrado al bucólico pacer silencioso de los prados junto a su dulce y amorosa vaca Martiña, que es como se llaman las más elegantes vacas.

Pues habrá que decirle a nuestros taurinos patriotas que esta ley de amnistía es muy y mucho más española, más patriotera, más torera y más gitana que cualquiera de sus banderitas. Pues, sin esta ley de amnistía, España y lo español, y hasta Manolo Escobar, hubiera sido ridiculizada judicialmente en Europa y en el resto del mundo, por casposa, facha y pendenciera.

Ya nos han advertido diversos y muy respetables organismos internacionales de que los jueces españoles, con el procés, se han pasado tres pueblos, cuatro nacionalidades históricas y una unión europea tan débil como imprescindible.

Tribunales de Alemania, Bélgica, Escocia, Italia y Suiza, que yo recuerde, ya denegaron las peticiones de detención y entrega de los procesistas. Que es una manera de decirle a nuestros jueces que os estáis pasando, banda de franquistas. Y no os entregamos al reo porque no lo consideramos reo y no ha cometido ningún delito.

Según la Comisión Internacional de Juristas (creada en 1952 como consejo de sabios para la observancia del derecho internacional), “las condenas representan una grave interferencia con el ejercicio de la libertad de expresión, asociación y asamblea de los líderes catalanes. [Son] innecesarias, desproporcionadas e injustificables”.

El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas dijo que “España ha violado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que firmó en 1985, y se le insta a que explique qué medidas piensa aplicar para reparar el daño”.

O sea, queridos fascistas, para que me entendáis con vuestro lenguaje: Europa y el derecho internacional nos conminan a quitarle la banderilla al toro catalán y luego darle betadine. Y el betadine es la amnistía.

Ahora es lo que se ha hecho. Y los procesistas no salen impunes. Artur Mas ha pagado ya cinco millones de euros de responsabilidad patrimonial, y no se los van a devolver. Tampoco se compensará a Puigdemont por tantos años de exilio. Ni al bendito de Oriol Junqueras, que se comió cuatro años de cárcel y salió del talego con un única queja: que no le dejaran escuchar misa todos los días.

Sin esta ley de amnistía, durante varios años España y su españolidad se verían ridiculizadas por el entorno jurídico europeo y universal, como ya ocurrió con varias sentencias contra el independentismo vasco. Me acuerdo de 2011, cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos obligó a España a pagar 20.000 euros a Arnaldo Otegi por vulnerar su derecho a la libertad de expresión tras llamar ladrón, sinónimo de borbón, al rey Juan Carlos.

Si seguimos así, el independentismo lo vamos a sufragar los españoles a base de multas e indemnizaciones. Van a ser independentistas rentistas.

Lo cual que tenemos unos jueces que, en vez de solucionar problemas, los crean con alegría y anfetamínica fachosidad. Pasean con toga/tanga por nuestra convivencia, ignorando quién es el M. Rajoy de los papeles de Bárcenas, criticando desde el CGPJ una ley que no han leído, pero condenando a Junqueras a una pena de cárcel, que se suele aplicar a los homicidas, por poner unas urnas flower-power. O inhabilitando a un president de la Generalitat, Quim Torra, por colocar un lacito amarillo en un balcón. Entre un lacito amarillo y medio millón de euros negros de un Mariano en los papeles de Bárcenas, yo no sé si es muy digno que un juez se preocupe más por el lacito amarillo.

Como damos por supuesto que esta legislatura no va a dar mucho de sí en lo laboral, en la defensa de lo público, en lo solidario y en lo redistributivo, quizá sea el momento de meterle mano a los jueces, a los que, además, no es necesario bajarles la bragueta. Llevan con las togas en la cintura desde hace tanto tiempo que, a lo mejor, podrían ganarse otro sobresueldo en despedidas de soltero haciendo de strippers.

No son el PP, ni Vox, ni Ciudadanos los causantes de nuestra degradación democrática. Tampoco los medios de comunicación, que sin la connivencia de los jueces y su filtración de disparatadas conspiraciones, no podrían publicar barbaridades. Son los jueces. Hay que ir a por los jueces. Exigirles responsabilidad. Aplacarlos desde el legislativo devolviendo al sistema democrático la separación de poderes, que ellos incumplen. Lo espero de este gobierno, pero no sé cómo. Soy un poco paleto, como ya sabréis.

Lo malo de nuestras democracias es que nos entorpecen a los demócratas luchar contra los antidemócratas a través de la judicatura. Es tan lioso el asunto que me voy a tomar una copa y lo dejo en manos de Pedro, de Yoli, de Carles, de Aitor, de mi querido paisano Néstor Rego, de Gabriel, de Óscar y de los que me olvido. Hay que democratizar a esa gente, que conspira con togas y a lo loco, si queréis que un voto libertario o de izquierdas o peneuvista o de pedriyolicentro siga sirviendo para algo.


Madrid –

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