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El ex ministro de justicia del PSOE, Juan Carlos Campo y hoy miembro del TC — Isabel Infantes / Europa Press

El ‘lawfare’ de Schrödinger

Para el PSOE hay un sesgo patriarcal de la justicia y un ‘lawfare’ de Schrödinger. Que cuando le viene bien para disputarle el feminismo a su adversaria por la izquierda no existe y cuando está en otra pelea, sí existe


Los conatos fugaces de valentía del PSOE, de los que muy de vez en cuando les da por hacer gala, además de tímidos son, ante todo, selectivos.

Desde luego llama la atención que la misma semana que montan el pifostio del siglo haciéndose los revolucionarios con una alusión explícita al ‘lawfare’ que ha operado en el tema catalán, el exministro de justicia socialista Juan Carlos Campo firme la inadmisión a trámite del recurso de amparo interpuesto por la ministra de Igualdad en funciones, Irene Montero.

Pero, como dijo Jack El Destripador (que no me acusen a mí de citar solo a referentes de mi cámara de eco), «vamos por partes», que la historia tiene su enjundia. Juan Carlos Campo detentó la cartera de Justicia durante el comienzo de la legislatura de Sánchez y hasta el mes de julio de 2021. Desde enero del 2023, es magistrado del Tribunal Constitucional. Haga cada cual su lectura al respecto de la independencia del Poder Judicial. El caso es que durante su periodo como ministro, la institución se encargó de elaborar mano a mano junto con el ministerio de Igualdad la redacción de la reforma penal contenida en la Ley Solo Sí es Sí. Esa reforma de la que luego el PSOE renegaría, como si nada hubiesen tenido que ver con ella.

¿Se atrevieron, entonces, a hablar de ‘lawfare’? ¿Se atrevieron, siquiera, a reconocer que existen sesgos machistas en la justicia del mismo modo que en el resto de ámbitos de una sociedad patriarcal erigida precisamente sobre la ausencia absoluta de perspectiva de género? ¿O prefirieron callar, sacar la artillería Llop de «la heridita» contraviniendo la que había sido su propia propuesta penal, actuar como cómplices de una estrategia multiactoral de deslegitimación del feminismo, convertir a Irene Montero en el chivo expiatorio definitivo?

Por otro lado, en mayo de 2022, el Gobierno de coalición en su conjunto (Pedro Sánchez y la entonces ya ministra de Justicia Pilar Llop) aprobaba definitivamente el indulto a María Sevilla –que había sido condenada por secuestrar a su hijo– con el fin de dar legitimidad y apoyo a las madres protectoras que defienden de la violencia vicaria y adultocrática a sus hijos e hijas.

Considerando, se entiende, que la condena que se le había impuesto había sido injusta, sin la perspectiva de género necesaria para entender casos como el suyo en toda su dimensión.

Pero la trama se complica. El ex de Sevilla, Rafael Marcos, jaleado por la manosfera y petándolo en TikTok, decide interponer una demanda contra Montero por, según él, vulnerar su derecho al honor. En concreto se refiere a las palabras empleadas por la representante de Igualdad en la comunicación posterior a la aprobación del indulto (que, recordemos, no fue una idea de la loca feminazi de Irene Montero, sino una decisión unánime del Ejecutivo).

¿Cómo puede ser inadmitido el recurso de amparo de Montero, condenada por decir el motivo por el que el Gobierno le otorga a Sevilla el indulto y el Supremo lo ratifica, sin estar negando los motivos por los que el Gobierno le otorgó a Sevilla el indulto?

Según Marcos, parece ser que de «que las instituciones protejan de forma efectiva a todas esas madres protectoras que se están defendiendo a sí mismas y también a sus hijos e hijas frente a la violencia machista» se infiere que él es un maltratador, a pesar de que no se mencione su nombre ni una sola vez. Y claro, el tío va, demanda y gana, porque no hay una sentencia que corrobore la violencia de género ejercida por él contra Sevilla. Un poco lo de siempre: la mayoría de nosotras ha sufrido violencia en pareja, violencia sexual, violencia económica, violencia, violencia y más violencia… Y nadie lo niega, pero no hay dios que reconozca haber sido él el que la haya ejercido. Pero entonces, si no hay maltratador, ¿de qué violencia machista dice Montero que las instituciones protegen a las madres protectoras? Y si no hay violencia machista, ¿por qué se otorgan indultos a las madres protectoras?

Algo que, por cierto, no es cosa del PSOE porque sean muy rojos ni nada: el PP de Rajoy otorgó a María Salmerón en un caso similar la friolera de tres indultos.

Así que la contradicción aquí del exministro Campo y el PSOE en general se vuelve un poema. ¿Cómo puede ser inadmitido el recurso de amparo de Montero, condenada por decir el motivo por el que el Gobierno le otorga a Sevilla el indulto y el Supremo lo ratifica, sin estar negando los motivos por los que el Gobierno le otorgó a Sevilla el indulto?

En fin, el galimatías se vuelve tan absurdo que no me siento capaz ni de enunciarlo. Lo que sí parece claro cristalino es que para el PSOE hay un sesgo patriarcal de la justicia y un ‘lawfare’ de Schrödinger. Que cuando le viene bien para disputarle el feminismo a su adversaria por la izquierda no existe y cuando está en otra pelea, sí existe. Ojalá la misma valentía que hay para con los amigos, cómodos e incómodos, de Sánchez algún día a la hora defender las conquistas feministas.


Madrid –

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