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Yolanda Díaz durante la presentación del último libro de Elisabeth Duval — Isabel Infantes / Europa Press

El odio a Podemos genera monstruos como Javier Milei

Para que llegue el fascismo no basta solo con los fascistas, es necesario que desde sectores progresistas se difunda el odio que la ultraderecha inocula contra aquellos dirigentes a los que pone en la diana


La entrevista de Elisabeth Duval, dirigente de Sumar, en El Salto, donde culpa a Irene Montero de la violencia que han sufrido las personas trans durante la tramitación de la Ley Trans, podría quedarse en una anécdota más de la escalada de reflexiones, opiniones y actitudes irracionales basados exclusivamente en el odio a Podemos. Así se podría inscribir también el hecho de que Sumar haya ejercido como un comando de ‘Desokupa’ en el Congreso y haya echado a los diputados de Podemos de sus despachos, que son del Congreso, de la soberanía popular, y en ningún caso de un partido político. 

Sin embargo, en esta feria de irracionalidades, es mejor detenerse en las consecuencias que genera este odio exacerbado hacia una formación política cuyo único delito ha sido desnudar al Estado del 78, a sus principales actores y servir de espejo para una progresía que acepta como natural ser mascota del poder y ser una anécdota a la izquierda del PSOE.

Para analizar a Podemos es más útil conocer en profundidad el peronismo que el hilo rojo de la izquierda española. Los morados son al sistema político español lo que el kirchnerismo es al sistema argentino, con una diferencia importante, entre otras, en Argentina el peronismo nació en los años 40 y Podemos en la década pasada. 

A veces se analiza la llegada de Javier Milei como un triunfo de la derecha argentina, sin embargo, Milei no hubiese existido si desde los propios sectores de la progresía argentina no se hubiese señalado al kirchnerismo con el odio con el que se le ha perseguido. Hay ahora operadores mediáticos y dirigentes políticos argentinos, como la exdiputada centrista Lilita Carrió o sectores de la derecha tradicional y hasta de la izquierda trotskista, exacerbados opositores a Cristina Fernández de Kirchner, llevándose las manos a la cabeza por la llegada de Javier Milei y por el desguace que planifica del Estado. 

Para que llegue el fascismo no basta solo con los fascistas, es necesario que desde sectores progresistas se difunda el odio que la ultraderecha inocula contra aquellos dirigentes a los que pone en la diana. A Podemos, como al kirchnerismo, se le acusa de que hace muy buenas políticas, incluso de que la gente con ellos vive mejor, tiene más derechos y la economía funciona, pero el problema son las formas. 

Es que Cristina era una “yegua puta” que estaba todo el día generando bronca, que en Argentina se llama grieta como en España se llama polarización. Es que Podemos, como el kirchnerismo, no solo quiere derechos para las clases medias, es que además defiende estos mismos derechos para las clases populares, para los sectores contra quienes la clases medias han construido su diferencia social y su aspiración a ser algún día parte de las élites.

Es muy fácil ser de izquierdas cuando las crisis económicas del capitalismo convierten en pobres a las clases medias con aspiraciones de ser élites. Lo difícil es serlo cuando las clases medias recuperan su estatus y se empieza a defender a los pobres que siempre vivieron en crisis. Ahí aparecen los monstruos del fascismo y los discursos transversales suenan a conservadores. 

El Iñigo Errejón del kirchnerismo, Daniel Scioli, es hoy un flamante secretario de Turismo del Gobierno del ultraderechista Javier Milei. Se dedicó durante años a ejercer de inquisidor del kirchnerismo desde dentro, a criticar las medidas económicas, el carácter y los gabinetes de Cristina Fernández de Kirchner, pero no tiene ningún problema en formar parte de un gabinete que niega los crímenes de la dictadura y que representa todo lo contrario de un proyecto democrático. 

El actual secretario de Turismo argentino, que hasta formó una corriente llamada ‘Frente Renovador’, criticaba a su espacio político cuando la inflación era del 50%, pero no tiene ningún problema en pertenecer a un gobierno que en solo dos meses ha elevado este índice hasta el 250%. 

Es lo mismo que sucede en Argentina con el peronismo y lo que explica que un personaje excéntrico como Javier Milei sea hoy presidente

Sumar está en el Gobierno y tiene 27 diputados, frente a los cuatro escaños de Podemos, lo que podría utilizar para hacer política y defender su proyecto, pero ni siquiera habiéndose quedado con el capital político de Podemos sus miembros son capaces de hacer política desde la racionalidad. No basta con ganarle a Podemos, hay que aniquilarlos, acabar con ellos, que desaparezcan de la faz de la tierra, que no quede nadie y quien se atreva a defenderlos será aislado socialmente, no aparecerá en el relato publicado y será vetado en los medios hegemónicos. La cultura del maltrato se sustenta en el aislacionismo de la víctima hasta hacerle creer a propios y extraños que está loca y es inservible para la vida social.

Es lo mismo que sucede en Argentina con el peronismo y lo que explica que un personaje excéntrico como Javier Milei sea hoy presidente. El odio a Podemos, como el odio al kirchnerismo, no es más que el odio a que las clases populares se organicen, a que ganen derechos, a que sean sujetos de pleno derecho, a que la política no la ejecuten nada más que las aristocracias de derechas, empresarios, banqueros y herederos, o de izquierdas, catedráticos, profesores de universidad, políticos o sindicalistas profesionales y altos funcionarios del Estado.

Por eso lo que más molesta de Podemos son las formas y no el fondo, por eso el principal insulto a Irene Montero es que era cajera de supermercado y el principal piropo hacia Yolanda Díaz es lo bien que viste, lo bien que se comporta, lo educada que es y que no desentona en los salones de la Corte. “Es comunista con carnet, pero no lo parece”, dicen quienes nunca la van a votar. 

Ese carácter popular de Podemos es lo que molesta, por eso desde su nacimiento se ha puesto a funcionar a todo el aparato profundo del Estado y también al poder mediático, que ha usado a figuras de la progresía para legitimar su odio y hasta para desprestigiar las primarias que permiten que una cajera de supermercado le gane a un diplomático de carrera para conformar una lista electoral. Nada hay más transversal que el machismo y el clasismo. 

Las políticas de Podemos han beneficiado y benefician incluso hasta a los sectores que no han votado ni votarán en la vida a los morados. Todo el daño que Podemos le ha hecho a este país es subir 400 euros en cinco años el salario mínimo, aumentar hasta las 16 semanas los permisos de maternidad y paternidad, generar un nuevo derecho como el Ingreso Mínimo Vital, que se pueda abortar en un centro sanitario público, la Ley Trans o el escudo social que ha protegido a familias, empresas y trabajadores durante el tiempo más duro de la pandemia, a pesar de que el PSOE aspiraba a activar créditos blandos para que los bancos hicieran (más) negocio con el COVID-19. 

Lo que no le perdonan a Podemos, como tampoco se lo perdonan al kirchnerismo, es haber demostrado que se puede gobernar haciendo lo que se promete en campaña, que es posible que los dirigentes políticos gobiernen para los últimos y no sólo para los primeros y haber demostrado que, a pesar de los límites de la democracia liberal, se pueden intervenir sectores estratégicos, cortar los beneficios infames de los bancos, tasar el precio de la electricidad y disputar el poder a quienes lo ostentan desde todos los flancos: cultural, político, mediático, económico y social. 

Llegará el día que la progresía inquisidora llore con lágrimas de cocodrilo que el modelo de sociedad conservador, castigador contra los valientes, silencioso y funcional para el marco de pensamiento de la ultraderecha triunfe definitivamente como ha triunfado en Argentina. Javier Milei no es el resultado de unas elecciones, ha sido creado a fuego lento durante años, es un producto perfecto de años y años de antiperonismo con noticias falsas, intentos de magnicidios, diabolización, deshumanización y el papel estelar como peones útiles de los llamados renovadores, moderados, heterodoxos, modernos, abiertos, dialogantes y cualquier epíteto que sirva para ocultar que trabajan para reforzar los marcos de pensamiento de la derecha desde las filas progresistas. 

Elisabeth Duval, Antonio Maestre o la violencia de tirar a los diputados de Podemos de sus despachos no es más que el monstruo que ha generado el odio a Podemos y que se ha alimentado en tertulias de la progresía que son el mejor abono político y electoral de la derecha. Lo esperanzador es que el odio no sirve para construir nada positivo, porque termina siendo el alimento que destruye al propio organismo donde habita. 


Madrid –

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