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Felipe VI, XXII Congreso de directivos CEDE — Álex Cámara / Europa Press

Felipe VI, ¿el último?

Este próximo martes, coincidiendo con su 18º cumpleaños, la princesa Leonor jurará la Constitución en las Cortes en una ceremonia que tendrá pantallas gigantes, banderas borbónicas y hasta un bando del alcalde de Madrid


Las últimas elecciones generales dejaron un panorama desolador para la Corona. Otra vez, la monarquía es minoritaria en la sociedad española y, en realidad, lleva siendo así desde hace mucho tiempo. La actitud vasalla de la dirección del PSOE no puede ocultar un hecho: el rey está en minoría. La mayoría de la sociedad no es monárquica, es democrática.

Este próximo martes, coincidiendo con su 18º cumpleaños, la princesa Leonor jurará la Constitución en las Cortes en una ceremonia que tendrá pantallas gigantes, banderas borbónicas y hasta un bando del alcalde de Madrid. Un esfuerzo notable de propaganda monárquica que ya dura días en muchos medios de comunicación y cuentas reaccionarias de las redes sociales. Este espectáculo versallesco diseñado para la llegada a la mayoría de edad de la hija del jefe del Estado raya el esperpento en una sociedad con una cultura democrática básica, donde la única forma de entender la democracia debería ser “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Lo militar antes que la democracia

El acto del día 31 de octubre reafirma la voluntad de la Corona de perpetuarse en la jefatura del Estado para mantenerse por encima de la soberanía popular y de la ley. De nuevo, la jura ante el poder civil está precedida por la Jura de bandera de Leonor en la Academia General Militar de Zaragoza, presidida por el rey y con el estandarte de Franco presente durante la ceremonia.

Esto no es un hecho nuevo. Se enraíza en un concepto básico: lo primero es la monarquía, que nace del poder militar, y después la democracia. Así fue hace casi 10 años en la ceremonia de coronación de Felipe VI, quien recibió primero la banda como capitán general de los ejércitos y después acudió a un Parlamento rodeado de militares a dirigirse a los representantes del pueblo.

Resulta sonrojante en el siglo XXI afirmar que la más alta representación del Estado pueda heredarse y ejercerse por una persona “no sujeta a responsabilidad”, en el marco de una supuesta modernización de la monarquía. Toda una afrenta a la racionalidad y al pensamiento democrático. 

Algo que complementan con la ausencia de información del CIS acerca de la monarquía. ¿Qué temen? ¿Tan raro es defender que la jefatura del Estado debe ser una institución democrática que no se puede heredar como si fuese una finca?

No deja de sorprender que, en el consenso de los medios de comunicación, aquellos que no comparten la existencia de la monarquía y crean que todas las magistraturas del Estado deben ser elegidas por procedimientos democráticos son presentados como una suerte de izquierdistas peligrosos. Algo que complementan con la ausencia de información del CIS acerca de la monarquía. ¿Qué temen? ¿Tan raro es defender que la jefatura del Estado debe ser una institución democrática que no se puede heredar como si fuese una finca?

Por mucha ceremonia que se haga el 31 de octubre, una pregunta seguirá flotando en el aire: Felipe VI, ¿el último?


Madrid –

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