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Entrega de los Premios Goya, Sevilla, Andalucía, febrero 2023 — María José López / Europa Press

Los dobles malvados

Son conscientes de que la montaña democrática se está moviendo, al menos, un milímetro, y en ese zarandeo pueden verse seria y políticamente muy dañados


El doble malvado en política es cuando alguien se convierte en su peor enemigo. Le aterra verse como otros le ven, por eso necesita crearse una realidad paralela, para eso, construyen un discurso de doble aspecto. Uno, es el que se transmite hacia afuera, la cara amable. Otro, hacia adentro, escondido. Es el que utilizan para eliminar, sin importarle los medios, al adversario político.

Un ejemplo de doble malvado por excelencia es el Partido Popular. No solo es una organización que se ha beneficiado de operaciones corruptas como la “trama Gürtel”, por las que, además, ha sido condenado. De hecho, ese partido recibió donaciones secretas de grandes empresarios para reformar su sede central, lo que obligó a Pablo Casado a anunciar, primero, una refundación, seguidamente denunció los contratos de las mascarillas del hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid. En un tris tras, fue cesado. No acaba aquí la cosa, estando en el Gobierno, utilizó el Ministerio del Interior durante años para fabricar bulos, falsas acusaciones y todo tipo de maniobras ilegales contra Podemos y sus dirigentes mediante lawfare, la cloaca policial y mediática. Los audios de Villarejo así lo corroboran.

Al mismo tiempo, en su punto de mira están los partidos independentistas, a los que querría ilegalizar. Para destruirlos creó una estructura policial para perseguir y espiar al margen de la ley a dichas formaciones nacionalistas y a sus dirigentes. También a personal funcionario y fiscales. A las familias de todos ellos. Como guinda del pastel está el bloqueo a la renovación del Consejo General del Poder Judicial, ocupado en abierta confrontación con la Constitución Española, aunque aquí ayuda la timorata e interesada posición del PSOE, lo que facilita el funcionamiento del Consejo como ariete de oposición al Gobierno de coalición progresista. Así llevan cinco añitos.

El doble malvado del Partido Popular, con la ayuda de la caverna mediática y falsos periodistas, impone silencio y un bozal informativo, exhibe sonrisa y esencia de “partido constitucionalista”, exigiendo responsabilidades al otro, con falsas alarmas, porque España se rompe, por supuesto, mientras, el doble yo, sigue cabalgando. La cuestión aquí, no obstante, es si se puede permitir la democracia española que gobierne un partido que miente, roba, espía fuera de la ley, obstruye el buen funcionamiento de las instituciones, haciendo uso ilegal de las mismas para beneficio personal, partidista y, persiguiendo a los adversarios políticos con todo tipo de maquinaciones fraudulentas. Y, por el contrario, se castigue a quienes han sido, son, sus víctimas.

Los dobles malvados tienen un punto en común, hacer irrelevante a Podemos, el denunciante de las maldades de los dobles malvados, de ahí su empeño

Otro ejemplo de doble malvado es el PSOE, aunque en este caso el componente es ideológico, de mantenimiento del régimen político salido del pacto del 78 que pasa porque no haya más izquierda que la que no cuestione dicho sistema sustentado en un bipartidismo que no discuta la monarquía parlamentaria como forma de gobierno.

El doble malvado del partido socialista se expresa de otra manera: una cosa es la que dice y otra la que hace. Así, al tiempo que se proclama como el partido de las libertades no deroga la ley mordaza o deja sin escaño a Alberto Rodríguez vulnerando sus derechos políticos, o proclama los derechos humanos y el respeto al derecho internacional a razón del genocidio en Gaza para seguidamente no apoyar la demanda por crímenes de guerra presentada por Sudáfrica, desoyendo la recomendación de la relatora de la ONU. Denuncia la existencia de lawfare pero deja hacer a la cacería organizada contra la formación morada, promoviendo, así mismo, la aparición de Sumar, otro doble malvado que nace con la función política de no hacer ruido, de no incomodar al estatus quo, para, simultáneamente, no cejar en el objetivo de la destrucción de Podemos.

Los dobles malvados tienen un punto en común, hacer irrelevante a Podemos, el denunciante de las maldades de los dobles malvados, de ahí su empeño. Son conscientes de que la montaña democrática se está moviendo, al menos, un milímetro, y en ese zarandeo pueden verse seria y políticamente muy dañados. Expuestos ya están.


Madrid –

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