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Mónica García y el peligro de pasarse de transversal

Este adelgazamiento de los objetivos de la izquierda, que a veces incluso pareciera estar a la derecha del PSOE, son fruto de una debilidad mayúscula


La ministra de Sanidad, Mónica García, preguntada en la Cadena SER por el periodista Aimar Bretos ha dicho que la sanidad privada no se tiene que preocupar de su gestión, porque ella respeta mucho a la sanidad privada. En el traspaso de carteras de los nuevos ministros, la titular de Vivienda, Isabel García, dijo igualmente que no se preocupen los propietarios que su política irá dirigida a protegerlos. Estos días, que también se debate en la mesa de diálogo social la subida del salario mínimo interprofesional, la ministra de Trabajo ha aceptado una subida tímida del SMI del 4%, casi idéntica a la que propone la patronal, que de facto quiere decir que, restándole el 3,8 que ha subido el IPC, el salario mínimo sólo subirá un 0,2%. 

Frente a esta izquierda que no ha entendido que gobernar es hacer, privilegiar a unos sectores sobre otros, la derecha no se anda con chiquitas y avanza con una agenda económica clara a favor de las clases privilegiadas y en contra de la protección social. Difícilmente se le ganará a una derecha radicalizada con un discurso de la izquierda más preocupado en que no se enfaden sus adversarios que en darle seguridad a los sectores populares. 

Este mal de la transversalidad procede de la creencia que los mejores resultados de la izquierda transformadora en España tuvieron lugar en 2015 porque Podemos jugaba en el centro. Son las tesis equivocadas del errejonismo que ahora tratan de simular en Sumar. Lejos de ser transversal, el primer Podemos era mucho más radical que el de ahora. 

La diferencia es que el sentido común hablaba el idioma de Podemos mientras que hoy en la panadería, en el supermercado o en la farmacia se habla el idioma de la derecha reaccionaria, en parte por el gran peso de un poder mediático que no trabaja para las clases populares ni para la izquierda, a pesar de que el presidente de Atresmedia, José Crehueras, se haga fotos con Yolanda Díaz o presente el libro de Pedro Sánchez y hasta se ría de las gracietas hacia la derecha que vertió el presidente del Gobierno.

Este adelgazamiento de los objetivos de la izquierda, que a veces incluso pareciera estar a la derecha del PSOE, son fruto de una debilidad mayúscula, que no es otra que la gran dependencia del poder mediático y de una anemia ideológica. Para modificar el idioma que habla la gente, lo que se llama sentido común, no sirve un trato amable de Antonio García Ferreras o del telediario de Antena 3, ambos dirigidos por peones de Crehueras, que el único objetivo que tiene es vender libros de su grupo editorial (Planeta) y ganar dinero en publicidad para su grupo mediático (Atresmedia). Por eso por un lado edita La Razón, periódico de ultraderecha, y por otro La Sexta, una televisión de derechas que ve gente de izquierdas que poco a poco van siendo adelgazados ideológicamente hasta terminar reduciendo lo que es ser progresista a colgar una bandera arcoíris que diga ‘love is love’.

Difícilmente la izquierda logrará avanzar si habla el idioma de la derecha. De hecho, quien está defendiendo a Mónica García tras sus declaraciones en la SER son los sectores de la derecha, que entienden que ese marco ideológicamente anémico es un gol en propia puerta de una señora que empezó su carrera política como activista de las Mareas Blancas y ataviada con su bata blanca de médica del Hospital 12 de Octubre de Madrid y ahora le lanza mensajes tranquilizadores a la sanidad privada.

Transversalidad sería que Mónica García fuera capaz de convencer a los usuarios de las clínicas privadas de las bondades de hacerse defensores de la sanidad pública

El peligro de pasarse de transversal es que el PSOE termine pareciendo más progresista que Sumar. Otro peligro, aún más peligroso, es adormecer a los castigados por el sistema económico y mandarles un mensaje de que no hay alternativa, que la única diferencia entre la derecha y la izquierda es que unos ponen plantas y sofás suecos en sus mítines y los otros se siguen apoyando en los atriles.

Transversalidad sería que Mónica García fuera capaz de convencer a los usuarios de las clínicas privadas de las bondades de hacerse defensores de la sanidad pública y no decir en una entrevista que escuchan millones de personas que le tiene mucho respeto a la sanidad privada, cuyo modelo de negocio está intrínsecamente vinculado al desmantelamiento del sistema público. Transversalidad sería que Mónica García lograra que fuera sentido común la necesidad de derogar la ley 15/97 que aprobaron PP y PSOE y que permite que se use el dinero que debería ir a financiar la sanidad pública para engordar los beneficios de las clínicas privadas. 

La transversalidad de una política de izquierdas sería convencer a las clases medias que sus intereses están más cercanos a las clases populares que a las clases privilegiadas. Todo lo demás es una renuncia de principios, dejar tirados a los sectores populares y regalárselos en bandeja a la tiranía reaccionaria que se alimenta de los malestares sin resolver de los de abajo para que no se molesten los dueños de todo.


Madrid –

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