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Discurso de Sergio Massa pasados los comicios — Unión Por La Patria / Twitter

Argentina: entre el futuro y el pasado

El tradicional clivaje “derecha-izquierda” sirve parcialmente para explicar los fenómenos políticos de este país, pero desde 1945 es más importante la antinomia “peronismo-anti peronismo”, que en su versión más actual identifica al peronismo con el “kirchnerismo” y la intención de eliminarlo


Hace treinta años un estratega de campaña de Bill Clinton popularizó la frase “es la economía, estúpido.”  En la Argentina se podría traducir como “es el peronismo, estúpido”.  Aunque la frase no alcanza para explicar el resultado electoral que le permitió al candidato peronista Sergio Massa obtener el 37 por ciento de los votos en la primera vuelta electoral del 22 de octubre, es fundamental para comprender la Argentina.  El tradicional clivaje “derecha-izquierda” sirve parcialmente para explicar los fenómenos políticos de este país, pero desde 1945 es más importante la antinomia “peronismo-antiperonismo”, que en su versión más actual identifica al peronismo con el “kirchnerismo” y la intención de eliminarlo.

El sistema electoral argentino tiene sus particularidades que vale la pena recordar.  En primer lugar se realizan Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, más conocidas como las PASO.  Se realizan el mismo día y todos los partidos deben participar tengan —o no— uno o más contendientes.  Las PASO funcionan como una especie de primera vuelta electoral para ver quién consigue la mayor votación a nivel general que —en principio— le daría una ventaja para la “verdadera” elección que es la primera vuelta.  En las PASO del mes de agosto La Libertad Avanza de Javier Milei obtuvo el 29 por ciento, Juntos por el Cambio liderado por Patricia Bullrich el 28 por ciento, y Sergio Massa del peronismo el 27 por ciento.  El primer lugar de Milei fue una sorpresa y el tercer lugar fue un balde de agua fría para el candidato del oficialismo, actual ministro de economía.

En política cada vez que se habla de “sorpresa” surge la pregunta ¿sorpresa para quién? La población, los medios de comunicación y las dirigencias partidarias suelen hacer lectura del momento previo y posterior a una elección en base a lo que dicen las encuestadoras. Es así que la “sorpresiva” elección de Milei en las PASO, que lo ubicó primero con el 29 por ciento, generó la sensación que podría llegar al 40 por ciento y una diferencia de 10 puntos sobre sus más inmediatos seguidores para ganar en primera vuelta —como lo habilita el sistema electoral argentino— sin necesidad de un ballotage.  El temor a una victoria en primera vuelta de Milei seguramente funcionó como aliciente para que numerosos sectores dentro y fuera del peronismo le dieran el voto a Massa.  El miedo no es zonzo, dice un viejo refrán. El miedo funcionó, y “sorpresivamente” fue Massa el que estuvo a tres puntos de lograr el triunfo en primera vuelta.  Gran parte del discurso de Massa estuvo centrado en el progreso social y los derechos adquiridos, en su gran mayoría obtenidos en gobiernos peronistas, desde los derechos sociales, el voto de las mujeres en 1947 o el matrimonio igualitario en 2010.

La centralidad de Milei radica en que sin experiencia política previa accede al ballotage y ha logrado desplazar a un tercer lugar a una coalición de partidos con historia que ya gobernó y que —hace apenas un año— creía que su victoria estaba asegurada.  No se puede comprender su ascenso sin tomar en cuenta lo que implicó la pandemia. De manera inteligente explotó el deseo de salir del encierro con su grito de guerra “viva la libertad, carajo”.  Aunque la consigna en abstracto es vacía, durante la pandemia apeló al sentimiento generalizado de querer salir del encierro provocado por un gobierno que impuso condiciones extremas de aislamiento ante un fenómeno mundial novedoso e inesperado.  Los grandes medios de comunicación ya tenían en el radar a este economista extravagante y agresivo por sus declaraciones rimbombantes de eliminar el Banco Central, impulsar la dolarización de la economía y denostar lo que denomina “la casta política”.  Su discurso le vino como anillo al dedo a quienes ya hace treinta años demonizan la política y a los políticos, como si la culpa de todos los males radicara en los políticos que “se roban todo”.  También hay que decir que muchos de sus representantes —con sus actos— abonan estas teorías.

Desde su aparición como un payaso mediático en la televisión y las redes sociales los medios masivos lo utilizaron para atacar y debilitar al gobierno del presidente Alberto Fernández, pensando que serviría para un triunfo electoral de Juntos por el Cambio.  Lo que nadie podía prever es que el “payaso mediático” que decía barbaridades lograría construir un movimiento de apoyo por sus declaraciones y actitudes disruptivas que lo catapultarían a disputar la presidencia.  Frente a las debilidades del gobierno de Fernández y los altos índices de inflación, Milei le supo agregar épica y mística para eclipsar a Juntos por el Cambio aunque apele al pasado para intentar vender un futuro radiante.

Más allá de su vaga idea de la dolarización que nunca termina de explicar, Milei propone un retorno a experiencias del pasado, algunas terroríficas. 

Los diferentes componentes de las derechas tradicionales argentinas viven obsesionados con el peronismo y ubican la “decadencia” del país en la gesta del 17 de octubre de 1945 que pidió por la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón y su acceso a la presidencia después de un gran triunfo electoral en 1946. A diferencia de ellas Milei se remonta al advenimiento del Partido Radical en 1916 para hablar del comienzo de la “decadencia” argentina identificándolo como “socialista”, lo que es un absoluto disparate.  Milei habla de una argentina mítica que era potencia en el siglo XIX aunque millones estaban excluidos de la sociedad y las mujeres ni siquiera votaban.  Su obsesión con el socialismo se mezcla con un anti peronismo rabioso, aunque es probable que a una gran parte de su electorado sus elucubraciones sobre la historia le suenen extravagantes o ajenas.  Por otra parte, su intención de eliminar derechos adquiridos, fruto de décadas de progreso social, su reivindicación de la última dictadura militar que secuestró, asesinó y desapareció a miles de personas, y declaraciones disparatadas sobre diversos temas que parecen sacadas del siglo XIX, son una particularidad que ni siquiera tienen sus aliados Donald Trump, Jair Bolsonaro o Vox en el reino de España.  En cierta medida Milei toma lo más reaccionario de cada uno de ellos y lo convierte en algo grotesco e inaceptable para grandes sectores de la sociedad.

Más allá de su vaga idea de la dolarización que nunca termina de explicar, Milei propone un retorno a experiencias del pasado, algunas terroríficas. Massa, en cambio, a pesar de ser el ministro de economía de un gobierno con altísimos índices de inflación, ofrece esperanza, la que suele transmitir el peronismo.  El 19 de noviembre se verá qué prima al momento de votar.


Buenos Aires –

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