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De Bufón a Chamán. Leo Bassi Eterno e Insobornable

Los 70 son los nuevos 50, según el clown más irreverente del mundo. Su nuevo espectáculo se llama ‘70+’ y es una celebración de la vejez, pero de una vejez irredenta y crítica


Último miembro de una saga de artistas que se remonta a mediados del siglo XIX, Leo Bassi empezó su carrera con solo siete años en Australia, después de pasar su primera infancia en Estados Unidos, donde nació. Heredero de una estirpe teatral provocadora, excéntrica, payasa y circense, llegó a ser un experto antipodista (malabarista con los pies) y giró por todo el mundo, hasta que se cansó del circo y exploró su propio lenguaje actuando primero en la calle y luego en platós de televisión y teatros, o en barcos y autobuses. Su comedia transgresora le convierte en un bufón despiadado, azote de bienpensantes, ateo que funda una iglesia, el Patolicismo, que adora un pato de goma por su sencillez, simpatía y ternura, y en cuya sede, el Paticano, en Lavapiés, se ofician misas cada domingo. Una vez le pusieron una bomba en el Teatro Alfil de Madrid y, entre sus muchas acciones, es muy recordada la del Bassibus, un autobús con el que recorría, megáfono en mano, los lugares de la corrupción en Madrid, Valencia o Galicia. El año pasado cumplió 70 años y lo celebró en la sala Mirador, y tan bien le salió la fiesta que ha cuajado un espectáculo sobre cómo ser mayor sin dejar de ser combativo, y viceversa.

Celebrando la vejez activamente y tan subversivo como siempre…

Sí, el año pasado se me ocurrió por mi cumpleaños hacer una celebración, porque cumplía 70, era como una especie de regalo que yo me hacía a mí mismo, y haciéndolo me di cuenta primero que me gustaba hacerlo, y segundo que había mucho material ahí, que iba más allá de una simple celebración de cumpleaños. Así que decidí retomarlo y profundizar un poco en los temas que se tratan, y esta segunda versión es mejor que la primera, porque en la primera había una tarta de cumpleaños y era más una fiesta que yo compartía con el público que un espectáculo. Por eso ahora lo he llamado 70+, porque ya tengo 71. Como me pasa siempre con todos mis espectáculos, a medida que lo voy haciendo lo voy entendiendo mejor y va mejorando, va cambiando, se va centrando más en la esencia del tema.

La posibilidad de mirar atrás te da la oportunidad de hablar de muchas cosas, pero fundamentalmente es una celebración de la vejez.

Sí, y eso es lo que comparte con la primera versión, que es una celebración. Una de las cosas más comunes hoy en día es que la gente esconde su edad, parece que la edad es una enfermedad de la que no se puede hablar, el mundo pertenece a la juventud. Por eso, lo primero que quería era reivindicar con gusto que estoy súper bien, estoy viviendo un momento excelente de mi vida, quizás uno de los mejores de mi vida, absolutamente, y el tema va por ahí, una celebración de esta vejez que yo no me esperaba. No me lo esperaba porque soy de una generación que nacimos en los 50, y yo además nací y crecí en Estados Unidos, con los hippies y todo este mundo. Ahí empezaba la idea de que llegar a viejo era estar acabado, que uno tenía que morir a los 40 o 50 años como mucho, y yo ahora, con más de 70 años, me sorprendo de lo fantástico que es todo esto.

¿Y se puede ser igual de subversivo a los 70?

Yo creo que más, yo soy más subversivo ahora, pensaba que antes lo era, pero era una subversión generacional y hasta cierto punto conformista, el mensaje común de toda la gente a mi alrededor; y ahora yo sigo siendo un provocador pero tengo mis propias razones para serlo. Por lo que yo he vivido, lo que he visto, lo que he conocido, no necesito matrices, soy más libre ahora que antes.

Dices en el texto de presentación de la obra que has pasado de bufón a chamán, ¿cómo es eso?

Esto es una de las grandes cosas que me están pasando, porque llega un momento en el que uno se da cuenta de que las cosas que has aprendido a lo largo de la vida, de pronto tocan con algo más profundo que el racionalismo, tocan los grandes misterios, el universo, todo eso que está ahí fuera y no llegamos a entender, y sí, esa gente que se relacionaba con los grandes misterios de la vida se llamaban chamanes. Toda mi vida he sido escéptico, racionalista, ateo, y lo del misterio y todo eso siempre me ha generado muchas dudas, pero lo cierto es que ahora mismo no tengo problema de admitir que cuando uno llega a cierta edad se reconecta con el universo y con sus misterios, andando más allá de la racionalidad y tocando temas que eran antiguamente considerados asuntos chamánicos.

También desde este lugar de la vejez es desde donde se puede trasladar la sabiduría, pero en la sociedad occidental actual no parece que queramos escuchar mucho la sabiduría de los mayores, ¿no crees? Tú empiezas la función saliendo a escena con un andador, en pijama, como si estuvieras en una especie de residencia geriátrica… y claro, me acuerdo de todo lo que pasó con las personas mayores durante la pandemia y cómo de inhumano fue lo que pasó en Madrid y en otros lugares. ¿No sabemos aprovechar lo que puedan legarnos nuestros mayores y los aparcamos?

Sí, es así, pero hay que matizar esto. Yo pertenezco a una generación en la que nacimos sin teléfonos móviles, con una televisión en blanco y negro y con un solo canal. Y ya esto para mi padre era una revolución, tener una caja con una pantalla en la que se puede ver a alguien hablando. Era impensable imaginar algo como internet, y es cierto, por tanto, que la gente de mi generación se relaciona muy mal con todo esto, no conoce las cosas de la misma forma que la juventud que nace y vive en este sistema tecnológico. Esa juventud tiene que vivir y luchar con una tecnología diferente y los viejos no tenemos, en eso, mucho que enseñarles. Pero por otro lado, por debajo de todo este mundo de las pantallas y las tecnologías, hay otra dimensión que tiene que ver con todo ese misterio de la vida y la muerte del que hablábamos antes, esto va mucho más lejos que las pantallas, y ahí sí que los viejos tienen mucho que aportar, mucho que enseñar a gente que vive realmente en un vacío. Esa es la batalla en la que estoy ahora mismo, por eso sigo haciendo espectáculos, por eso he creado el Paticano, la Iglesia Patólica y todo esto, y no renuncio a dar la batalla en las redes, con la intención de difundir estas ideas. Aunque a primera vista no tengamos nada que enseñarles a los jóvenes, porque nuestro mundo y el suyo están muy lejos, realmente es más importante ahora que nunca que hablemos del vacío que hay detrás de las tecnologías, es solo un medio de comunicación, sí, pero es que a veces es más importante el medio que lo que se comunica y eso te impide ver determinadas cosas.

Llegar a esta edad te pone más en contacto con el misterio de la vida, del universo, pero además, sobre todo en tu caso, que eres hombre de acción, que has trabajado con tu cuerpo, en el circo, en el teatro, en la tele, también te pone frente al deterioro físico. ¿Cómo lo llevas tú esto?

Es cierto, y tengo muchas deficiencias, enfermedades, achaques… sí, pero si pongo entre cero y cien mis incapacidades físicas, yo ahora mismo me siento en el 97, lo que he perdido no va más allá de un tres por ciento, porque sigue estando ahí el placer de vivir. Y el placer de vivir que me ha quitado la falta de movilidad o las diferentes enfermedades es nada, cero. Al contrario, la fuerza moral que me da ahora no tener dudas, tener la satisfacción de haber vivido mi carrera, que me ha gustado hacer de mi vida una aventura, y sigo haciéndolo… esto me ha dado mucha más fuerza.

70+ es un espectáculo más basado en la palabra que en la acción, pero la palabra puede ser tan provocadora como la acción, ¿no?

Sí, pero la palabra no es más que la representación de un concepto, y son los conceptos los que tienen que ser provocadores. Tú puedes utilizar un concepto físicamente, hacer una provocación física a partir de un concepto, o puedes poner ese concepto en palabras y desafiar la lógica o las convenciones con ideas. Yo estoy ahí, no lamento el hecho de que mis espectáculos sean ahora más de palabra que físicos.

Sorprende mucho el episodio que cuentas de cuando eras niño y te llevaron a ver una explosión nuclear en lo que hoy es Las Vegas. Eso ya te da una idea de hasta qué punto EEUU era y es un país capaz de lo mejor y de lo peor.

Estados Unidos es infantil y salvaje, son de una infantilidad absoluta, y estos mismos niños que inventan la bomba atómica y matan a 115.000 personas en Hiroshima, luego van a ver cómo hacen los ensayos nucleares como si fuera un espectáculo, hasta mis padres cayeron en eso, son tan culpables como los demás, con una inocencia total. ¿Qué nos importan a nosotros que somos blancos esos pobres niños japoneses? Porque también estaba esta dimensión racista por debajo, aunque no se dijera. De la misma manera hoy están matando a miles de niños en Gaza con bombas americanas. Hay tres portaviones americanos por esa zona, cada uno con 120 aviones, cazas que pueden bombardear cualquier cosa. ¿Y para qué están ahí? Para tener a Irán y a Egipto controlados y permitir a Israel arrasar Gaza, y lo hacen con total impunidad, ahora mismo Biden está con la celebración de Navidad en Washington, con el pavo, la gente riéndose sin ningún tipo de mala conciencia.

Supongo que a ti que estuviste trabajando en Palestina varios años con los niños, con el proyecto Belén Palestino, te debe doler especialmente lo que está pasando…

Pues fíjate, en mi adolescencia estuve viviendo con una familia judía antisionista, y yo durante unos años, como joven americano, estaba totalmente a favor de Israel, y esta familia me decía que lo que estaban haciendo era horroroso, te hablo de los años 60. Estuve como voluntario durante años allí, haciendo espectáculos para el ejército de Israel, sin ser judío. Llegué a conocer personalmente a Ariel Sharon, que sería luego primer ministro de Israel, he comido con él, fíjate, y evidentemente me he dado cuenta con el tiempo que ya estaba allí el racismo, incluso conmigo que era pro-Israel y me consideraban inferior porque no era judío, y después me di cuenta de que, aunque yo estaba con unos europeos, alrededor todos eran árabes y cristianos palestinos, y de pronto hice un giro de 180 grados, me dije: coño, qué es todo esto. Y después, quizás para compensar esa primera parte de mi vida, he ido a Palestina y he hecho espectáculos para niños, lo tengo muy presente, porque es una intersección de todos los males del mundo: primero un absolutismo religioso totalmente contrario a todas mis tesis ateas, eso de que dios le regala una tierra a Israel, concretamente a ellos, me parece un disparate. Luego el tema racial, porque ellos son blancos y nosotros somos blancos, pero los otros no sé, deben ser marrones los árabes y eso los hace inferiores a ojos de los sionistas. Está esta dimensión racista como contra los negros o los chinos. Todo esto se une ahí, Israel es el retrato de Dorian Gray del capitalismo.

Yo soy más subversivo ahora, pensaba que antes lo era, pero era una subversión generacional y hasta cierto punto conformista, el mensaje común de toda la gente a mi alrededor; y ahora yo sigo siendo un provocador pero tengo mis propias razones para serlo

Para la gente de circo, que es nómada y apátrida por definición, todo esto de los nacionalismos os debe sonar muy raro, que unos se peleen por ser más de un sitio que de otro, ser el más español o el más catalán…

Claro, yo soy internacionalista de nacimiento, mis padres eran de muchos países, mi padre italiano, pero también un poco francés y un poco polaco, mi madre era inglesa pero un poco sudafricana, y todos unidos con el sueño de la libertad y de la risa y del circo como lugar de los ideales de la clase obrera. Podías ser comunista o gente de circo, tanto daba, mis padres tenían muy metidos los ideales del comunismo pero no lo eran de forma militante porque eran gente de circo. Yo ahora mismo vivo en España, tengo un hijo nacido en España, tengo otro hijo nacido en Francia y otra hija nacida en Grecia, somos internacionalistas por naturaleza, hablo muchos idiomas, mal, pero los hablo, puedo hacerme entender en seis o siete idiomas, es muy importante para mí.

Y es una gran enseñanza que nos deja el circo, un arte un poco arrinconado que tanto nos puede enseñar sobre la libertad, sobre la tolerancia…

Y sobre todo los valores de la clase obrera, de los pobres, de enfrentarse al dolor y a la muerte, no tanto por subir al trapecio o por luchar con unos leones, sino porque la gente de baja clase social no tenía miedo, eran más valientes que la aristocracia porque podían hacer todas estas cosas. Los magos, sin ir más lejos, eran muy subversivos, porque ponían en evidencia esas ilusiones que sustentan las religiones. Por ejemplo, un mago llega y te hace aparecer un conejo de un sombrero, y ante eso ¿qué pueden hacer los curas? Era un desafío constante y desde abajo.

¿Con tus hijos continúa esta larga saga de los Bassi o ya están en otras?

Sí y no. Es que ya no hay circo, yo soy un dinosaurio y ya cuando empecé el circo estaba en decadencia, ese circo del que te hablo. Pero esa forma de ver la vida con una visión de clase, popular, obrera, mis hijos sí la tienen, igual el pequeño no tanto todavía, que tiene 11 años, pero el segundo es creador de videojuegos, que también tiene algo de circense, y mi hija ha vivido mucho en la India y está en el yoga, crea cosas alrededor del mundo del yoga. Para mí, la cosa más importante del circo es su dimensión internacionalista, y ellos tres la tienen, y por otro lado, ser libres y valientes en su mundo y conectar a la gente con el lenguaje de hoy. Yo tengo problemas al ver los circos de hoy en el sentido de que no representan lo que yo he vivido. El Cirque du Soleil, por ejemplo, es una empresa que de circo solo tiene el nombre, para mí. No representan a la clase obrera, está espectacularizado, es imposible mantener una generación en algo que ya no existe. Lo importante es mantener los valores esenciales y la nueva generación Bassi lo está haciendo.

En el espectáculo hablas también de los límites del humor, de esto que llaman la cultura de la cancelación, de esta gente que se queja de que se le censura desde un lugar de privilegio, como Pablo Motos.

El humor está muy relacionado con los tabús que hay en una sociedad y los tabús nacen de lo irracional, de las religiones, de las dictaduras. Y cuando Pablo Motos y otros -no solo en España, en Estados Unidos se ve mucho-, se quejan de que en estos tiempos hay que protegerlo todo y no se puede hacer chistes de nada, de enanos, de homosexuales, que esto es limitar la comicidad, lo que creo es que esto no eran chistes sobre homosexuales o enanos, eran chistes contra los tabús, porque de esas cosas no se podía hablar, porque detrás había una represión religiosa o política. Pero si ya no existe la represión, el tabú desaparece. Si los homosexuales o los enanos pueden vivir libre y dignamente sin ser perseguidos o ridiculizados, es mejor así, pero al mismo tiempo, sin estos tabús ya no es tan divertido hablar de los enanos o de los homosexuales, porque ya no arriesgas nada diciéndolo. Lo único que consigues es hacer daño a las personas con chistes insultantes. Y si sigues haciéndolo estás cayendo en una dinámica fascista. No son chistes, son la expresión de un deseo de volver a un mundo represor, reaccionario. Ahora hemos conocido la censura en un pueblo de Toledo de una obra de teatro porque los actores salían en calzoncillos. Los que censuran eso son los que quieren hacer chistes de enanos y homosexuales, son los mismos.

A ti, como bufón, como clown, ¿te molesta que se diga de estos personajes que tenemos ahora en la política reaccionaria y ultraderechista como Milei, como Trump, como Ayuso, que son bufones, que son payasos?

Bueno, nosotros los bufones tenemos la piel muy dura, al contrario, a mí me mola todavía que se le pueda llamar así a Milei o a Ayuso, porque visto que ellos no aprecian mi trabajo, me parece bien que entren conmigo en el gremio. He pasado toda mi vida obstaculizado y trivializado, incluso censurado violentamente del lado de la derecha, pero también he tenido censura, no tan directamente, por cierta intelectualidad de la izquierda, cierta inteligencia burguesa que me considera un vulgar provocador que come mierda y todo eso, olvidando lo que era el circo, como decía antes, ese lugar de baja clase social. No he buscado nunca ser apreciado por los intelectuales, incluso los de izquierdas. Tengo muchos amigos de izquierda que me han entendido y admitido sin ningún problema, pero hay otra izquierda, muy fina, que considera que Leo Bassi no es de los suyos. Y creo que esta izquierda nos está haciendo daño. Si esta extrema derecha está llegando, los Trump, Milei, es porque cierta izquierda ha perdido contacto con la gente, con la masa. No es una generalización, por supuesto, hay gente que nos ha ayudado mucho trabajando por la diversidad sexual por ejemplo, han hecho las cosas muy bien, pero hay otras cosas, también fundamentales, que no las han tocado y han perdido el punto de referencia de la lucha de las clases obreras, y mucha de esta gente ha caído en manos de la extrema derecha. Mi padre y mi abuelo lo tenían muy claro: igual la gente que estaba sentada delante de ellos en el circo fácilmente podían salir y querer a Mussolini, pero sabían que esa no era una solución y trataban de hacerlo entender y la manera de hacerlo era riéndose de los dictadores. Eso les hacía tener un punto de vista más abierto sobre lo que era el fascismo.

Recuerdo aquellos viajes del Bassibus y pienso que ahora tendrías muchos más sitios que antes por donde pasearlo.

Me alegro de que te acuerdes del Bassibus, porque cuando lo hacíamos a mí me escandalizaba un poco que los periodistas no hicieran su trabajo y no enseñaran dónde estaba la corrupción, y en estos viajes podían subir y ver esos lugares directamente, ver la incompetencia de los políticos. Lo organizamos durante varios años sin ninguna subvención, sin ninguna ayuda de nadie, pero me lo dicen a veces y me alegra porque veo que dejó huella.

Desde ese lugar privilegiado que te da la edad, ¿qué les dirías a los jóvenes? ¿Cómo los ves: les falta rabia, les falta rebeldía?

Es complicado, la revolución tecnológica está trayendo cosas importantes, veo tentativas interesantes en Instagram… pero creo que hay que insistirles a los jóvenes sobre sus sueños, que sus sueños más profundos pueden concretizarse, que la idea de que esos sueños de la adolescencia, cuando creces hay que dejarlos atrás y ponerse serios, es una tontería, ponerse serio es la tontería más grande que hay, porque es la antesala de la muerte. Es lo que yo intento compartir en mi espectáculo, que uno a los 71 años puede seguir manifestándose, puede seguir queriendo un mundo mejor, puede encontrar grietas en el sistema e intentar romperlo, y no es una tontería, es una manera de vivir que tiene un efecto muy positivo a nivel psicosomático incluso, te da una fuerza, porque hay maneras de seguir luchando, y si la juventud no lucha entramos en lo que se llama la decadencia. Hubo grandes periodos de decadencia en siglos pasados y las cosas que las generaciones anteriores habían conquistado, desaparecen, el mundo retrocede. Lo que yo intento es inspirar con lo que hago. El Paticano, mi pequeña iglesia, por ejemplo, está lleno, estamos triunfando en las redes también, hemos pasado de 10.000 a 20.000 seguidores en Instagram en seis meses. Antes hacía una sola misa los domingos y ahora hacemos cuatro misas y están llenas, tenemos más gente nosotros en el Paticano que en la catedral de la Almudena, pero literalmente, no a nivel filosófico: si los cuentas, hay más gente en mi Paticano los domingos que en la Almudena.

¿Todos los domingos tienes misas?

Sí, sí, no siempre estoy yo, porque ahora en enero me iré a actuar a Alemania, en Munich, luego voy a Austria, luego a Italia, pero bueno, yo soy el papa y luego están las mamas, que también ofician las misas.

Oye, ahora que has citado Italia, y teniendo tus orígenes allí, ¿cómo ves la situación con la ultraderecha gobernando?

Pues mira, este pasado verano hice Yo, Mussolini, mi obra sobre el Duce, en Italia, en Roma, y un grupo de chicos intentó reventar el espectáculo. A mí lo que me impresiona mucho ahora de Italia es que no hay niños, y si siguen con esos índices de natalidad tan bajos, en 50 o 100 años no va a haber Italia, es impresionante, y los pocos niños que nacen, pues muchos se van, porque los italianos siguen emigrando mucho. A veces voy a Milán y miro a mi alrededor y soy el más joven en la calle, con mis 71 años. Todo esto que está pasando, con el gobierno de Giorgia Meloni y todo eso, es porque son viejos que votan y tienen miedo de la inmigración. Meloni no es Mussolini, es simplemente un partido de jubilados que tienen miedo, y han votado por ella porque es una chica que parece simpática, pero su política es la política de la tercera edad, del miedo en la tercera edad.

Como papa patólico, danos tu bendición, por favor, lo más blasfema que puedas.

Sí, claro: en el nombre del Pato, del Huevo y del Espíritu Ganso.

Amén.


70+ está programada el 27, 29 y 30 de diciembre de 2023 en el Teatro del Barrio

Información sobre próximas fechas aquí

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