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E. Parra. POOL / Europa Press

España, protectorado estadounidense

¿Qué podría hacer España si EEUU decidiese utilizar sus bases en nuestro país para operaciones que fueran en contra de nuestros intereses? ¿Por qué no hay bases alemanas, francesas, italianas o británicas en España? ¿Por qué no hay bases españolas en suelo norteamericano?


«Estimados conciudadanos. Mi obligación como Presidente del Gobierno es decirles la verdad. La política exterior de España es la que diga Estados Unidos. Nuestro ejército participará de las guerras que la potencia norteamericana estime conveniente y siempre bajo sus órdenes. Si Estados Unidos nos indica que tenemos que abandonar el Sáhara Occidental, España responde ‘Señor, sí, Señor’. Si Estados Unidos dice que tenemos que duplicar nuestro gasto armamentístico o dar cobertura a la operación genocida de Israel sobre la Franja de Gaza, España responde ‘¿Cuándo empezamos?’. Como hacer todo esto bajo la bandera de las barras y las estrellas sería demasiado obvio, lo que hacemos es organizar toda esta subordinación bajo el emblema de la rosa de los vientos de la OTAN, que queda bastante más aparente

La aplicación del principio democrático, que exige, entre otras cosas, que los dirigentes proporcionen a la ciudadanía toda la información pertinente sobre los temas más importantes, obligaría a Pedro Sánchez a pronunciar las palabras del párrafo anterior. Sin embargo, habitamos en un sistema político tan alejado del principio democrático que siquiera barajar la posibilidad de que el presidente pudiese un día decir la verdad suena a la más salvaje ciencia ficción.

Pero esa es la realidad y lo sabe todo el mundo: España es un protectorado militar de los Estados Unidos de América. Lo fue cuando Felipe González traicionó su propia palabra y chantajeó a los votantes del PSOE para que votaran afirmativamente en el referéndum de entrada a la OTAN, lo fue de manera obscena y con acento tejano cuando el criminal de guerra José María Aznar nos metió en la guerra de Irak de la mano de Bush, lo siguió siendo durante los mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero —porque nada material se desmontó en aquellos años a pesar de los gestos— y lo ha vuelto a ser, cada vez con más fuerza, durante los sucesivos gobiernos de Pedro Sánchez. No sabemos si son ciertos los rumores que apuntan a que Sánchez querría postularse como Secretario General de la OTAN, si simplemente lo hace para tener una mejor ascendencia en el ámbito de las relaciones internacionales —un ámbito que, evidentemente, le gusta más que la política doméstica— o si forma parte de su estrategia fallida para buscar el centro electoral que le ha llevado a lo largo de estos años a intentar pactar con Ciudadanos, a rechazar el feminismo más combativo, o a mantener en sus puestos a ministros de derechas como Nadia Calviño, Margarita Robles o Fernando Grande-Marlaska. Pero, independientemente de cuáles sean los motivos principales detrás de la deriva, lo que es un hecho es que Sánchez ha apostado firmemente por aumentar de forma escandalosa la subordinación de España a los intereses internacionales de Estados Unidos.

Independientemente de cuáles sean los motivos principales detrás de la deriva, lo que es un hecho es que Sánchez ha apostado firmemente por aumentar de forma escandalosa la subordinación de España a los intereses internacionales de Estados Unidos

No solamente ha llevado a cabo un vergonzoso giro histórico en la posición internacional de nuestro país sobre el Sáhara Occidental, aceptando la soberanía sobre este territorio de la dictadura marroquí y siguiendo la línea definida por Trump. No solamente decidió participar desde el principio —con el apoyo de Sumar, de Izquierda Unida y de los Comunes, aunque con la oposición de Podemos (entonces, todavía en el gobierno)— de la escalada bélica en Europa mediante el envío de armas a Ucrania. No solamente aceptó sin rechistar la exigencia —primero de Donald Trump y ahora de Joe Biden— de aumentar el gasto armamentístico español hasta el 2% del PIB. No solamente mendigó ya desde el año 2021 que España pudiera acoger la cumbre de la OTAN. No solamente ha aceptado a lo largo de todos estos años cada una de las órdenes que nos ha dado el país imperialista norteamericano; además, ha permitido a Estados Unidos aumentar de forma significativa su presencia militar en España.

Recordemos que Estados Unidos cuenta con dos bases militares permanentes en España: la base aérea de Morón de la Frontera, en Sevilla, y la base Naval de Rota en Cádiz. Pero, teniendo en cuenta que la OTAN no es otra cosa que una organización antidemocrática al servicio de los intereses estadounidenses, a esta presencia militar norteamericana explícita, tenemos que sumar también el Cuartel General de Despliegue Rápido de la OTAN en Bétera, Valencia, el Centro de Excelencia contra Artefactos Explosivos Improvisados, situado en Hoyo de Manzanares, Madrid, y el Centro de Operaciones Aéreas en Torrejón de Ardoz. Por si esto fuera poco, la OTAN tiene también permiso para utilizar de forma permanente los puertos de Rota en Cádiz, de Cartagena en Murcia y, según ha anunciado El País en plena Semana Santa, desde hace unos meses también la estación naval de Maó en Menorca; esta última con el objetivo principal de dar apoyo a la operación llamada ‘Sea Guardian’, que sirve para permitir que Israel pueda seguir llevando a cabo tranquilamente su genocidio sobre la población palestina de la Franja de Gaza al combatir a los hutíes de Yemen que están atacando cargueros en el Mar Rojo para presionar a Netanyahu.

Todas estas bases y puertos en territorio español, por cierto, serían obviamente objetivos prioritarios del enemigo en cualquier guerra en la que participe la OTAN. Pero, además, se suscitan algunas preguntas: ¿Qué significa que una potencia extranjera tenga una presencia militar permanente tan significativa en tu propio territorio en términos de soberanía? ¿Qué podría hacer España como potencia militar de rango inferior si Estados Unidos decidiese utilizar sus bases en nuestro país para operaciones que fueran en contra de nuestros intereses (incluso en nuestro propio suelo)? ¿Por qué no hay bases alemanas, francesas, italianas o británicas en suelo español pero sí hay un montón de bases norteamericanas? ¿Por qué no hay bases españolas en suelo norteamericano? Nos guste más o nos guste menos, la respuesta correcta a todas y cada una de estas preguntas es que España funciona en el ámbito internacional y militar como un protectorado de Estados Unidos. Y esto ni siquiera es una posición ideológica. Es un hecho.

Lo que sí es una posición ideológica es el fervor con el que Pedro Sánchez lleva años intensificando esta relación asimétrica de sumisión, el ponerse de perfil al respecto que con tanto estilo ejecutan algunas fuerzas de la nueva «izquierda» sistémica o la voluntad de revertir esta deriva que plantean unos pocos partidos, como por ejemplo Podemos. En las próximas elecciones europeas también habrá que contestar a esta pregunta: ¿menos sumisión a Estados Unidos para poder apostar por la paz o seguir siendo un protectorado y vernos arrastrados a todas las guerras a las órdenes de nuestro amo?


Madrid –

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Editorial

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