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Andalucía no es la puta de España

El modelo de turismo que se ha implantado no se hace, siquiera, sobre la base de apoyar el comercio local o de cercanía o los productos andaluces


El 28 de febrero, para Andalucía, no es una fecha cualquiera. Fue la conclusión de una masiva movilización del pueblo andaluz que reclamaba el reconocimiento como nación histórica. Ejerció su derecho a decidir como ninguna otra nacionalidad del territorio del Estado español. Fue el 4 de diciembre de 1977 cuando millones de andaluces y andaluzas invadieron las calles para dejar claro que se acabó con el ninguneo y el abuso, situando en el centro del debate el lema “Libertad, amnistía y estatuto de autonomía”. Fue una ruptura con las políticas centralistas y la adhesión a otras que permitieran avanzar en desarrollo industrial y bienestar social. EL PSOE antes y ahora el PP bajo un artificial discurso autonomista han dado la espalda a esa justa y legítima aspiración. Así, han desmontado el tejido productivo industrial andaluz, desarrollando políticas centralistas y extractivas de los recursos públicos y económicos andaluces.

La industria de la alimentación, siderometalúrgica, química, cerámica y textil han sido reducidas casi a la nada, deslocalizándolas. El sector agroalimentario está siendo sustituido por una destructiva industria intensiva. La distribución de los productos agrícolas andaluces está en manos de las grandes superficies como Mercadona, Carrefour o Lidl que han reducido a las explotaciones familiares y pymes a la dependencia y al trabajo a perdidas, siendo devastadores los efectos de los tratados de libre comercio en el campo andaluz, a su vez, los precios en destino son abusivos, encareciendo la cesta de la compra a niveles insoportables para la mayoría de personas y familias. Todo ello apoyado por el partido socialista, el partido popular y los patriotas de papel fumé de VOX, estos últimos, además, su única alternativa para superar tan cruenta situación es “españoles, por España”.

Los partidos del estatus quo conscientes de lo que significó el despertar andaluz impusieron una política adormidera, segando cualquier intento de reclamar el lugar que históricamente corresponde a Andalucía. Es lo que interesa a las oligarquías y élites económicas de Madrid, Catalunya y Euskadi, que tienen en Andalucía su patio trasero, su gran casino. El modelo de turismo que se ha implantado no se hace, siquiera, sobre la base de apoyar el comercio local o de cercanía o los productos andaluces, sino que está pensado para favorecer a los grandes operadores internacionales y para la sustitución de la industria en general, sacándola del motor de la economía andaluza. Eso es pan para hoy y miseria para mañana. El paraíso se está secando, como consecuencia del cambio climático, que se ignora a sabiendas de las nefastas consecuencias.

Los datos de 2022 y 2023 son demoledores, mientras los ingresos por “Servicios” se incrementan en un 4,1 %, la cifra de negocios de la industria baja un 16 %. En cuanto al empleo, en el sector Servicios trabaja el 73,5% de los ocupados, mientras que el sector de la Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca representa el 11,9%, la Industria, energía, agua y gestión de residuos el 8,5% y la Construcción el 6,2%.

Andalucía está huérfana de liderazgo andaluz, el ejercido en el pasado y que se hace en el presente no está pensado en clave andaluza, ni para avanzar en desarrollo real y bienestar social, no hay plan, ni nuevo modelo productivo, ni se le espera.

La comparsa del andalucista Antonio Martínez Ares, La Oveja Negra de Cái, ha reflejado el estado de ánimo de buena parte del pueblo andaluz: “a la puerta de un garito, de madrugada, con un wiski a palo seco y un cigarro entre sus dedos, de reojo me miró… si me hubieras conocido en otro tiempo, por el filo de mis muslos todos bebían mi miel… una diosa en su cama yo me convertí, lo de Despeñaperros lo pusieron por mí… fui la más grande desde levante hasta poniente, aún tengo coño pa ser rebelde… ay si mis hijos se despertaran, te aseguro que la tierra iba a temblar, te dejo ahí mis lunares y mis hazañas, y un corazón hecho telarañas, cómo me llamo alma mía… mi nombre es Andalucía, una puta es lo que soy, pa toda España, pa toda España”. Pues, se acabó.


Madrid –

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Editorial

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