Concentración en contra de la amnistía en Ferraz, sede del PSOE — Dani Gago

Cayetanos: los hijos de Aznar, los nietos de Franco

Los cayetanos protestando frente a Ferraz, putoindignados y provistos de banderas borbónicas, son los hijos políticos de Aznar —recordemos, obedecen su consigna, “hacen lo que pueden” y “se mueven”— y son los nietos de Franco


España nunca ha tenido una derecha democrática y estos días lo está demostrando por enésima vez. Las múltiples y bien armadas fuerzas reaccionarias se están empleando a fondo para intentar que descarrile la mayoría democrática no ya por una cuestión puntual acerca de la amnistía a los condenados por el ‘procès’ sino, simplemente, porque sienten ilegítimo no tener el Gobierno a pesar de que son minoría y han perdido las elecciones. Quieren recuperar a toda costa el poder ejecutivo, sin olvidar que el judicial lo mantienen ilegalmente. De esto va la tremenda performance que están montando las noches de frío noviembre en las calles de Ferraz y Marqués de Urquijo, en Madrid. De esto y de hacernos recordar de lo que son capaces a esos “26 millones de hijos de puta” que algunos de sus militares retirados querrían ver fusilados.

“La inhibición no tiene hueco; el que pueda hacer que haga, el que pueda aportar que aporte, el que pueda moverse que se mueva”. Esta fue la consigna que dio el expresidente del Gobierno y exlíder del PP José María Aznar la pasada semana. Sonó a orden de quien ostenta una capacidad casi militar para que sus tropas pasen a la acción de una forma descarada, pero no hablamos sólo de las movilizaciones en la calle, que actúan a modo de infantería: nos referimos también a los movimientos en el ámbito judicial, comunicativo y político, que son los que le dan la consistencia al bloque reaccionario como bloque.

Los cayetanos protestando frente a Ferraz, putoindignados y provistos de banderas borbónicas, son los hijos políticos de Aznar —recordemos, obedecen su consigna, “hacen lo que pueden” y “se mueven”— y son los nietos de Franco.

Hijos de Aznar

Decimos que son los hijos políticos de Aznar porque el dirigente reaccionario abrió la puerta al negacionismo y a la legitimación de la guerra y la dictadura franquista. La derecha volvía a reconocerse como tal en la antidemocracia con el sucesor de Manuel Fraga y, cuando esto ocurre en un sistema parlamentario, su recurso es parapetarse tras la monarquía. Como el 3 de octubre de 2017.

El periodista Enric Juliana definió a Aznar como un músico provisto de tres teclados: el del PP, el de Vox y el de Ciudadanos. Se ha quedado sin el último, pero maneja con maestría los otros dos y sigue siendo capaz de convertir en un subordinado al líder de la extrema derecha, Santiago Abascal, de ningunear a Alberto Núñez Feijóo hasta el vapuleo y de que su viejo gurú, Miguel Ángel Rodríguez, haya conseguido que Isabel Díaz Ayuso haya pasado de parecer un meme a ser un referente político de la derecha.

Aznar, vinculado con antenas de la derecha trumpista estadounidense como Rupert Murdoch, está ejerciendo de conductor del partido monárquico, un frente reaccionario en el que cabe todo el mundo que no soporta que España sea un país de países feminista, social, plural y —aunque no lo cuenten— republicano, y que confunde precisamente a España con Borbonia, su castillo, su cortijo, su sueño húmedo.

Nietos de Franco

Hablamos de los nietos de Franco porque Aznar fue quien precisamente volvió a conectar este hilo reaccionario con su abuelo, el genocida regente.

Podemos establecer un continuo histórico durante los últimos cien años. Precisamente hace poco más de dos meses se cumplía el centenario de la primera dictadura que soportó nuestro país en el siglo XX, la de Miguel Primo de Rivera; a aquella sucedió la de Franco, esta vez mucho más eficaz y duradera, puesto que no se conformó con la persecución de los demócratas y el asesinato selectivo de los sindicalistas, sino que se propuso un plan de exterminio de una parte significativa de la población española. Después de casi 40 años de dictadura, la Transición supuso la constitucionalización del actual sistema parlamentario y ello ha venido de la mano de los reyes Juan Carlos y Felipe, jefes de Estado de una democracia formal e imperfecta pero que incluye importantes derechos conquistados por el pueblo tras mucho sudor y muchas lágrimas. Y como corolario a estos cien años, a finales del siglo XX, llegó el revisionismo histórico de la mano de Aznar para abrir paso al ‘hijo ultra’, Santiago Abascal.

La facción judicial del partido monárquico

La negativa de la derecha a renovar la cúpula de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), manteniendo una mayoría conservadora contraria a la mayoría expresada en las urnas, en contra de lo que exige la Constitución, no puede sino interpretarse como una suerte de ‘golpismo blando’. En estos momentos todavía existe una mayoría ilegal de jueces reaccionarios que utilizan el CGPJ para arremeter contra los resultados electorales.

Hay tres ejemplos que ilustran a la perfección la actuación de esta facción judicial del partido monárquico: en primer lugar, la resolución del propio CGPJ caducado que plantea un intento de control previo de una futura norma sobre la amnistía de la que ni siquiera se conoce el texto. Los jueces no tienen competencias para calificar ninguna norma que sea tramitada en el Congreso por los grupos parlamentarios y esto sólo sería materia del Tribunal Constitucional… pero una vez aprobada dicha norma. Es una aberración que la cúpula de los jueces pretenda interferir en el proceso legislativo.

Segundo ejemplo. La situación se torna berlanguiana con un juzgado de primera instancia de Madrid que admite a trámite una demanda que pretende paralizar una futura norma (sobre la amnistía) que no es ni siquiera aún una proposición de ley. Esta decisión no dejaría de ser un esperpento que pasaría a los anales del disparate judicial, y a la mofa y al escarnio público, si no fuera por la credibilidad que le otorgan los medios de comunicación, ignorantes del funcionamiento más básico de un Estado de derecho: es evidente que un juez de primera instancia tan sólo puede respetar el funcionamiento del poder legislativo, no inmiscuirse en su labor… Ignorantes los medios, ¿a sabiendas?

Y el tercer despropósito viene de la mano del juez estrella García Castellón, afamado por desimputar a María Dolores de Cospedal y a la cúpula del Ibex o por sus viajes a Escocia para perseguir a Pablo Iglesias en vez de investigar el espionaje a este dirigente político. Este magistrado protagoniza un nuevo episodio estelar mediante la calificación como terrorismo de actos de desobediencia civil y, de esta forma, pareciera intentar interferir en la conformación de una mayoría parlamentaria.

Dos estrategias frente a la ofensiva reaccionaria

Hay una estrategia defensiva para frenar al bloque reaccionario, basada en asumir la agenda mediática y sus marcos de conciliación: estos marcos sitúan al PSOE como el elemento central frente a esta ofensiva, reforzando una especie de nuevo bipartidismo de una progresía que no duda en rendirle pleitesía a la Corona, como hizo la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Reyes Maroto, diciendo que la princesa Leonor rompe el techo de cristal para todas las mujeres españolas. Ignorar que la monarquía es el elemento de cohesión del bloque reaccionario no va a hacer que deje de serlo. A esto se une el penoso espectáculo de los antiguos dirigentes del PSOE caoba de los ochenta, alineándose abiertamente con ese bloque.

Los derechos civiles y políticos, los derechos sociales económicos y culturales, la nueva ola de derechos feministas, los derechos de la naturaleza y el derecho a la paz y la amistad entre los pueblos pueden configurar ejes de construcción del horizonte republicano

“A estos fascistas se les para con derechos”, dijo Irene Montero en el Congreso durante la última legislatura. Esta es toda una definición de cómo construir una mayoría social democrática. Frente a la ola reaccionaria de un bloque que representa los intereses de una minoría privilegiada que piensa que el Estado es suyo, toca impulsar el proceso de democratización del Estado, de la economía y de la sociedad mediante el protagonismo popular y el ensanchamiento de derechos.

Los derechos civiles y políticos, los derechos sociales económicos y culturales, la nueva ola de derechos feministas, los derechos de la naturaleza y el derecho a la paz y la amistad entre los pueblos pueden configurar ejes de construcción del horizonte republicano. Una suerte de transformación del bloque democrático en un bloque por la república. La construcción de un nuevo bloque histórico de las clases populares.

No se puede concebir la democratización del Estado sin asumir la tarea de superar la monarquía. El año que viene se cumplirán 10 años de la coronación de Felipe VI, el último rey. Un manifiesto suscrito ya por más de 2.000 personas llama a una marcha republicana el 16 de junio de 2024, quizá un bonito momento para recordar un hecho: que el Rey está en minoría. Después de Felipe VI, habrá república.


Madrid –

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Editorial

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