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Le Monde, 10 de abril de 1999

Las mentiras que se usaron para destruir a Yugoslavia

“Casi todas las guerras de los últimos 50 años fueron resultado de las mentiras de los medios de comunicación”


“La mayor patraña de finales del siglo XX”. Así titularon Pierre Rimbert y Serge Halimi la pieza que publicaron en Le Monde Diplomatique ahora hace 5 años, en abril de 2019, cuando se cumplían 20 años de los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia, en la que analizaban los principales elementos de la propaganda otanista que sirvieron para justificar aquella agresión militar.

En las guerras de Yugoslavia se utilizaron toneladas de propaganda por parte de todos los actores en conflicto; la hubo en los medios serbios, croatas, albaneses, bosnios… pero también en la prensa extranjera, en particular en los medios franceses, británicos, alemanes y estadounidenses. Y esto último es precisamente lo que analizan Rimbert y Halimi: la propaganda mediática en los países que promovieron las operaciones militares de la OTAN en Yugoslavia.

¿Os suena el ‘Plan Potkova’ (el ‘Plan Herradura’, en español)? El ‘plan Potkova’, uno de los principales argumentos que se esgrimieron para emprender aquellos bombardeos y que fue calificado posteriormente por periodistas como “arquetipo de fake news difundidas por los ejércitos occidentales y reproducidas por todos los grandes periódicos europeos”, fue un documento que supuestamente demostraba que los serbios tenían planeado y diseñado un plan de limpieza étnica en Kosovo, mediante una especie de “envolvente”, de asedio sobre el terreno contra los kosovares, que mostraba una forma de herradura —de ahí el nombre—.

Lo difundió el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, de Los Verdes, el 7 de abril de 1999. Dos días después, el 9 de abril de aquel año, otro ministro del gobierno alemán, el de Defensa, Rudolf Scharping (socialdemócrata), añadió detalles macabros: aseguró que “los serbios cometen un genocidio”, “juegan al fútbol con cabezas cortadas, descuartizan cadáveres, arrancan los fetos a las mujeres embarazadas y los asan”. Bebés calcinados… ¿De qué nos suena esto? Berlín pretendía así justificar, de cara asu propia población, la primera guerra llevada a cabo por la Bundeswehr desde 1945.

Ese relato que puso a circular el gobierno alemán fue ampliamente replicado en diversos medios de comunicación de todo el continente. Por ejemplo, los franceses. El 20 de abril, pocos días después de estas declaraciones, el canal de televisión francés TF1 informó de que los serbios habían matado a “entre 100.000 y 500.000 personas”. Y volviendo al ‘plan herradura’, uno de los diarios que más participó en la construcción del casus belli fue Le Monde, el principal diario de Francia, y cuyo entonces director, Pierre Georges, llegó a reconocer abiertamente haber “tomado partido a favor de la intervención [de la OTAN]”.En su portada del 8 de abril de 1999, al día siguiente de que el ministro alemán Joschka Fischer se hiciera un Collin Powell, Le Monde publicó la siguiente “información”, firmada por Daniel Vernet: “El plan llamado ‘Herradura’ planeaba la deportación de kosovares”. Este “plan del Gobierno de Belgrado explica detalladamente la política de limpieza étnica llevada a cabo en Kosovo (…) su nombre en clave es ‘Herradura’, sin duda como símbolo de la acción de atenazar a la población albanesa”. El plan “parece fuera de toda duda”, añadió Le Monde.

Y dos días después, el 10 de abril del 99, Le Monde insiste en portada a toda página: “Cómo Milosevic planeó la limpieza étnica”. “El plan serbio ‘Potkova’ planeó el éxodo forzado de kosovares ya desde octubre de 1998”.

Le Monde llegó incluso a reproducir literalmente palabra por palabra, sin mayores comprobaciones, un argumentario entregado a los medios por el inspector general del Ejército alemán.

Lo cierto, más allá de que Milosevic fue muchas cosas pero no un angelito, es que el supuesto ‘plan herradura’ nunca existió, era falso: tal y como se supo posteriormente y hoy está ampliamente reconocido, fue una creación de los servicios de inteligencia de Bulgaria (un Estado que por entonces hacía méritos para integrarse en la OTAN), que entregaron a los alemanes. Esto lo reconoció la propia ex ministra de Asuntos Exteriores de Bulgaria, Nadezhda Neynsky, muchos años después, en 2011. Dijo que su gobierno había entregado a Alemania “un informe no verificado elaborado por su agencia militar”.

Neynsky lo reconoció en 2011, pero ya en enero del año 2000 —en un número en el que aparecía en portada por cierto un joven Vladimir Putin—, el semanario alemán Der Spiegel había destapado la mentira del `plan herradura’. El 10 de enero, el periodista Erich Follath publicó lo siguiente: “El 5 de abril recibí un documento titulado «Operación Herradura» del Ministro de Asuntos Exteriores Joschka Fischer, de fuentes fiables de inteligencia: las pruebas de la expulsión sistemática del otoño de 1998 finalmente estaban ahí. Pero la fuente del artículo es dudosa. Según supo Spiegel, el plan fue filtrado a los alemanes por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Sofía y proviene de la cocina envenenada del servicio secreto búlgaro: los búlgaros hicieron un esfuerzo especial para estar más cerca de la OTAN y unirse pronto a la organización”.

Lo cierto es que aquel documento fabricado debería haber despertado sospechas desde el principio, porque ‘herradura’ se dice potkovica en serbio, no potkova.

Pero el falso ‘plan herradura’ no fue el único ingrediente que formó parte de “la mayor patraña de finales del siglo XX”.

Hubo otro significante que se puso a circular para justificar aquellos bombardeos de la OTAN: “Auschwitz”. Que en Serbia estaban incinerando miles de cuerpos en hornos crematorios industriales como los que utilizaron los nazis para exterminar a los judíos. El 7 de julio de 1999, el periódico británico The Daily Mirror publicó que un ex minero, Hakif Isufi, había visto decenas de camiones entrar en la mina durante la noche del 4 de junio y descargar bultos pesados. Dijo que no podía distinguir qué eran los bultos. Pero el Mirror afirmó: “Lo que Hakif vio fue uno de los actos más despreciables de la guerra de Milosevic: el vertido masivo de cadáveres ejecutados en un intento desesperado por ocultar las pruebas. Los investigadores de crímenes de guerra temen que hasta 1.000 cuerpos hayan sido incinerados en los hornos estilo Auschwitz de la mina con su extenso laberinto de profundos pozos y túneles”. John Pilger, periodista australiano, fue el primero en proponerse investigar esas afirmaciones, viajó a Trepca, donde estaban esas minas, y el 15 de noviembre publicó sus conclusiones en el New Statesman, en las que ya refutaba la mentira.

Pero fue sobre todo otro periodista, Daniel Pearl, estadounidense, quien acabó de desactivar todo aquel relato. El 31 de diciembre de 1999, Daniel Pearl —y también Robert Block—, tras visitar Trepca, publicaron en la portada del Wall Street Journal: “A pesar de los cuentos, la guerra en Kosovo fue salvaje, pero no genocidio”.

Bajo ese titular, escribieron: “A finales del verano, las historias sobre una instalación de eliminación de cadáveres similar a la nazi estaban tan difundidas que los investigadores enviaron un equipo de tres hombres de la gendarmería francesa a explorar media milla dentro de la mina para buscar cadáveres. No encontraron ninguno. Otro equipo analizó las cenizas del horno. No encontraron dientes ni otros signos de cuerpos quemados. En Kosovo la primavera pasada, las fuerzas yugoslavas hicieron cosas atroces: expulsaron a miles de personas de etnia albanesa, quemaron casas y cometieron ejecuciones sumarias. Bien podría ser suficiente para justificar la campaña de bombardeos de la OTAN y la acusación de crímenes de guerra al Presidente yugoslavo Slobodan Milosevic. Pero otras acusaciones (asesinatos en masa indiscriminados, campos de violación, crematorios, mutilación de los muertos) no han sido confirmadas en los seis meses transcurridos desde que las tropas de la OTAN entraron en Kosovo. Los nacionalistas albaneses, las organizaciones humanitarias, la OTAN y los medios de comunicación se alimentaron mutuamente para dar credibilidad a los rumores de genocidio”, concluía esta pieza del Wall Street Journal.

Y como aquella guerra la emprendieron una serie de gobiernos “de izquierda” (los socialistas de Francia, los socialdemócratas y los verdes de Alemania o los Demócratas de Estados Unidos) y fue apoyada a su vez por gran parte de la derecha europea, digamos que no hubo demasiados alicientes políticos para cuestionar aquellas falsedades oficiales.

Como decía Julian Assange, hoy preso por destapar las mentiras y los crímenes de guerra de los Estados Unidos, “casi todas las guerras de los últimos 50 años fueron resultado de las mentiras de los medios de comunicación”.


Este texto es una adaptación del análisis de Manu Levin en La Base, puedes ver el episodio completo aquí:

Madrid –

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