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Ione Belarra e Irene Montero saludan a la militancia en las puertas del evento de ayer en Madrid — Dani Gago

Podemos en las elecciones europeas

Subsumido Sumar en un conjunto de tesis a caballo entre socioliberales y «verdes» y situándose el PSOE claramente en el ámbito de los primeros, si no hubiera candidatura de Podemos, la ciudadanía no podría votar un proyecto alternativo como el descrito


Ayer por la mañana se confirmaba la noticia: la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, pedía a la que fuera ministra de Igualdad del primer gobierno de coalición, Irene Montero, que aceptase presentarse a las primarias de la formación morada para las elecciones europeas. A los pocos minutos, en un acto con la militancia en Madrid que se desbordó, dejando a alrededor de mil personas fuera, Montero respondía a Belarra que aceptaba la misión porque «en España, como en Europa, si nos conformamos con dejar las cosas como están, las derechas mandarán aunque por ahora no gobiernen».

Aunque intuido en los círculos políticos y periodísticos, el movimiento tiene la capacidad de alterar de forma sustancial el tablero en los próximos meses y debe ser analizado, por tanto, de una forma rigurosa y en profundidad.

En primer lugar, hace falta comprender que se trata de un movimiento que está plenamente motivado por las diferentes corrientes ideológicas y geoestratégicas de fondo que atraviesan el continente europeo y, de hecho, el conjunto del planeta.

El paso adelante de Montero y de Podemos se produce en un contexto global de avance de las nuevas ultraderechas y, por tanto, en una situación de guerra existencial por la conservación de los mínimos parámetros democráticos en los países desarrollados. En este combate, el escenario está definido por la utilización por parte de estas nuevas ultraderechas de una serie de armas especialmente adaptadas al funcionamiento comunicativo y mediático de nuestras modernas mediocracias conectadas a Internet: la mentira, el odio, la creación y mantenimiento de comunidades militantes cerradas gracias a estos dos elementos, y el lawfare como herramienta práctica para aumentar en órdenes de magnitud la potencia destructiva de los ataques reputacionales. Lo que representa Podemos ante esta amenaza es la convicción de que no se puede frenar esta nueva ola reaccionaria mediante planteamientos tibios que eluden la confrontación, la aceptación de una parte de sus postulados en una búsqueda del inexistente centro político, la exhibición de una buena gestión gubernamental desideologizada y de pequeños avances o la concertación táctica con los poderes económicos, judiciales y mediáticos que trabajan de forma directa o indirecta para los reaccionarios, buscando mediante la tregua una disminución en la ferocidad de los ataques. Podemos es, entre otras cosas, una operativa política que parte de la tesis de que todo eso no funciona; de que esa manera de gestionar el avance cultural de la ultraderecha, que asumen tanto la familia política europea socioliberal como la llamada «verde», no hace otra cosa que pavimentar una ancha autopista por la que avanzan los reaccionarios gracias a la potencia de su armamento, pero también a la legitimación parcial de sus ideas por parte de sus supuestos adversarios y al descontento de amplios sectores de las clases populares ante la falta de avances sustanciales en la redistribución de la renta, la riqueza y el poder. En el actual tablero europeo y español, Podemos representa una tradición política que sabe que la única forma de evitar que la Unión Europea acabe en manos de la extrema derecha autoritaria, iliberal y turbocapitalista pasa, primero, por ofrecer a la gente trabajadora avances valientes que mejoren de forma sustancial sus condiciones materiales de vida aunque eso suponga una guerra frontal con los grandes poderes fácticos y, segundo, por estar dispuestos a dar la batalla ideológica sin concesiones contra los reaccionarios.

En particular, y a diferencia de lo que ofrecen socioliberales y verdes, Podemos apuesta claramente por una Unión Europea que abandone su subordinación a Estados Unidos a través de la OTAN y que pueda ejercer así una política internacional autónoma basada en sus propios intereses y principios. Si socioliberales y verdes han decidido abrazar sin matices el furor bélico respecto de la guerra de Ucrania y han sido vanguardia en el envío de armas para aumentar la escalada bélica, Podemos ha apostado desde el principio por las soluciones democráticas y la paz; aunque ello le haya valido el ataque permanente de la práctica totalidad de los medios de comunicación —desde la derecha a la progresía— trufado con ridículas acusaciones de ser «amigos de Putin».

Podemos apuesta claramente por una Unión Europea que abandone su subordinación a Estados Unidos a través de la OTAN y que pueda ejercer así una política internacional autónoma basada en sus propios intereses y principios

Algo similar ha ocurrido en el ámbito del brutal genocidio que está llevando a cabo el Estado de Israel en la Franja de Gaza y también en Cisjordania. Mientras socioliberales y verdes oscilan entre el apoyo absoluto a los crímenes de lesa humanidad que está cometiendo Netanyahu y su ejército —como ocurre en Alemania— y una crítica a la violación del derecho internacional humanitario que se queda en lo verbal y no toma ninguna medida concreta para frenar la masacre —como es el caso del bloque PSOE-Sumar en España—, Podemos es la única fuerza de ámbito estatal que llama «genocidio» al genocidio y que trabaja activamente para intentar que se tomen acciones contundentes contra la cúpula sionista que fuerce un alto el fuego efectivo y permanente y que acabe con los criminales de guerra en prisión.

Por último, y entre otros muchos temas, Podemos representa también una opción política completamente distinta a la de socioliberales y verdes en materia migratoria. Mientras estos últimos se haya plenamente insertos en un consenso europeo, del que también forman parte la derecha tradicional y la nueva extrema derecha, que aboga por un mantenimiento de las claves fundamentales de la Europa fortaleza, negando las causas económicas, medioambientales y bélicas que hacen inevitables los flujos migratorios, convirtiendo la problemática en un asunto de seguridad en las fronteras y aceptando el incumplimiento sistemático de los derechos humanos, Podemos dice claramente que hay que regularizar ya mismo a todos los vecinos y vecinas que viven en España en situación administrativa irregular, que hay que habilitar vías legales y seguras de entrada, que no hay nada por encima del cumplimiento de los derechos humanos y que ningún ser humano es ilegal.

Lo que significará la candidatura encabezada por Irene Montero —si así lo avala la militancia morada— es que todos estos planteamientos estarán presentes en los próximos comicios europeos y lo estarán acompañados de una defensa clara del feminismo más combativo, de una apuesta por la democratización de las estructuras del Estado —también de su jefatura—, la erradicación de la pobreza mediante una redistribución radical de la renta y la riqueza o un ecologismo con componente de clase que se atreva a calificar de inútiles las cumbres de élites como la COP28 y que ponga en el centro el hecho científico de que es el 1% más pudiente de la sociedad quien es responsable de emisiones per capita centenares de veces superiores a las de la clase trabajadora.

Subsumido Sumar en un conjunto de tesis a caballo entre socioliberales y «verdes» y situándose el PSOE claramente en el ámbito de los primeros, si no hubiera candidatura de Podemos, la ciudadanía no podría votar un proyecto alternativo como el descrito. Por eso lo ocurrido ayer en Madrid tiene profundas implicaciones en el tablero político español.

Este paso adelante se produce además en una cita electoral en la cual, al elegirse más de 50 eurodiputados en una circunscripción única de ámbito estatal, no existe un mecanismo de restos D’Hondt en circunscripciones pequeñas que premie las coaliciones o penalice la división. En las europeas, cada voto cuenta y se pueden obtener la misma cantidad de escaños en conjunto si dos o más fuerzas van juntas que si van por separado.

Si su marcha al grupo mixto ha permitido a Podemos recuperar su voz y su capacidad de acción en el parlamento, el movimiento de presentarse a las elecciones europeas con una candidata muy conocida como es Irene Montero le permitirá no solo recuperar un papel como actor político estatal, sino además hacer algo que nunca se ha hecho desde que Yolanda Díaz arrancó su propio proyecto: medir el tamaño de cada una de las ofertas no mediante negociaciones condicionadas mediáticamente en una mesa camilla sino por la vía más legítima de todas; la vía democrática.


Madrid –

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