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Antonio Sanz y Jorge Paradela visitan la sede de la Unidad Aceleradora de Proyectos

Unidad Aceleradora de Proyectos, Junta de Andalucía — Francisco J. Olmo / Europa Press / ContactoPhoto

Andalucía, con mayor razón

Desde Andalucía vemos que es el momento de una izquierda transformadora, no subalterna del PSOE


Es necesario, diría que imprescindible, seguir insistiendo en el punto de romper con el establishment que parió el pacto del 78 que, en el caso que ocupa a estas líneas, quiso imponer un modelo autonómico administrativo, con la excepción de Catalunya, Euskadi y Galiza, a las que se les reconoció identidad histórica por consenso previo, por arriba, cuya consecuencia era que tendrían control directo sobre las materias cedidas por el Estado.

El destino de Andalucía era constituirla como mero ente administrativo. La cuestión es que el estatus quo bipartidista no contaba con la reacción andaluza que, literalmente, rompió el esquema previsto, que explosionó. El artículo 151 de la Constitución española no estaba en la cabeza de los constituyentes, se vieron obligados a introducirlo por la gran movilización popular del 4 de diciembre de 1977. No obstante, se encargaron de poner todos los obstáculos imaginables para mantener a la comunidad andaluza bajo control, aun así, las andaluzas y los andaluces ejercieron su derecho a decidir el 28 de febrero de 1980 y obtuvieron el resultado que ya se conoce.

A partir de ahí el bipartidismo comenzó otra batalla, la desmovilización política, haciendo creer al pueblo andaluz, en general, que ya se había alcanzado la meta y que ahora solo tocaba gestionar sin cuestionar el modelo territorial español, basado en que las élites económicas y empresariales catalanas, vascas y madrileñas son las que reparten la forma y el fondo político y económico de la tarta estatal.

Los partidos del régimen en su paso por los gobiernos andaluces han prestado especial atención para que Andalucía, siendo la única nacionalidad histórica constitucional por la vía de un referéndum no entrara en el citado esquema de reparto. Mientras, el PSOE y el PP no dudan en pactar, eso sí, solo con el PNV y con el mundo convergente ahora llamado JUNTS, para mantenerse en el poder a cambio de transferir competencias o formar gobiernos autonómicos con dichos nacionalistas vascos y catalanes, si así fuera necesario.

La razón, es de calado político y económico y no es otra que, si Andalucía pasa a formar parte del citado pacto de reparto de poder, éste saltaría por los aires, sencillamente porque los andaluces y las andaluzas, a diferencia de los partidos del estatus quo, lo que promoverían sería un pacto federal entre pueblos y no entre élites, poniendo patas arriba el agotado modelo autonómico actual.

Esa operación, lleva otra ínsita. Si Andalucía es relegada a segundona, como ha promovido el bipartidismo de régimen en su alianza con PNV y postconvergentes, queda forzada a un modelo productivo dependiente de grandes empresas con sede social externa y de bajo valor añadido en nuestra tierra,  lo que provoca un tejido empresarial industrial escaso.

Las cosas están cambiando, hay un despertar andaluz. Los últimos datos del Centro de Estudios Andaluces indican con claridad que en materia de auto reconocimiento y de identidad lingüística, cultural y nacional, la conciencia andaluza ha crecido en los últimos años. El 20% de las y los andaluces se sienten más andaluces que españoles, el 60% tan andaluces como españoles. Andalucía está en la mejor posición para liderar la viabilidad plurinacional de Estado Español desde una perspectiva federal, de alianza cooperativa entre pueblos.

Desde Andalucía vemos que es el momento de una izquierda transformadora, no subalterna del PSOE, que se organice federalmente a semejanza del estado plurinacional, y que defienda que Andalucía, con mayor razón, juegue el papel que por justicia le corresponde. Estamos en ese momento.


Madrid –

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