Agricultores y ganaderos de toda España han sacado sus tractores a las carreteras, Salamanca, Castilla y León — Manuel Laya / Europa Press

El sector primario en la encrucijada

«Europa debe ser capaz de producir los alimentos que consume dependiendo de la mínima importación de insumos y hacerlo debe ser una buena forma de ganarse la vida sin depender de las exportaciones para la rentabilidad»


Las protestas campesinas que están sacudiendo Europa proceden del colapso del sistema agroalimentario global basado en las reglas neoliberales del libre comercio. Este editorial de hace unos días1 lo explicaba en profundidad, pero es importante recordarlo para contextualizar la cuestión. Desde la Ronda Uruguay del GATT, que traería como consecuencia también el nacimiento de la OMC, la producción y distribución de alimentos forma parte del comercio mundial con las mismas reglas que cualquier otro producto o servicio, pese a tratarse la alimentación de un derecho humano fundamental.

Los acuerdos de libre comercio han generado un mercado global de alimentos fundamentado en gran cantidad de exportaciones e importaciones no solo de productos de consumo sino de insumos. Por poner un ejemplo, el porcino que se ceba en España para exportar a Asia, dejando graves problemas de contaminación en los acuíferos, se engorda con piensos importados de Sudamérica. Los monocultivos de soja para este fin son uno de los factores que están detrás de la deforestación del Amazonas y los problemas de agua en Uruguay. Este sistema aberrante no es inviable solo a nivel ecológico, debido a la ingente emisión de gases de efecto invernadero por el transporte de mercancías y la sobreexplotación de recursos hídricos que conlleva; también es inviable a nivel económico pues depende de la disponibilidad de energía e hidrocarburos baratos, algo que ni hay ni parece que vaya a haber a corto-medio plazo. Agricultores y ganaderos no quieren pagar los platos rotos por el colapso de un sistema que no han impulsado ellos, sino que se les ha impuesto, pero nos engañamos si obviamos que la solución pasa por un cambio de modelo. Europa debe ser capaz de producir los alimentos que consume dependiendo de la mínima importación de insumos y hacerlo debe ser una buena forma de ganarse la vida sin depender de las exportaciones para la rentabilidad. Es decir, Europa debe apostar por la soberanía alimentaria como cuestión central de sus políticas.

Para ello, lo primero que se debe abordar son medidas para garantizar precios justos a productores y consumidores. Empujados por el alza de precios de la energía y la dinámica inflacionista los costes de producción para ganaderos y agricultores se ha disparado en los últimos años, mientras que los precios en origen que cobran los productores de alimentos están estancados en el mejor de los casos. Esto no ha supuesto que la cesta de la compra se mantenga al margen de dicha inflación, al contrario, los precios de alimentos básicos han aumentado considerablemente debido a la especulación de los intermediarios y las grandes cadenas de distribución. La Ley de Cadena Alimentaria prohíbe expresamente la venta a pérdidas, algo que costó mucho trabajo conseguir que se aprobara en el Congreso, pero la negativa del Ministro Planas de establecer índices oficiales de costes está dejando en papel mojado dicha prohibición. Debemos además ir más allá de evitar la venta a pérdidas: no se trata de no perder dinero produciendo alimentos, se trata de que sea una forma de ganarse la vida con futuro, algo en lo que las personas jóvenes puedan fundamentar su proyecto de vida de forma razonable.

En segundo lugar, es de justicia el establecimiento de cláusulas espejo, es decir, que las exigencias y requisitos que se imponen a los agricultores y ganaderos europeos se apliquen también a los productos importados. Si se prohíbe en Europa el uso de un fitosanitario porque es dañino para el medio ambiente y peligroso para campesinos y consumidores, ¿es acaso menos dañino y peligroso porque se use fuera de nuestras fronteras? ¿Por qué se permite entonces la importación de cultivos donde se ha empleado? Se suele acusar de racistas a los agricultores que hablan de competencia desleal, pero lo cierto es que los racistas son los grandes inversores que trasladan la producción a países del así llamado tercer mundo para abaratar costes aprovechándose de la falta de derechos y regulación en estos países, utilizando esa posición como palanca para negociar a la baja los precios que están dispuestos a pagar a los campesinos europeos. Frente a esta práctica deshonesta, las cláusulas espejo pueden y deben ser una palanca para mejorar las condiciones de producción en el sur global.

La retirada de la ley antipesticidas que anunció Von der Leyen el martes va en dirección contraria, en vez de implementar cláusulas espejo que ayuden a reducir en todo el mundo el uso de pesticidas peligrosos para el medio ambiente, los agricultores y los consumidores se van a eliminar o rebajar las limitaciones en Europa: contaminar más aquí en vez de menos en el resto de sitios. Esto solo beneficia a las multinacionales de agroquímicos y los grandes propietarios de explotaciones orientadas a la exportación, que son los únicos que va a poder asumir el coste creciente de cada vez más insumos para ser competitivos. No parece casual que Bruselas pretenda acallar las protestas de los agricultores con cesiones justo en un tema que no afecta a las políticas neoliberales que engordan los bolsillos de unos pocos.

Haríamos mejor en escuchar lo que los propios productores están proponiendo a través de sus sindicatos. La Coordinación Europea de la Vía Campesina (ECVC), una confederación de sindicatos y organizaciones que representan los y las campesinas de pequeña y mediana escala formada por 31 organizaciones nacionales y regionales de 21 países europeos, plantea “las políticas neoliberales de Europa son la causa principal del descontento de los agricultores que se ha visto a nivel nacional en las últimas semanas” y exige “el fin del acuerdo UE-Mercosur y otros tratados de libre comercio (TLC), y garantizar precios justos para los agricultores”. El pasado 1 de febrero, en su discurso al inicio de la manifestación en Bruselas, el agricultor de Bretaña y miembro del Comité Coordinador de la ECVC Morgan Ody subrayaba “Los Tratados de Libre Comercio han empujado a los agricultores hacia una producción orientada a la exportación, con precios que no cubren los costes de producción y políticas que favorecen a los grandes actores industriales.” El mismo día el miembro de la ejecutiva de COAG Andrés Góngora decía en El Tablero2 “ya llevamos varios días de movilización, exigimos un cambio en las políticas agrarias europeas para que el sector agrario europeo (tanto agricultores como ganaderos) podamos vivir de nuestro trabajo. Que podamos tener una renta mínima y que se acabe la competencia e invasión que hay de productos que proceden de terceros países que no están hechos con nuestra legislación. En definitiva, perseguimos salvaguardar el modelo del agricultor (del pequeño y mediano agricultor), ya que estamos viendo como fondos de inversión, macro explotaciones, llegan a nuestro sector y lo hacen cobijados con esta política agraria errónea que está echando al agricultor de sus explotaciones”.

Estos días estamos viendo como la extrema derecha trata de arrogarse la representatividad de las protestas del campo, pese a que han apoyado tanto en Bruselas como en el parlamento español las políticas neoliberales que nos han traído aquí. Lo cierto es que quienes apoyan sus reivindicaciones en los distintos parlamentos son las organizaciones de izquierda transformadora. No es algo que vayamos a ver en la prensa, claro está, pues los grandes poderes económicos son los primeros interesados en que hablemos de chaimtrails y agenda 2030 en vez de cuestionar el papel de los grandes fondos de inversión.


1 https://diariored.canalred.tv/editorial/los-agricultores-se-estan-manifestando-contra-el-capitalismo/

2 https://diariored.canalred.tv/canal-red/los-agricultores-movilizados-en-la-ue-en-el-tablero/

Madrid –

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