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Carmen Calvo, presidenta del Consejo de Estado

Cézaro De Luca / Europa Press

Carmen Calvo, la mejor soldado de Pedro Sánchez: de líder de la transfobia institucional a presidenta del Consejo de Estado

Su imagen está asociada a la reacción transodiante y a sectores reaccionarios del feminismo que son usados frecuentemente por el PP y Vox como fuente de autoridad 


En 1996, el que fuera presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, nombró a una desconocida profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba como consejera de Cultura. Por entonces, Calvo presumía de independiente y hasta de miembro rebelde de una familia bien de la agroburguesía. La progresía mediática, El País y la Cadena SER, que era entonces lo que había y lo que le servía al PSOE para esculpir sus relatos, decía que Calvo era una mujer moderna, más de izquierdas que el PSOE, un verso suelto y hasta que tenía un punto indómito fruto de su origen social. A la progresía le ha gustado siempre esculpir retratos rompedores en moldes clasicistas.

De su paso por la Junta destacó el impulso del Museo Picasso en Málaga, pinacoteca que inauguró en 2003, y regar con dinero público la película ‘María querida’, sobre la vida de la filósofa malagueña María Zambrano, que dirigió José Luis García Sánchez. Como regalo, el cineasta la dejó aparecer en el largometraje, lo justo para pagar con ego la financiación pública de la cinta.

Unos pocos años antes de que Calvo debutara como actriz y pisara la alfombra roja de algún que otro festival de cine, ya había dejado de ser independiente y se había hecho militante del PSOE. Así, en 2004, tras la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, la política cordobesa dejó la Junta para ser ministra de Cultura hasta el año 2007. Suya es la Ley del Libro que concentra en dos grandes multinacionales (Grupo Planeta y Penguin Random House) el circuito del mercado editorial en España para desgracia de la libertad de pensamiento, de autores, pequeñas librerías y editoriales independientes que llevan años pidiendo una reforma de esta legislación para evitar que encontrar barrios con librerías sea una estampa vintage. 

A pesar de sus coincidencias ideológicas, Carmen Calvo fue la gran adversaria de Rosa Aguilar -exalcaldesa de Córdoba con IU y exconsejera de la Junta y exministra con el PSOE-, con quien tenía una mala relación personal fruto de la competitividad de la política provinciana. Calvo no pudo soportar que una ex de IU fuera puesta como número uno por la provincia cordobesa en las listas del PSOE para el Congreso de los Diputados. Como respuesta, se negó a ir de segundona y se volvió ufana a la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba, sin saber que su verdadero legado político lo iba a construir a partir de 2017, siendo una de los primeros miembros del PSOE andaluz que se inclinó por Pedro Sánchez cuando apostar por Susana Díaz cotizaba al alza en las agrupaciones socialistas al sur de Despeñaperros. 

Con la victoria de Pedro Sánchez y caída en desgracia del susanismo, Carmen Calvo volvió a desplegar el vuelo mientras que Rosa Aguilar, su otrora gran rival, pasaba a mejor vida. Como premio a la lealtad, Pedro Sánchez nombró a Calvo como secretaria de Igualdad del PSOE y un año más tarde, tras la moción de censura a Mariano Rajoy, vicepresidenta primera del Gobierno de España. 

Se marcha al Consejo de Estado situada en las coordenadas ideológicas del autoritarismo y siendo la causante de que el PSOE sea abucheado en las marchas del Orgullo LGTBI y en las manifestaciones del feminismo popular

Pedro Sánchez necesitaba a una soldado que hiciera de poli malo en la disputa directa que existía entonces por la hegemonía de la izquierda entre PSOE y Podemos. Esa es la razón por la que Sánchez nombrara a Calvo como negociadora del PSOE para negociar con los morados el primer gobierno de coalición tras las elecciones de abril de 2019, conversaciones que no se saldaron con éxito porque los socialistas habían decidido repetir elecciones con un relato favorable a sus intereses con el que intentar aminorar la fuerza de los de Pablo Iglesias. 

De Carmen Calvo fue la idea de modificar el título del documento negociador de Podemos para llamar “exigencias de Unidas Podemos” y posteriormente filtrarlo a la Cadena SER, que, por aquellos días de verano, como siempre que el PSOE lo necesita, usó toda su artillería para difundir el relato de los socialistas.  Incluso a costa de la verdad. El problema es que a Carmen Calvo se le olvidó modificar los metadatos del documento que confirmaban que fue modificado en el gabinete de la entonces vicepresidenta primera del Gobierno y soldado más fiel de Pedro Sánchez en su guerra soterrada contra Podemos.

En esas mismas negociaciones, según ha contado Pablo Echenique en su libro ‘Memorias de un piloto de combate’, Carmen Calvo jugó a romper la unidad interna de Podemos al ofrecerle a Echenique ser ministro de Ciencia y ministra de Migraciones a Ione Belarra, aprovechando que uno es científico del CSIC y que la otra procedía del activismo antirracista. Como la operación romper a Podemos por dentro no salió bien, la siguiente estrategia fue impulsar la candidatura de Iñigo Errejón para la repetición electoral de noviembre de 2019 y desactivar la fuerza de los morados. 

Tampoco salió como se esperaba esa operación y Carmen Calvo tuvo que ceder su deseado y peleado Ministerio de Igualdad a Podemos y respondió con un argumentario transfóbico difundido a las agrupaciones del PSOE en oposición a la Ley Trans que sirvió de munición a la ultraderecha y a los sectores reaccionarios del feminismo antitrans que habitaban en el seno del partido. Desde entonces, la imagen de Calvo está asociada a la reacción transodiante y a sectores reaccionarios del feminismo que son usados frecuentemente por el PP y Vox como fuente de autoridad contra la agenda del feminismo popular de una nueva generación de feministas que no quieren solo paridad en los consejos de administración del IBEX-35.

Fruto de la incomodidad que Carmen Calvo le generaba a Pedro Sánchez, fue cesada como vicepresidenta del Gobierno en 2021 y con ello se dio paso al desbloqueo de la Ley Trans que finalmente fue aprobada un año después. Como agradecimiento a la lealtad, Pedro Sánchez vuelve a premiar a Calvo, ahora enviándola de presidenta al Consejo de Estado, a la misma institución donde antes estuvo Amelia Valcárcel, ideóloga del feminismo antitrans del que Carmen Calvo ha sido su principal representante institucional y activista en el seno del PSOE, siempre con la venia del presidente y sus amigos cuarentones y cincuentones a los que les incomoda el feminismo de Irene Montero. 

Otra de las imágenes más icónicas de Carmen Calvo es una conversación en 2016 con Esperanza Aguirre, grabadas sin que ellas se estuviesen dando cuenta por el equipo de ‘Salvados’ que dirigía Jordi Évole, donde la socialista conversaba con la expresidenta madrileña sobre la preocupación que ambas sentían por el auge de Podemos. Ante la preocupación que le expresaba Aguirre, Calvo le respondía: “¿Y dejarlos a su bola? ¿Esperan dejarlos a su bola con cinco millones y pico de votos?”. 

Las biografías nunca son como comienzan, sino como acaban. Aquella consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, progre, moderna e independiente, que era promocionada por la progresía en 1996 como una hija rebelde de las élites franquistas se marcha al Consejo de Estado situada en las coordenadas ideológicas del autoritarismo y siendo la causante de que el PSOE sea abucheado en las marchas del Orgullo LGTBI y en las manifestaciones del feminismo popular. 


Madrid –

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