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El pantano de Sau, en la provincia de Barcelona, se encuentra en su mínimo histórico — Lorena Sopêna / Europa Press 

Ni una gota de responsabilidad

Se hace necesaria una profunda toma de conciencia y un cambio estructural de la gestión del agua, pasando de recurso económico infinito a bien común vital y limitado


En Catalunya llevamos más de cuarenta meses de sequía, llueve poco y lloverá menos aún. Si en el periodo 1950-2014 bajó un 3% la precipitación media, la previsión para el periodo 2031-2050 es que baje más del doble aún, un 6,8%. Ante esta evidencia se hace necesaria una profunda toma de conciencia y un cambio estructural de la gestión del agua, pasando de recurso económico infinito a bien común vital y limitado.

Los gobiernos democráticos deben atender, en primer lugar, al interés común y no gestionar lo que es de todos al servicio de intereses económicos particulares. En Catalunya esto no es así; la escasa y preciada agua se malgasta como si fuese algo inacabable. Mientras los embalses están por debajo del 20% seguimos expandiendo el regadío, con un crecimiento de su superficie en Catalunya del 11% en el periodo 1997-2021, el 70 % del agua en Catalunya va a regadíos, muchos de ellos absolutamente ineficientes y para cultivos dirigidos en su mayoría a la exportación. A esto le podemos unir el uso en la ganadería intensiva, que hace que tengamos más cerdos que personas en Catalunya y que la consecuencia directa sea también que el 37% de las aguas subterráneas y la mitad de los municipios de Catalunya tengan contaminación por nitratos por encima de los niveles aceptables por la Organización Mundial de la Salud. El colofón de todo esto lo pone el sistema turístico masivo, con más de 24 millones de visitantes al año.

Ante esta situación límite, tenemos un gobierno en la Generalitat más preocupado de la calculadora de votos que de la calculadora de litros; con inventos inverosímiles en cada nuevo decreto como el que habilita a los ayuntamientos a declarar de acceso público las piscinas privadas, medida absolutamente irrealizable y que genera un problema en una clara muestra de deslealtad institucional. Los gobiernos están para solucionar problemas no para crear nuevos conflictos. Un gobierno incapaz de resistir la presión de los grupos de interés, con una mirada miope para “salvar la temporada”, con una absoluta visión irresponsable que en lugar de planificar una reconversión de la actividad económica para un futuro de sequía permanente, lo que hace es impulsar proyectos como el Hard Rock que generarán una necesidad de 2.948.729 litros de agua al día.

Parecería que el propio Govern no entiende lo que significa la expresión “estado de emergencia” que él mismo ha decretado y cede a las presiones del capital en la gestión diaria y en la planificación futura. En un país seco como Catalunya, al consumo anual de agua de cada habitante hay que sumarle la carga de 3 turistas por persona, el riego necesario para producir 76 kilos de fruta para la exportación por habitante y el agua consumida para producir 412 kilos de carne de cerdo per cápita. Sólo con una profunda reconversión del modelo económico, el ejercicio de la responsabilidad colectiva y políticas al servicio del bien común podremos afrontar la realidad, empezando por no negarla. La elección está clara, o seguimos apostando por gobiernos que cierran los ojos y entienden el agua como un elemento más de generación de riqueza para unos pocos o nos plantamos ante quienes juegan a seguir tirando el presente y el futuro de todas por el desagüe.


Madrid –

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