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Juanma Moreno Bonilla en un desayuno de Europa Press, Madrid — Carlos Luján / Europa Press

A Moreno Bonilla le contaron el cuento de Robin Hood al revés

Los presupuestos de Moreno Bonilla asumen que no se puede hacer nada para acortar la brecha que nos sigue separando del conjunto de España y que probablemente seguirá creciendo


Desde que llegó al gobierno de la Junta como “perdedor” como diría hoy Feijóo y sólo, gracias a un acuerdo con la ultraderecha y a un gobierno de coalición con Ciudadanos, Moreno Bonilla buscó construirse un perfil atípico entre los gobernantes del PP.

Lo primero que cuidó fue venderse como un Feijóo andaluz. Un perfil institucional con un discurso aparentemente moderado y centrado en la búsqueda de consenso. Misión imposible para el primer presidente de una comunidad autónoma que accedió al gobierno con un acuerdo de investidura firmado con Vox.

Lo segundo fue postularse como un presidente de derechas pero “andalucista”, siguiendo la senda de Feijóo también. Se envolvió en la bandera blanca y verde y profundizó el discurso del agravio que tanto le funcionó a Susana Díaz hasta que gobernó con Ciudadanos y decidió desmantelar la sanidad andaluza y con ello su posibilidad de reelección. Una cierta permeabilidad con el andalucismo cultural y algunas palmaditas en la espalda de una parte del andalucismo histórico le facilitaron el relato, un discurso potenciado, además, por la evidente situación de infrafinanciación estructural de Andalucía.

Lo tercero fue lo más estético y lo más difícil: por un lado prometer un milagro económico en apenas cuatro años y por el otro vender que sus políticas funcionarían mejor, que el laboratorio neoliberal andaluz, copiando las medidas de Ayuso, podía competir con el madrileño.

Hay que reconocer que su relato permeó en los primeros tiempos y se reforzó en su primera legislatura. Entre otras cosas, gracias a la ausencia de oposición y de un PSOE que no salió del shock de no gobernar, y fundamentalmente porque jugó con las mejores cartas, por primera vez en una década, el Gobierno de coalición estatal cumplía con el peso poblacional andaluz e hizo las mayores transferencias de la democracia para Andalucía.

Pero no se nos olvida que nada de esto hubiese sido posible sin las políticas de Susana Díaz que ya habían abierto la puerta a las reducciones de impuestos a los ricos, a las privatizaciones y al desmantelamiento de la sanidad pública, de la mano de Ciudadanos. No olvidamos la desafección política que padecían los andaluces y andaluzas, que supuso la entrada de Vox al Parlamento Andaluz. La experiencia andaluza fue la antesala de la negativa rotunda de Podemos a apoyar un gobierno de Pedro Sánchez con Ciudadanos, si les hubiésemos brindado ese apoyo, hoy Feijóo sería presidente con mayoría absoluta.

Todo esto facilitó su victoria en junio de 2022, después de haber jugado durante dos años con un adelanto electoral que creó desafección e inestabilidad política. Pero este hecho también constituye el fin de un relato perfecto. Y estos presupuestos lo demuestran de forma clara

Es justo también recordar que el control partidista de la televisión pública andaluza, denunciada tantas veces por el Consejo Profesional de la RTVA, y la dependencia de la gran mayoría de los medios andaluces de la publicidad institucional, con la consiguiente restricción del pluralismo político, hizo el resto para blindar el acceso al gobierno andaluz con mayoría absoluta. Todo esto facilitó su victoria en junio de 2022, después de haber jugado durante dos años con un adelanto electoral que creó desafección e inestabilidad política. Pero este hecho también constituye el fin de un relato perfecto. Y estos presupuestos lo demuestran de forma clara.

Empezando por lo último, todo puede haber en Andalucía menos un milagro económico. No solo no se sostiene sino que todo indica que la preocupante brecha que sufrimos las andaluzas, en particular, con el resto del país se está ensanchando y va a más. Nuestra tasa de paro sigue estando siete puntos por encima del conjunto del estado; nuestro PIB per capita se sitúa en un 73% de la media estatal, 27 puntos por debajo del conjunto del país en 2022. Llama la atención que el tan publicitado milagro económico andaluz haya agrandado esta brecha: en 2018 estábamos a 26 puntos de diferencia. Seguimos sufriendo la mayor tasa de pobreza severa y nuestra tasa de exclusión social es diez puntos más alta que la media.

Frente a este escenario, los presupuestos de Moreno Bonilla asumen que no se puede hacer nada para acortar la brecha que nos sigue separando del conjunto de España y que probablemente seguirá creciendo. No sólo no da respuestas a los graves problemas estructurales que padecemos sino que reduce el peso de lo público en la política económica y social. Elimina, de facto, la renta mínima de inserción y no propone nada serio en la promoción del empleo. A Moreno Bonilla se le cae la careta de político moderado.

Si los presupuestos autonómicos son el principal instrumento de gestión de la Junta de Andalucía y responden a su política fiscal y financiera, en los del 2024 Moreno Bonilla cae en la indolencia, limitándose a exigir más recursos del gobierno central, sin los que hoy no podría ni atender lo básico. Bajo su gobierno hemos perdido el 24% de la recaudación de los tributos gestionados por la hacienda andaluza, que hoy representan menos del 6% del total de los ingresos. Lo vimos y lo denunciamos en la pandemia: el PP utiliza las mayores transferencias del gobierno central y de Europa para favorecer los privilegios de los más ricos y aumentar la tajada que se llevan las empresas privadas afines tanto en educación como en sanidad. Una gestión ineficaz, pasiva e indolente, que es todo menos expresión política de una autonomía.

Andalucía después de seis años de gobierno de las derechas es más frágil y menos autónoma. Moreno Bonilla pide dinero, pero no quiere competencias. Menuda autonomía de cartón piedra la suya. Ya está tardando en pedir la transferencia de Cercanías como corresponde a una autonomía de primera como es Andalucía e impulsar un ferrocarril que vertebre territorialmente y dinamice económicamente nuestra tierra.

Llama la atención su actitud ante la renta mínima de inserción, que a pesar de estar contemplada en el Estatuto de Autonomía, la ha suspendido amparándose en un nuevo derecho propuesto por Podemos en el Gobierno estatal: el Ingreso Mínimo Vital, que recordemos es compatible con la RMI, pero solo le interesan los derechos estatales si con ellos se puede ahorrar cumplir con los derechos andaluces. Otros nuevos derechos directamente no los gestiona por incapacidad manifiesta, como el trámite del bono joven del alquiler, somos la comunidad autónoma con más retrasos en esta materia, pese a disponer de los fondos desde el primer día. Pero esto no es nuevo, hay que recordar que ya mostró su incapacidad de gestión con las ayudas que nunca llegaron a los y las autónomas andaluzas en plena pandemia. A veces, el presidente andaluz parece el típico hijo de papá (estado) que no quiere asumir sus competencias pero sí que exige la paga la semanal.

Hace tiempo que la mayoría absoluta se le ha subido a la cabeza. Su moderación, más formal que real, ha dado paso al negacionismo medioambiental. No ha tenido reparo alguno en jugar con luces cortas de electoralismo barato poniendo en peligro una joya natural reconocida en el mundo, como es Doñana. Tengo todavía en la cabeza cuando en plena sequía lo que le preocupó fueron los campos de golf.

Compite con Ayuso, con vistas a la sucesión en la jefatura del PP, en ver quién dice la barbaridad más grande para regocijo de unas bases radicalizadas por la ofensiva reaccionaria que estamos viviendo y un ecosistema mediático entregado al blanqueamiento de la ultraderecha.

Estos presupuestos están repletos de propuestas que son fruto de su visión neoliberal de la economía y de lo poco que le importa el pueblo andaluz y las personas más vulnerables. En su propuesta presupuestaria ha sido capaz de bonificar el impuesto de patrimonio al 100% a solo 17.000 millonarios, al mismo tiempo que introduce una tasa del agua para los 3,5 millones de hogares andaluces.

Es capaz de aumentar las ayudas y conciertos para el sector privado de la sanidad y la educación, al mismo tiempo que reduce las plantillas en la pública. Es capaz de presumir de mil millones de privilegios fiscales para los más ricos al mismo tiempo que reduce casi a cero los recursos para la renta mínima de inserción. Si hicieran un remake de Robin Hood, deberíamos proponer a Moreno Bonilla para el papel del Sheriff de Nottingham.

Moreno Bonilla sin ningún tipo de complejo absorbe completamente el ideario de Vox y lo plasma en estos presupuestos con una reducción alarmante en las partidas de memoria democrática y cooperación internacional, y en protección frente la violencia de género en un momento desolador para nuestra tierra que bate récords en violencia de género, donde el 35,7% del total de asesinatos machistas en nuestro país este año, han ocurrido en Andalucía. Una violencia sobre las mujeres que el gobierno de la Junta ejerce también financiando año tras año con varios millones de euros a colectivos antiabortistas cuya única actividad es acosar a las mujeres que van a interrumpir voluntariamente su embarazo en las puertas de las clínicas.

Hoy, bajo el paraguas de Moreno Bonilla cabe todo, pero principalmente caben las políticas de ultraderecha y sus discursos. Cada vez se siente más poderoso, parece sentir menos pudor y hace discursos en los que parece que su único objetivo, no es la vida y el bienestar de las andaluzas, sino que van dirigidos a postularse como sustituto de un Feijóo en horas bajas. Se constata algo que hemos repetido hasta la saciedad desde Podemos Andalucía: lo más parecido a un gobierno con Vox es un gobierno de mayoría absoluta del PP. En Andalucía, apenas se distinguen las diferencias.

En definitiva, después de dos años de mayoría absoluta y de casi cinco de gobierno, Moreno Bonilla ya no esconde su verdadera cara ni su reivindicación de un proyecto excluyente, clasista, machista y reaccionario para Andalucía. Estamos convencidas, que estos presupuestos, por sus recortes, por sus políticas antisociales, por el despareció a nuestra autonomía, y por su falta de ambición, van a alimentar el rechazo de una parte creciente de la población andaluza que ya no se cree el photocall sonriente y los fuegos artificiales del PP andaluz. La mayoría social ha entendido y por eso está en las calles andaluzas cada semana dese hace meses en contra de su gestión, que al final era cierto que venían a gobernar para una minoría.

Podemos Andalucía no solo se opondrá a estas cuentas en el Parlamento Andaluz, sino también estará al lado de los movimientos sociales, los sindicatos, y las plataformas ciudadanas que están plantándole cara a Moreno Bonilla, indignadas y con toda la razón con unas cuentas que dibujan un futuro que solo van a empeorar las condiciones materiales y el bienestar de un pueblo que ya está suficientemente pisoteado


Madrid –

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