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Isabel Díaz Ayuso, reunida con un grupo de empresarios chilenos, marzo 2024 — Web de la Comunidad de Madrid

El país que elogiaba la ignorancia

Ayuso es tan súper moderna que parece ya casi poscontemporánea. Hace como cosas del futuro. Viaja a países no tan remotos como si navegara en la Enterprise a otra galaxia


El más grande elogio que puede recibir un demócrata es que le voten masivamente sus paisanos. Al fin y al cabo, el voto consiste en confiar tu destino a alguien a quien solo conoces por su palabras, sus ideas y su aparente honestidad. O sea, por la tele. Y, si millones de compadres te han votado porque te intuyen la capacidad de liderarles, el subidón de adrenalina ególatra tiene que ser muy estupefaciente. Un viaje al centro lisérgico de la autoestima.

Tanto es así que, tras el feliz recuento de votos, hasta el más rancio de los envalentonados vencedores lo primero que suele hacer es el ridículo, sea pegando saltitos futboleros o patobailando reguetones horteras en el balcón de la sede del partido, jaleado por una multitud que a sus pies quiere más jolgorio que ideas. Es lo que tiene haber sucumbido a la política/espectáculo. A la trivial-politik.

Muy pocos electos recentales superan la prueba del ridículo balconero en la noche electoral cuando hay victoria. Entre las excepciones, nuestra admirada
Isabel Díaz Ayuso, tan querida en este medio, sin duda la reina Shakira del perreo político español. Nadie sale a los balcones como ella. Baila las victorias con juvenil garbo, sin desentonar, sin impostaciones, sin ridículo. Canta si hay que cantar y mitinea si hay que mitinear. Todo con buen ritmo. Como si pudiera gobernarte después de haberse pasado la madrugada sudando el top en la discoteca. Quizá por eso la disculpamos de que sí haga el ridículo el resto de los días, y la volvemos a votar solo por verla otra noche bailando sandunguera en el
balcón.

Ayuso es demasiado moderna y, en consecuencia, se le da mal el trato con los ancianos, que es un voto que va teniendo perdido. Durante la pandemia, miles
de ellos fallecieron en las residencias solo por contrariarla. Como los niños que se enfurruñan con sus padres, dijeron pues ahora no respiro, según la versión oficial. Pero amainó el covid, la sepulcral protesta de los viejos no prosperó, y el año pasado la votaron 1.700.000 madrileños jóvenes de espíritu con el solo afán de verla bailar de nuevo su victoria en las balconadas de Madrid.

IDA es tan súper moderna que parece ya casi poscontemporánea. Hace como cosas del futuro. Reivindica las cañas en un parlamento. Habla libremente de su sexualidad en las entrevistas, pero al rato denigra la “tiranía feminazi”. Viaja a países no tan remotos como si navegara en la Enterprise a otra galaxia. Le falta ponerle a Miguel Ángel Rodríguez las orejas de Leonard Nimoy.

Estos días la presidenta madrileña estuvo en Chile de viaje diplomático, dicen las víboras que para huir de un novio que le salió regular. Allí consiguió audiencia
con los alienígenas del planeta Pinochet, una treintena de estudiantes de la Universidad Andina. IDA relató en la cuna del saber chileno una de sus primeras experiencias como viajera: “Cuando tenía 22 años, aproximadamente, me fui con una amiga a Ecuador, a la aventura. Cogimos un avión y, al llegar, vi que éramos lo mismo. Llegué y dije: ¡¡¡Pero si hablamos el mismo idioma!!! Acostumbrada a tener Londres a dos horas y hablar inglés; Francia, al ladito, y en francés… Entonces me pareció fascinante cómo no habíamos sabido sacar provecho de algo tan fuerte, con tanto en común».

Estas sabias palabras de Ayuso me rescataron de mi infancia un capítulo de Star Trek en el que el señor Spock, tras aterrizar en un remoto satélite de la galaxia Andrómeda, se asombra de que los cósmicos indígenas hablen su misma lengua.

Quizá la Oficina de Defensa del Español, que creó Ayuso cuando se quedó en paro Toni Cantó, y cerró Ayuso cuando Toni Cantó encontró mejor trabajo, no
era tan mala idea. Quién sabe si en territorios como Argentina, México, Uruguay, Bolivia, Guatemala, Nicaragua y Perú también hablan castellano y español, como los indiecitos ecuatorianos y chilenos.

La imagen de Madrid que está proyectando Ayuso en sus foreign affairs es realmente alentadora. Seremos vistos como la capital que elogiaba la ignorancia. Que la votaba. Que ponía su esperanza y su futuro en ella.

No se puede no querer a esta mujer. Ella es como es
porque así somos.


Madrid –

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