A. Pérez Meca / Europa Press

El malvado Pedro Sánchez manda a Felipe VI a legitimar a Milei

Pedro Sánchez no solo ha enviado a Felipe VI a desprestigiar aun más su imagen ante Milei. En la interna, que se dice ahora, se ha puesto a conversar incluso con Ione Belarra


Que Pedro Sánchez es un “narcisista patológico con rasgos claros de psicópata sin límites éticos” no es algo que yo suscriba todo el tiempo. Son palabras del magistrado José Manuel Ruiz de Lara, cuyos delirios profachitas e imparcialidad judicial conocemos por su admiración pública hacia personajes como Macarena Olona (alias YoSoyEsa). Pero no me digáis que este presidente nuestro, y amado líder, no tiene cosas que hubieran obligado al también jurista Maquiavelo a reescribir El Príncipe.

La última que ha montado Pedro Sánchez es tan de traca que no me queda otra que inclinarme a sus pies y besarle los cordones de los martinelli.

Como todos sabéis, últimamente no anda muy sandunguera ni bailonga la imagen de nuestra monarquía. Hemos pasado del corinnismo al ignaciodelburguismo, lo cual es una degradación tanto estética como folclórica. Y, lo que es casi peor, la Corona ha perdido el favor de su mayor sustento social: el fachivoxerismo pepero.

Felipe VI, que hasta hace nada era el cemento de la unidad nacional y la estabilidad patria, es nombrado ahora en los círculos derechistas Felpudo VI y Cornudo VI, todo por firmar la polícroma investidura de Pedro Sánchez.

Como los del PSOE son republimonarcanos, explosiva mezcla, nuestro amado líder ha diseñado la maniobra perfecta para recuperar el favor fascista de la Corona Española.

—Oiga, majestad: que tiene Su Coronísima que irse a Buenos Aires.

—¿Donde mi papá?

—No, eso es Abu Dabi. Dije Buenos Aires.

-—Ya, eufemismos. Eso es que me mandas también a tomar vientos. Buenos Aires. Si ya lo dice el nombre. España se resquebraja y tú tan guapo y tan tranquilo. Después te extraña que te haga mohínes y ponga pucheritos en tus tomas de posesión. ¿Podré también volver por las regatas?

—Ay, majestad. Asiente un poco sus reales entendederas en el trono y le digo. Es para la investidura de Javier Milei, el nuevo presidente argentino. Yo le he llamado loco, y prefiero no ir.

—¿El argentino del pelo raro? Me encanta ese hombre. El pelo es el espejo del alma: Donald, Jair, Boris… No sé por qué, últimamente, odio profundamente a los calvos. ¿Verdad, Leti?

—Calla, desgraciao. ¿No ves que estoy chateando?

—Perdona, cari.

Si lo pensamos detenidamente, mandar a Felipe VI a sonreír y no poner mohínes a Milei es movimiento ajedrecístico digno del judío hitleriano Bobby Fischer. Ver a Felipe VI junto al fascista argentino que añora las matanzas de Videla, y legalizará la venta de órganos y niños, reconciliará con la Corona, sin duda, a los votantes pepevoxeros, a los rezadores de rosarios revolucionarios, a los carlistas, a los nazis, a los banqueros, y a las ancianas gritonas de pelo azul que se envuelven en flamígeras banderas rojigualdas ante Ferraz, a ver si el PSOE arde en sus infiernos.

Uno no sabe si mandar a Felipe VI a hacerle los randevús a Milei es fría venganza, maniobra diplomática o psicopática gamberrada. Pero, como demócrata, me encanta que Pedro Sánchez haya claveteado el marco de esa fotografía. Solo le ha faltado remitir a Felipe VI hacia la Argentina, en helicóptero, con la momia de Franco colgada de la hélice para que resulte más cinética y hermosa. Y a Santi Abascal cabalgando por los aires el féretro del Caudillo con las decenas de cojones que ha de tener todo buen intelectual español. Y una rojigualda de mil metros ondeando en el Atlántico, que se me olvidaba, Almeida.

El maquiavélico Pedro Sánchez no solo ha enviado a Felipe VI a desprestigiar aun más su imagen ante Milei. En la interna, que se dice ahora, se ha puesto a conversar incluso con Ione Belarra, que es como reservarle vez a la sonrisa de Yolanda Díaz en el dentista de Marathon man.

Al final voy a coincidir en que Pedro Sánchez es un “narcisista patológico con rasgos claros de psicópata sin límites éticos”. Y no os creáis que me disgusta.


Madrid –

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