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Zanem Nety Zaidi / Xinhua News / ContactoPhoto

República Democrática del Congo: el genocidio que no existe en los medios

Cuando lean en la prensa occidental llamar “rebeldes” a grupos armados que desestabilizan países del Sur global, sospechen y tengan claro que cuentan con el apoyo, ya sea por acción o por omisión, de las potencias de Occidente.


Hay poquísimos contenidos en los medios de comunicación, tanto españoles como occidentales en general, sobre lo que sucede en la República Democrática del Congo. Esto es alucinante, porque al tiempo que prácticamente no se habla ni se publica nada sobre la situación en ese país, se afirma que el del Congo es el conflicto más sangriento del mundo desde la segunda guerra mundial (al menos 5 millones de muertos y 7 millones de desplazados internos, 500.000 solo desde octubre de 2023).

¿Cómo puede ser que los medios de comunicación prácticamente no hablen de lo que ellos mismos califican como “el conflicto más sangriento del mundo desde la segunda guerra mundial”?

Se puede pensar en unas cuantas causas de que esto sea así.

  1. El racismo puro y duro. Que las vidas de los negros valen menos, vamos.
  2. Todos los lugares comunes (también vinculados al racismo, en el fondo) que existen sobre países como la República Democrática del Congo (que son pobres, que hay muchos grupos armados, caos, desorden, que viven sumidos en una “violencia endémica” que es “lo típico” allí, como la tortilla de patatas, etcétera).
  3. Y sobre todo: existen intereses en que ese genocidio y esa desestabilización del que es uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales continúe, porque así los que se benefician de toda esa violencia pueden seguir haciéndolo. Y para que las cosas sigan como están, y para que esos intereses en que el genocidio continúe no salgan a la luz, pues es mejor no hablar mucho de ello, ¿no?

El caso es que, como digo, prácticamente no hay información en los medios occidentales sobre los acontecimientos en la RDC (de hecho, preguntaos si habéis escuchado algo sobre esto y cuántas veces en los últimos meses).

Algo hubo el mes pasado cuando los jugadores de la selección de fútbol congoleña hicieron un gesto en un partido, pero poco más. El 8 de febrero, justo antes de disputar la semifinal de la Copa de África contra Costa de Marfil, los jugadores de la selección de fútbol de la RDC hicieron todos un gesto tapándose la boca y apuntándose a la cabeza con los dedos a modo de pistola para denunciar el genocidio en su país. Y medios como 20 minutos, por ejemplo, lo publicaron en la sección de fútbol: “El emotivo gesto de República Democrática del Congo en la Copa África: «Todos ven las masacres, pero guardan silencio»”.

También trascendió la publicación en redes del internacional congoleño y también jugador del Betis Cédric Bakambu: “Todo el mundo ve las masacres en el Este del Congo. Pero todos se callan. Poned la misma energía que ponéis en hablar de la Copa Africana de Naciones para resaltar lo que nos pasa, no hay gestos pequeños”. Pero, como os decía, más allá de informaciones en la sección de fútbol, muy poca atención en nuestra prensa libre sobre la “mayor masacre desde la segunda guerra mundial”.

Y, en las cosas que sí se pueden leer lo que es muy difícil encontrar son las causas profundas de lo que pasa en la República Democrática del Congo, los actores en conflicto, quiénes tienen detrás, por qué intereses… Vamos, que leyendo la prensa occidental se entiende regular lo que pasa en el Congo, por decirlo suavemente.

Lo habitual es hablar del genocidio en el Congo como un conflicto “endémico”, interminable, trágico, como algo que forma parte del paisaje y poco menos que de las costumbres de la gente de allí.

Por ejemplo, titular del New York Times: “La crisis ignorada en el Congo: ‘Vivimos en guerra’”. Claro, nosotros vivimos en casas de ladrillo y ellos viven “en guerra”. Distintas costumbres, ¿no?

Todo marcos mentales que impiden comprender la realidad de las cosas y que ocultan los intereses que hay detrás de estos baños de sangre: el 80% del coltán del mundo está en el Congo, una de las mayores reservas mundiales de cobalto, oro, diamantes, cobre, estaño, caucho. Mucha, mucha, mucha riqueza que es expoliada, no de ahora, sino desde hace varios siglos, por potencias extranjeras, mientras un 73% de la población congoleña es pobre. Primero fue Portugal, después Bélgica, Francia, Estados Unidos… El jardín europeo y occidental, que está regado con la sangre de los pueblos del Sur.

A pesar de lo poco que se habla de esto, creo que más o menos todo el mundo tiene una cierta noción de que la desestabilización y el sufrimiento en países como el Congo no tiene que ver con su pobreza sino su riqueza, con su inmensa riqueza. Pero quiero que veamos en qué términos aparece este punto en concreto en la prensa occidental, con una expresión muy particular que merece que le demos una vuelta. Esa expresión es “la maldición de los recursos naturales”.

BBC sobre la RDC: “El país maldito por su riqueza”.

Los Tiempos sobre Bolivia: “La maldición de los recursos naturales”.

Otra Mirada: “Perú, atrapado por la «maldición» de las materias primas”.

Nueva Sociedad sobre Bolivia: “Las «Arcenomics» no escapan a la «maldición de los recursos naturales»”.

DW sobre Mozambique: “La maldición de los recursos naturales”.

BBC: “El triángulo del litio: 3 obstáculos que enfrentan Argentina, Bolivia y Chile para escapar de la «maldición de los recursos naturales»”.

La Razón: “La «maldición» de los recursos naturales africanos”.

Bloomberg: “Cómo América Latina puede romper con la maldición de los recursos”.

El Economista: “Latinoamérica debe prepararse para enfrentar «maldición» de materias primas”.

Intereconomía, y volvemos al Congo: “La tragedia de la riqueza de los recursos naturales del Congo”.

Así que el saqueo extractivista en el Congo, en Mozambique, en Bolivia o donde haga falta es el resultado de una “maldición”… En todo caso será por la maldición del imperialismo y el colonialismo, no por el hecho per se de vivir en una tierra rica, ¿no?

Nada, nada, el problema es que Dios “maldijo” a todos esos pueblos del sur global dándoles minerales y riqueza (e imagino que a los europeos y a los blancos los bendijo, claro; al final, tantas vueltas para lo mismo de siempre).

“Maldición”: un término que ubica las cosas en el campo de lo irracional, de lo inevitable y de la voluntad de los dioses, de la ley divina. Sobre esta idea habló el otro día Gustavo Petro desde Puerto Resistencia, en Cali, la capital de la Colombia negra: “Nosotros venimos de la resistencia. ¿Aquí no estaban los españoles y vinieron a sojuzgarnos, a poner unos seres humanos a su servicio sin que eso estuviera escrito en ninguna ley humana, natural o divina? ¿En qué ley estaba escrito que aquí tenían que venir a poner unos seres humanos a su servicio?”

Un par de ejemplos de piezas que aúnan los ingredientes mencionados hasta ahora:

Radio Televisión Española: “Crece la tensión en República Democrática del Congo”.

A ver, ¿qué se entiende con este titular sobre lo que pasa en ese país? Nada, porque es no decir nada. “Crece la tensión”, que podría ser cualquier cosa y por cualquier causa. La nada.

Le Monde, principal diario de Francia (la gran metrópolis del colonialismo en África): “República Democrática del Congo: más de 100.000 desplazados en los enfrentamientos”. “¿Genocidio?” “¿Colonialismo?” No: “enfrentamientos”. Si es que se llevan todos fatal…

Sigue Le Monde: “La escalada pone de relieve la profundización de la crisis humanitaria que afecta a la región y exige atención urgente para proteger las vidas de los civiles y abordar las causas subyacentes del conflicto”. Ah, pues esto último suena bien. Y ¿qué dice Le Monde sobre “las causas subyacentes que hay que abordar”? Nada. Cero unidades de causas subyacentes. Será en otra ocasión.

Pie de foto de Le Monde: “Niños congoleños desplazados se encuentran en un nuevo sitio después de huir de sus aldeas tras los enfrentamientos entre los rebeldes del M23 y las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo en Sake, República Democrática del Congo, el 6 de febrero de 2024”. Todo sigue siendo bastante indeterminado, pero ahí ya se menciona quiénes son las fuerzas en conflicto: de un lado, el ejército regular congoleño, es decir, el Estado, y de otro, un grupo llamado M23 al que se califica como “rebeldes”.

Dos veces más en la misma pieza de Le Monde: “Dos días de combates durante los cuales los rebeldes capturaron una ciudad en el este de la República Democrática del Congo vieron a «más de 100.000» personas huir de sus hogares, dijo Naciones Unidas el miércoles 6 de marzo. Los rebeldes del M23 (Movimiento 23 de Marzo) lanzaron el lunes una ofensiva contra varias localidades, ampliando su control hacia el norte en las zonas de Rutshuru y Masis”.

Este punto, cómo se califica al M23 en la prensa occidental, es relevante y es muy clarificador. “Rebeldes”, “milicia”, “grupo armado”, “ejército irregular”, esos son todos los calificativos que he encontrado en la prensa. Pero, ¿hay algo que os llame la atención?, ¿O alguna palabra que echéis en falta? ¿Terroristas, quizá?

En el discurso mediático oficial se adjudica con absoluta ligereza el término terroristas a todo dios: a activistas contra el cambio climático, a quemar una papelera en una protesta, a Puigdemont… Pero qué casualidad que a un grupo armado que siembra el caos en RDC no se les llama “terroristas” sino “rebeldes”, ¿verdad?

Lo digo muy claramente: cuando lean en la prensa occidental llamar “rebeldes” a grupos armados que desestabilizan países del Sur global, sospechen y tengan claro que cuentan con el apoyo, ya sea por acción o por omisión, de las potencias de Occidente.

Es un ejercicio muy fácil, infalible y que ayuda a entender las cosas que suceden: ¿se les llama “terroristas”? Son SUS hijos de puta, los enemigos del jardín. ¿Se les llama “rebeldes”? Entonces son NUESTROS hijos de puta.

Por lo demás, la pieza de Le Monde no menciona a EEUU, ni a Francia, ni a Europa, ni los recursos naturales, ni nada. “República Democrática del Congo: más de 100.000 desplazados en los enfrentamientos”.

A quien sí se menciona en algunas piezas como el villano de lo que sucede en él es a Ruanda, otro país africano, por su apoyo demostrado a los “rebeldes” del M23, algo que ha llevado a Ruanda y a la RDC al borde de la guerra directa. Lo que no se menciona casi nunca es cuáles son las alianzas de Ruanda, y preguntarse por qué es lo que cierra el círculo.

Empecemos por el final: os voy a leer una de las poquísimas informaciones que he encontrado en las que sí se habla de con quiénes se alinea Ruanda en la arena internacional.

RFI: “Los intereses internacionales detrás del conflicto en el este de la RD del Congo”. RFI entrevistó a Tshimpanga Matala, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Lubumbashi. Considera que el M23 es una forma de blanquear la ofensiva ruandesa, disfrazándola de grupo rebelde: “Lo que se llama M23 no son rebeldes congoleños. Son soldados ruandeses establecidos en el este del Congo para proceder al pillaje y al robo de materias primas. Pero han conseguido integrar en su grupo a unos congoleños corruptos para hacer que el movimiento sea considerado como congoleño. Pero no es congoleño, es ruandés”.

Matala defiende la tesis de que detrás hay una lucha encubierta de Ruanda por los recursos minerales de la zona. La ONU ha condenado la última ofensiva del M23, pero desde RDC se entiende que actúan con cierta tolerancia de parte de grandes potencias occidentales.

“Por ello Kinsasa aprobó la llegada de tropas interafricanas, encabezadas por Sudáfrica. Y es que la lucha de intereses ha provocado que el conflicto se internacionalice, tanto dentro como fuera del continente. «El problema ya se está internacionalizando. No es un problema regional, es un problema internacional porque Sudáfrica se ha dado cuenta de que detrás de Ruanda está Occidente. Sudáfrica forma parte de los BRICS, donde están Rusia y China, y quiere hacer un contrapeso. El conflicto se podía haber resuelto condenando a Ruanda pero se está internacionalizando y no sabemos adónde puede llegar»”. Pues así sí que se entiende un poquito mejor, ¿no? Cuando al fin aparecen los elementos clave.

Por último, una pieza de DW que muestra en qué términos aparece el sujeto “potencias occidentales”, cuando sí aparece, en las informaciones sobre el Congo: “La violencia en el este del Congo despierta resentimiento contra Occidente. Los combates en la provincia de Kivu Norte, en el Congo, han desplazado a miles de personas y han provocado nuevas protestas. Muchos congoleños culpan de la violencia a las Naciones Unidas y a las potencias occidentales. Los expertos dicen que esto es engañoso”.

“Se cree ampliamente que Ruanda apoya al M23, aunque el gobierno de Kigali ha negado rotundamente la acusación. ¿A quién culpar? Crece el resentimiento entre la población contra organizaciones internacionales como la misión de la ONU en el Congo, MONUSCO, considerada al menos parcialmente responsable de la situación. Un residente de Sake contó a DW cómo algunas personas atacaron vehículos de tropas internacionales. «Cuando llegaron a la rotonda de Sake, la gente los detuvo, diciendo que estaban del lado de la M23. Comenzaron a tirar piedras a los coches de la MONUSCO». En Kinshasa, la capital del Congo, 2.000 kilómetros al oeste, feroces protestas se han dirigido no sólo a la sede de la MONUSCO, sino también a las embajadas de Francia y Estados Unidos, entre otras”.

Los congoleños saben que sus enemigos son las potencias occidentales, pero por suerte hay unos “expertos” occidentales en Le Monde que están aquí para explicarles que eso es “engañoso”.

Que nada de Francia, ni Estados Unidos, y que por favor no sean tan “resentidos”.

Ah, y cambien sus costumbres “endémicas”, por favor.Unos resentidos, y además sin motivo: ¿qué importancia tiene que las potencias europeas lleven 500 años saqueando el Congo y que cuando se independizaron y eligieron en 1960 a un líder anticolonial, Patrice Lumumba, le dieran un golpe de Estado, lo asesinaran y descuartizaran? Hay que ser menos resentidos, chicos…


Este texto es una adaptación del análisis de Manu Levin en La Base, puedes ver el episodio completo aquí:

Madrid –

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Editorial

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