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Las amenazas de Pablo Motos

Muchos profesionales han contado en redes sus experiencias con los intentos de amedrentamiento y censura que sufrieron de parte de Pablo Motos


El envalentonamiento creciente de los fachas en esta parte del mundo tiene todo que ver, como tratamos de explicar siempre en La Base, con el poder mediático. Los grandes medios de comunicación concentrados y ultra-derechizados no solo han normalizado los discursos machistas, clasistas o racistas; también han normalizado la reacción contra los movimientos antirracistas, feministas o por la diversidad, a los que acusan de cancelarles y censurarles; el mundo al revés. En los últimos días ha sucedido algo en relación a esto en los medios de comunicación en España. Todo empezó la semana pasada a raíz de la entrevista que le hizo Pablo Motos a Alfonso Guerra en Antena 3. El ex dirigente del PSOE y el presentador de El Hormiguero lamentaron en directo que “ya no se pueden hacer chistes de enanos y homosexuales” por culpa de la “censura” y que, según Motos, “los humoristas en sus espectáculos ahora se pasan más tiempo hablando de lo que no pueden decir que de lo que sí”.

O sea: un tipo que presenta un programa de máxima audiencia en el canal de televisión más visto del país y el invitado a ese programa, millonarios ambos, se quejan ante una audiencia de casi tres millones de espectadores (y más de cinco millones en algunos momentos) de que no pueden decir nada porque “les cancelan”. Claro, pobres, están cancelados los tipos con más voz de todo el país, por eso están ahí sentados, claro que sí.

El caso es que, a raíz de ese momento con Alfonso Guerra, a Pablo Motos le ha estallado una especie de ‘Mee Too’ de la censura: muchísimas personas de distintos ámbitos profesionales han salido a denunciar públicamente que recibieron llamadas telefónicas y presiones directas por parte del equipo de Pablo Motos simplemente por hacer un chiste o protagonizar la más mínima crítica en cualquier formato sobre el presentador del Hormiguero. “¿Está el enemigo? Que se ponga” de Gila, pero con mucha menos gracia.

Quien inició toda esta denuncia fue Facu Díaz en su Twitch. Resumen: Pablo Motos, que decía en su programa, repito, que los humoristas que hacen monólogos tienen que preocuparse más por lo que no pueden decir que por lo que sí, ordenaba él mismo a sus subordinados llamar por teléfono a humoristas para amenazarles y presionarles por haberse reído de él en sus monólogos.

El caso es que, tras este video de Facu Díaz, muchos otros profesionales han contado sus experiencias con los intentos de amedrentamiento y censura que sufrieron de parte de Pablo Motos. Facu hablaba de menciones en monólogos, en espectáculos de humor, pero parece que la inquisición del Hormiguero ha perseguido a muchos otros artistas, por ejemplo, a dibujantes. Raúl Salazar, dibujante de El Jueves: “Esto que dice @FacuDiazT lo puedo confirmar. A mí mismo me llamó de buen rollo un lacayo de Pablo Motos por unas viñetas. Y no he sido el único colaborador de El Jueves al que le ha pasado”. “Prueba gráfica” (y añade una captura de un mensaje directo por Twitter de la cuenta oficial del Hormiguero): “Buenas noches, Raúl. Nos podrías facilitar un número de teléfono para llamarte? Gracias”.

Vamos, que si eres dibujante y sacas a Pablo Motos en una viñeta, El Hormiguero te manda una cabeza de caballo ensagrentada… De caballo pura sangre, macho, blanco, heterosexual y español, como Dios manda, eso sí.

Otro humorista de El Jueves, Kike García de la Riva: “Yo no hace falta que explique los problemas que tuvimos con el puto Motos y su programa porque lo explicamos en el “A vivir que son dos días” hace años. Los días posteriores a la sección fue un festival de amenazas bastante disfrutón. “Pablo está muy enfadado. No vais a trabajar en televisión en toda vuestra vida”. Y no hablaré por otros colegas, pero en el Hormiguero actúan como mafiosos con los invitados y había otros programas mucho mejores donde si ibas, te vetaban en El Hormiguero. Así que a lo mejor tú tenías un late night y te costaba encontrar invitados”.

La verdad es que a mí me sigue costando entender por qué a gente con tanto poder y tanta voz pública, que además se pasan la vida criticando a todo el mundo desde su púlpito, después les preocupa tanto lo que diga sobre ellos un tuitero cualquiera o un humorista en un monólogo de bar. Me recuerda un poco, dicho sea de paso, a los periprogres con grandes sueldos y escaño fijo en tertulia de la cloaca que se dedican a hacer bullying a tuiteros anónimos si les critican mínimamente. Puño de hierro y mandíbula de cristal.

Igual tiene algo que ver con esto que decía un tuit que me encontré esta mañana: “El problema fue y sigue siendo la lucha de clases. Los que están arriban dicen y hacen lo que les da la gana. Antes un chic@ de Valencia, Toledo, Ceuta… no podía contestar a esta gente, ahora sí gracias a las redes sociales y eso les jode porque se piensan que son superiores”. Ahí queda la reflexión.

Otro viñetista de El Jueves, Álvaro Terán: “Bueno, bueno, aprovechando la que se ha liado con Pablo Motos, a mí me gustaría hablar de mi experiencia con El Hormiguero. Algunos ya conocéis la historia, pero creo que hoy es buen día para recordarla. Contexto: El Hormiguero cumple 15 años y yo le dedico una página en @eljueves, la página es esta que pongo en dos partes”. (Y publica las viñetas en cuestión). La página fue publicada en el número 2263 de la revista, en octubre 2020. En su día no hubo problema, fue más adelante, cuando El Jueves sube la página íntegra en la web, cuando se ponen en contacto conmigo el director de comunicaciones de El Hormiguero. Me piden el teléfono por Twitter, previo intento de pedírselo a un compi mío de la revista, que tuvo una bronca parecida con ellos (si se quiere dar por aludido que comente si quiere). Ahí es cuando hablo con, el que me gusta llamar, Camorras, la tercera hormiga del programa. Aquí se empieza a hablar, en tono paternalista, de que la página no ha gustado en el programa. Camorras me empieza a hacer un repaso viñeta a viñeta de lo que no les ha parecido correcto. “Es que llamar a Pablo Motos baboso, otra vez, ya cansa», «lo de la cocaína…» y, esto os lo juro, «lo de que Will Smith está encadenado en el sótano del programa…». Él me dijo que, ¿a ver, por qué era un baboso? Yo le puse el ejemplo de la entrevista a Elsa Pataki, a Las chicas del cable o a Lydia Valentín, las que me acordé. Su respuesta fue: «Ah, pero esas son de hace mucho». Se ve que el tiempo todo lo cura, ser un baboso también. Así que le di una reciente, creo que fue de la semana anterior. La de la hija de Santiago Segura y su pregunta sobre si tenía novio y qué actor le gustaba. El le quiso quitar hierro preguntándome si yo nunca le había preguntado eso a una niña. Mi respuesta rotunda fue: no. Reformuló la pregunta y me dijo si a mí no me habían hecho esa pregunta de pequeño. Yo: sí, pero tampoco me gustaba que me la hicieran. Colgamos y yo a día de hoy no entendí la llamada. ¿Una amenaza pasivo agresiva? ¿Un aviso antes de una denuncia? Una bronca paternalista? ¿O querían darme a entender que El Hormiguero estaba vigilando?”. Pues así se las gasta el call center de Pablo Motos.

Y según parece, aparte de todos los que se han atrevido a hacer públicos los métodos censores del Hormiguero, todavía hay muchos más que no han salido. “Contando solo humoristas que conozco personalmente, hasta el momento sé de cinco que recibieron llamaditas de la censura regre de los esbirros del Hormiguero”, tuiteó Mauro Entriaglo. “Y a este sin parar se le unen los mensajes privados que me llegan de colegas a quienes Pablo Matons intentó que echaran de sus curros por hablar o escribir sobre él. Pero, oye, ES QUE YA NO SE PUEDEN HACER CHISTES DE NADA”, tuiteó también Bob Pop, que ha sido una de las figuras más activas en este Mee Too sobre pablo Motos.

Más casos que ya se denunciaron hace tiempo. El músico Rayden en agosto, tras el escándalo de Rubiales: “Recuerdo cuando, por ser crítico con El Hormiguero, los guionistas y su presentador, me llamó una de sus hormigas por teléfono. (Adivinad cuál). Intentaba justificar las actitudes machistas y de abuso de poder del programa alegando que eran errores puntuales, y que, por ejemplo, cuando Sergio Ramos fallaba un penalti no se le echaba toda la gente encima. Terminó su relato avisándome que no me convenía convertirme en el enemigo público número uno del programa”.

Amenazas puras y duras.

Continuaba Rayden: “Yo le comenté que si mi hijo veía fallar un penalti en la tele y lo intentaba en la vida real no ocurría nada, pero que si veía a Pablo Motos utilizando su posición de poder intentando besar a las entrevistadas (con todo el público aplaudiendo), a lo mejor al día siguiente me llamaban del colegio de mi hijo por intentar algo similar. Hace dos días (por desgracia) vivimos una gesta de unas campeonas mundiales y modelos a seguir, referentes para muchísimas mujeres y todas las niñas del país, se empañaba por otro narcisista que puede hacer uso de su poder y estatus para abusar con total impunidad. De aquellos motos estos rubiales. Y así nos crecen los enanos. Y así nos luce el pelo”.

Pablo Motos persiguiendo a quienes le critiquen en Youtube. Nuestro compañero Rubén Hood: “Pablo Motos y su empresa 7 y Acción S. L. me metieron 2 strikes en mi cuenta de YouTube por hacer un vídeo mostrando las diferencias en el cómo el presentador trató a Iglesias y cómo trató a Ayuso. Bochornoso. Casi consiguen cerrarme la cuenta. El de la libertad de expresión”.

Pablo Motos persiguiendo a gente por mencionarle en una charla. Javier Padilla, de Más Madrid: “Pablo Motos habla de libertad de expresión, pero el día después de mencionarle en un discurso sobre masculinidad y desigualdades en salud recibí correo y llamada de su agencia de comunicación. Supongo que él no lo llama censura sino «gestión de riesgo reputacional» o así. En fin”.

Por no hablar de cómo se puso Pablo Motos cuando el Ministerio de Igualdad sacó un spot de campaña que en realidad ni siquiera mencionaba al presentador del Hormiguero, pero él se dio por aludido porque el vídeo le parafraseaba. Diez minutos dedicó en su programa a insultar al ministerio de Igualdad. Lo ha recordado también la ex secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez: “Ahora que hablamos todas de lo de Pablo Motos, recordemos lo de la campaña del #EntoncesQuien del Ministerio de Igualdad. No es que nos llamase alguien, es que se pasó semanas insultándonos con total normalidad. Y no, no costó 1 millón de euros”.

El otro día, en El Tablero de Canal Red, el periodista Álvaro López contó también su experiencia con El Hormiguero, que le llamó para presionarle por mencionar a Pablo Motos en una pieza de un diario local de Granada.

El presentador millonario de uno de los programas de televisión más vistos de España, furioso porque un periodista joven y casi anónimo lo mencione en un la prensa local. Recuerda un poco a la SGAE, que se enteran de que versionaste una canción en un karaoke de pueblo y te llaman para pedirte cuentas. Pablo Motos, el Ramoncín de la tele.


Este texto es una adaptación del análisis de Manu Levin en La Base, puedes ver el episodio completo aquí:

Madrid –

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