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Irene Montero, Ione Belarra y Gabriel Rufián en el Congreso — Eduardo Parra / Europa Press

Todos dentro

El pasado 23J las nuevas extremas derechas no pasaron de milagro, pero se quedaron apenas a las puertas. Si de verdad queremos que la siguiente vez no acaben pasando, más vale que el bloque parlamentario de izquierdas se emplee a fondo ante la tentación permanente del Gobierno de bascular hacia su derecha


Ayer se aprobó por una mayoría absoluta de 178 diputados la toma en consideración —es decir, el inicio del trámite parlamentario— de la Ley de Amnistía. El camino que todavía tiene que recorrer la norma será tortuoso. En primer lugar, el Congreso de los Diputados abrirá el trámite de enmiendas, en el que el PSOE ya ha avisado de que solamente aceptará retoques técnicos. Habrá que ver si todavía queda alguna objeción al contenido por parte de Junts y ERC, pero, teniendo en cuenta que han sido capaces el PSOE y los partidos independentistas de llegar a un acuerdo sobre la mayor, no parece que vaya a haber grandes escollos aquí. Una vez aprobado el dictamen en comisión y el propio texto definitivo de la ley en el pleno del Congreso, llegarán los intentos de filibusterismo del PP en el Senado, aprovechando la mayoría absoluta en la cámara alta que un sistema electoral muy poco proporcional les otorgó allí a pesar de no contar, ni de lejos, con la mayoría absoluta del voto popular. Las maniobras en el Senado servirán para erosionar gravemente el prestigio de una cámara que ya mucha gente piensa que no sirve para nada, pero no podrán paralizar el trámite de la ley; solamente retrasarlo algunas semanas. Cuando el texto abandone el Senado, casi seguro con un veto a la totalidad aprobado allí, será el momento de la votación definitiva de nuevo en el Congreso que levantará el veto con la misma mayoría que vimos ayer. Esto ocurrirá posiblemente en los meses de marzo o abril y, entonces, será el momento de los recursos de inconstitucionalidad; tanto los que presenten los propios partidos políticos como los que pueden activar —y sin duda activarán— la multitud de jueces que tengan que aplicar las consecuencias de la norma. La judicatura española ya demostró con el Sólo Sí es Sí lo que es capaz de hacer cuando una ley no les gusta y a nadie puede caberle ninguna duda de que la ofensiva de los sectores más reaccionarios del poder judicial se volverá a activar con toda su fuerza en cuanto la Ley de Amnistía esté en el BOE.

Quizás tengamos que esperar hasta después del verano de 2024 para que se empiecen a comprobar los primeros efectos materiales de esta histórica norma y las piedras en el camino serán incontables, pero los más importantes efectos políticos que se derivan de ella se empezarán a manifestar mucho antes.

Quizás tengamos que esperar hasta después del verano de 2024 para que se empiecen a comprobar los primeros efectos materiales de esta histórica norma y las piedras en el camino serán incontables, pero los más importantes efectos políticos que se derivan de ella se empezarán a manifestar mucho antes

Quizás el más importante lo expresaba hace aproximadamente un mes el director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana, en una pieza de análisis titulada «Todos dentro». La idea clave de Juliana se resume en las primeras líneas del artículo: «El acuerdo abre la puerta a un escenario político que ha escaseado en la historia contemporánea de España: todos dentro. Todos los partidos, fuerzas y corrientes dentro del juego institucional, sin un pie en la clandestinidad, en la ilegalidad, en el exilio, en el extrañamiento o en el boicot. A partir de hoy todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento español son plenamente operativas para participar en la gobernación del país, mediante coaliciones, pactos, alianzas o acuerdos puntuales.» Está afirmación no es completamente precisa, dado que VOX se mueve en parámetros políticos extramuros del sistema democrático e institucional —es evidente que no puede estar «dentro» un partido que llama a «colgar por los pies» al presidente del Gobierno— y ni siquiera cuando el PP los mete «dentro» de los gobiernos autonómicos cumple la extrema derecha ninguna otra función más allá del combate ideológico. Pero esta imprecisión de Juliana no es relevante porque es precisamente para eso para lo que han activado a VOX: para desplazar progresivamente la ventana de Overton hacia coordenadas cada vez más reaccionarias traccionándola desde «afuera» de los consensos culturales y sistémicos. Por sintetizarlo de una forma práctica, el PSOE todavía puede llegar a acuerdos con el PP, pero el PSOE no puede pactar con VOX. A lo que se refiere en realidad Juliana es a que, en las últimas décadas —especialmente en la última—, una serie de formaciones políticas que hoy son indispensables para la gobernabilidad de la legislatura se situaban «afuera» de esa aceptabilidad política que se define, en última instancia, como la posibilidad de llegar a acuerdos con el PSOE (al fin y al cabo, la columna principal del régimen del 78). La izquierda abertzale estaba vetada debido a su antigua relación con la banda terrorista ETA. Los partidos independentistas catalanes se situaban también «afuera» del mercado de los acuerdos debido a las consecuencias del procés y la brutal reacción represora de los partidos dinásticos españoles y su poder judicial contra sus protagonistas. El así llamado espacio de la «izquierda a la izquierda del PSOE», por su parte, estaba vetado de la participación en el Consejo de Ministros hasta que Podemos consiguió romper la cláusula de exclusión histórica en noviembre de 2019 y tras varias repeticiones electorales. Ese breakthrough político permitió no solamente que ahora sea indiscutible que la versión moderada de ese espacio tenga derecho a participar del Gobierno, sino que también abrió la posibilidad —que se fue consolidando a lo largo de la legislatura pasada y también gracias al esfuerzo de los morados en ese sentido— de que las izquierdas independentistas de Bildu y ERC pudieran pasar del «afuera» a «dentro». La Ley de Amnistía es el paso clave que mete «dentro» también a Junts y es a eso a lo que se refiere Juliana.

Y, efectivamente, con todos —menos VOX— ya «dentro», ahora empiezan los verdaderos movimientos políticos de la nueva legislatura. Si no olvidamos que el PSOE intentó, hasta bien entrado 2021, basar su esquema de gobernabilidad en la derecha de Ciudadanos y si nos fijamos en algunos elementos que ya se empiezan a hacer visibles en las últimas semanas —la ministra de vivienda diciendo que va a proteger a los propietarios, el PNV criticando el impuesto a las energéticas y el PSOE diciendo que a lo mejor hay que quitarlo, los sindicatos afirmando que la vicepresidenta Yolanda Díaz está haciendo una propuesta de subida del SMI en línea con la CEOE, o la ministra de sanidad diciendo que la sanidad privada no tiene nada de lo que preocuparse—, queda clara la estructura principal de la tensión que se va a dibujar a partir de ahora en la política española y que va a trasladarse todas las semanas a las votaciones que van a tener lugar en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo: el gobierno de PSOE y Sumar, bajo la dirección incuestionada de Pedro Sánchez y en total sintonía, va a intentar una y otra vez apoyar su acción política en la derecha sociológica, mediática y también parlamentaria, buscando siempre los acuerdos de manera prioritaria con el bloque de la derecha nacionalista formado por los 13 diputados de Junts (7), PNV (5) y Coalición Canaria (1). Del otro lado, un bloque parlamentario de izquierdas de 19 escaños, formado por ERC (7), Bildu (6), Podemos (5) y BNG (1), deberá traccionar en la dirección opuesta si desea no solamente que haya la más mínima posibilidad de que pueda haber algún avance social en la nueva legislatura, sino también si pretende que la acción institucional pueda constituir un freno efectivo que impida que en España acabe ocurriendo lo que acaba de pasar en Argentina. El pasado 23 de julio las nuevas extremas derechas que amenazan el sistema democrático no pasaron de milagro, pero se quedaron apenas a las puertas. Si de verdad queremos que la siguiente vez no acaben pasando, más vale que el bloque parlamentario de izquierdas se emplee a fondo ante la tentación permanente del Gobierno —ahora como un todo— de bascular hacia su derecha. Es una responsabilidad muy grande y un trabajo muy arduo para tan solo 19 diputados, pero la posición táctica la tienen. Sin sus votos, nada puede ser aprobado, a menos que el PSOE se apoye en el PP.


Madrid –

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Editorial

  • ¿Puede haber un gobierno sin el PNV en Euskadi?

    La receta para conseguirlo ya la conocemos: resistir la violencia política y mediática y obligar al PSOE a aceptar la correlación de fuerzas parlamentaria emanada de las urnas. De momento, solamente los morados lo están diciendo